La precariedad del alumbrado

El 30 por ciento de los barrios tucumanos está a oscuras.

08 Febrero 2003
Días pasados, publicamos una extensa nota relativa a las deficiencias que aquejan al alumbrado público en Tucumán. Surgen de ella desoladoras conclusiones: el 30 por ciento de los barrios está a oscuras y un 20 por ciento del microcentro aparece aquejado por problemas de iluminación. Se trata de instalaciones en su mayoría precarias, que ante cualquier viento o tormenta más o menos fuerte quedan fuera de servicio.
Obras Públicas de la Municipalidad reconoce que recibe un medio centenar de reclamaciones diarias y que le es difícil satisfacerlas por varias razones. Tienen una sola elevadora para cambiar las lámparas, en lugar de las cuatro que necesitarían para cubrir eficazmente la jurisdicción de San Miguel de Tucumán. Además, los insumos eléctricos han experimentado una fuerte suba y, como si fuera poco, se produce una gran cantidad de robos de lámparas.
La situación puede modificarse en un futuro más o menos cercano en las zonas noroeste y sureste de la ciudad, donde las empresas adjudicatarias de la licitación están colocando nuevos postes y artefactos lumínicos modernos. Pero no ocurre lo mismo en las áreas suroeste y noreste. Allí, las licitaciones respectivas se declararon desiertas, por lo que deberán manejarse con la vieja red por un largo tiempo más.
Con frecuencia, las cartas de lectores o nuestras secciones destinadas a reflejar reclamos del vecindario consignan casos de interrupciones del alumbrado público prolongadas a lo largo de meses. Para no hablar de un populoso barrio, como es el Modelo, donde -según lo detallaba nuestra nota- las calles sumidas en la oscuridad son tantas que todos los habitantes del sector viven en estado de zozobra.
Sería redundante ponderar los muy graves perjuicios que la falta de luz en los lugares públicos genera para la población. El principal es el de la inseguridad, ya que, como todo el mundo lo sabe, la tiniebla es el mejor aliado de esa delincuencia que en la actualidad constituye uno de de los más graves problemas de la provincia.
Por otro lado, debe recordarse que la Municipalidad tiene la obligación de asegurar el alumbrado público. Se trata de un servicio elemental, para costear el cual el vecindario paga una tasa específica. No se puede admitir, entonces, que tal prestación sea solamente teórica en una gran cantidad de casos, en lugar de constituir algo de funcionamiento permanente y cuyas fallas tengan rápida solución.
Se trata, entonces, de otro de los muchos deberes que el organismo municipal deja de llenar, o llena con una intermitencia que no es posible admitir en una ciudad tan populosa como lo es San Miguel de Tucumán. A esta altura de nuestra evolución, no es posible que existan tan elevados porcentajes de falta de alumbrado público en nuestra urbe. Es una situación que conspira francamente contra su progreso y que, como decimos, compromete gravemente la seguridad.
Como lo hemos dicho otras veces, no puede esgrimirse el argumento de la escasez de fondos cuando se trata de atender cuestiones elementales, como lo es la que nos ocupa. Tiene obligación la Municipalidad de buscar los recursos para que nuestra capital tenga un aceptable nivel de iluminación, y le corresponde desarrollar, en esa dirección, todas las gestiones que sean necesarias. Por cierto que uno de los pasos inmediatos sería tomar medidas para que se convoque a nuevas licitaciones, destinadas a la renovación de la luz pública en las zonas suroeste y noreste: ese servicio no puede quedar relegado para una fecha incierta.

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