LA PAZ.- Antes de la promulgación solemne de la nueva Carta Magna, grupos de campesinos aborígenes celebraron un ritual de bendición de la Constitución. Quemaron papas, coca y otros productos de la Pachamama (Madre Tierra) y sacerdotes indígenas ahumaron los textos en ceremonias realizadas en varios sectores de El Alto.
El presidente Evo Morales dijo que este proceso político debe concluir en la reconciliación entre originarios milenarios (indígenas) y los originarios contemporáneos (mestizos nacidos en Bolivia). Según el gobernante, los indígenas resistieron por más de 300 años al colonialismo español y luego por unos 180 gobiernos que marginaron a los pueblos aborígenes del poder.
“Es impresionante lo que hacemos”, aseveró el jefe de Estado, que llegó al poder para aplicar fuertes medidas estatistas, como la nacionalización de los hidrocarburos, y para reivindicar las históricas demandas de los indígenas, que según datos oficiales representan el 47% de unos 10 millones de bolivianos.
Morales reivindicó el socialismo comunitario, un modelo de gobierno asentado en los 36 pueblos aborígenes, con una economía dirigida por el Estado, que también se encargará de la distribución de los recursos financieros a las regiones. A todos estos pueblos, la nueva Constitución les reconoce su territorio, sus idiomas, su propia Justicia (separada de la ordinaria) y la administración de sus recursos naturales, en coordinación con el Estado.
Mientras se celebraba la fiesta popular, grupos opositores de derecha dijeron que se regirán por sus estatutos autonómicos, por fuera de la nueva Carta Magna. La prefecta de Chuquisaca, la quechua Savina Cuéllar, recordó que la nueva Carta no nació de un pacto nacional. (Reuters-Télam)








