Washington.- El presidente Barack Obama declaró ayer que no tiene simpatía por la expresión “guerra al terrorismo”, usada insistentemente por su predecesor, George W. Bush. “Estamos comprometidos en una batalla o en una guerra contra algunas organizaciones terroristas, pero estas no representan a la comunidad árabe, a la comunidad musulmana”, declaró. “Las palabras tienen su peso, y en este caso habrá que conquistar los corazones y las mentes de la gente para contrarrestarlo”, reflexionó.
Un día después de haber sufrido un duro traspié por la renuncia de Tom Daschle, nominado para el Ministerio de Salud, que rechazó la designación tras admitir que era un evasor fiscal, Obama intenta recuperar la iniciativa ante la opinión pública, a la que prometió durante su campaña el gobierno “más ético” en la historia del país.
Suma de fracasos
“Creo que metí la pata y asumo la responsabilidad por ello. Vamos a asegurarnos de que no ocurra de nuevo”, dijo, poco después de que Daschle declinó el ofrecimiento de la cartera y confesó que no pagó impuestos por un monto superior a los U$S 180.000. El Senado debía confirmarlo en el cargo, pero no se atrevió a pasar la prueba. Fue el tercer alto funcionario de la administración Obama que renunció antes de su confirmación. Antes lo hicieron el gobernador de Nuevo México Bill Richardson, que rechazó la cartera de Comercio por estar implicado en “tráfico de influencias”, y Nancy Killefer, la designada supervisora del presupuesto, que admitió que tiene problemas con el fisco. “No podemos decirles a los estadounidenses que tenemos dos varas de medir: una para gente prominente y otra para gente normal”, dijo, pese a que hasta última hora había respaldado “absolutamente” al hombre que debía reformar el sistema sanitario estadounidense. No obstante, Obama insistió en que su equipo “puso el listón muy alto” en materia de estándares éticos.
Por otra parte, el gobernador demócrata de New Hampshire, John Lynch, designó a la republicana Bonnie Newman para ocupar la banca que dejó el senador Judd Gregg, el nuevo secretario de comercio propuesto por Obama. Si el gobernador hubiera preferido a un demócrata, el partido gobernante hubiera llegado a 60 senadores, lo que habría permitido bloquear casi todas las acciones de la oposición. Gregg, que es republicano, había dicho que aceptaría el cargo solamente si su banca era ocupada por uno de su partido, para no ser acusado de traidor. (Télam-DPA)








