07 Febrero 2003 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Mientras que desde el Gobierno se insiste en las bondades del modelo implementado a partir de 2002, los indicadores económicos revelan que la megadevaluación postergó y sepultó los últimos vestigios de recuperación de gran parte de la sociedad.
Aun cuando se insistía en que la mejora del tipo de cambio traería aparejada una suba de las exportaciones en el país, el comercio exterior argentino muestra una contracción sin precedentes; ya no sólo por la caída en las importaciones, sino también por la baja en las ventas externas.
El endeble acuerdo con el FMI no logró despertar expectativas favorables entre los agentes económicos. Además, se aguarda un aumento de la presión fiscal, que alejará toda posibilidad de volver a contar con importantes flujos de capital y de inversión.
Faltan capitales
Sin inversiones, las posibilidades de reactivación son nulas. Es más, la fuerte caída de las inversiones está generando un serio deterioro en la estructura de capital de muchas empresas. Eso redunda en una marcada caída en la prestación de los bienes y servicios que venden, en especial, en las compañías prestadoras de servicios esenciales.
Durante la década del 90, el importante crecimiento de los niveles de inversión permitió al país ingresar en un importante ciclo de aumento de la productividad general de la economía. Pero con la recesión desde mediados de 1998, lo que se observa es un elevado aumento en la capacidad ociosa de muchos sectores productivos a la par de un notable deterioro tecnológico. El capital instalado durante los 90, no sólo no sirve para la coyuntura -porque la demanda deprimida no lo requiere-, sino que tampoco sirve para el futuro, puesto que de arrancar la economía, esa tecnología instalada resultará vieja.Dicho en términos más llanos, la Argentina se está "comiendo el capital" y no tiene idea de cómo lo va a recuperar. De allí, la urgencia para retomar el orden administrativo y financiero del Estado. Sin embargo, la administración regente no parece caminar en la dirección correcta.
Metas increíbles
El reciente acuerdo con el FMI contiene metas fiscales que son de difícil concreción, aun con todas las ventajas otorgadas por Washington. Esto plantea algunos interrogantes: ¿cómo se va a cumplir el superávit primario del trimestre de $ 1.500 millones? En el primer mes, con fuerte estacionalidad, y merced a una recaudación tributaria espectacular, apenas se logró alcanzar esa meta. El Gobierno incorporará las utilidades del Banco Central para lograr el objetivo, pero dejará a la autoridad monetaria con un importante desbalance cuasi fiscal. ¿Cómo se logrará mantener el valor del dólar si el Estado va a emitir deuda por un monto cercano a los 30.000 millones de dólares durante el año? ¿Cómo controlará la mayor demanda de dinero que supone el gasto político frente a dos procesos electorales? ¿Y cómo va a dominar las tensiones inflacionarias que se derivarán de ello?
Para recuperar la inversión hay que partir de un orden fiscal, administrativo y financiero, con una previsibilidad en el valor de la moneda y en el mantenimiento de las reglas de juego. Nada de eso parece ocurrir hoy en la Argentina posdevaluación. (DyN)
Aun cuando se insistía en que la mejora del tipo de cambio traería aparejada una suba de las exportaciones en el país, el comercio exterior argentino muestra una contracción sin precedentes; ya no sólo por la caída en las importaciones, sino también por la baja en las ventas externas.
El endeble acuerdo con el FMI no logró despertar expectativas favorables entre los agentes económicos. Además, se aguarda un aumento de la presión fiscal, que alejará toda posibilidad de volver a contar con importantes flujos de capital y de inversión.
Faltan capitales
Sin inversiones, las posibilidades de reactivación son nulas. Es más, la fuerte caída de las inversiones está generando un serio deterioro en la estructura de capital de muchas empresas. Eso redunda en una marcada caída en la prestación de los bienes y servicios que venden, en especial, en las compañías prestadoras de servicios esenciales.
Durante la década del 90, el importante crecimiento de los niveles de inversión permitió al país ingresar en un importante ciclo de aumento de la productividad general de la economía. Pero con la recesión desde mediados de 1998, lo que se observa es un elevado aumento en la capacidad ociosa de muchos sectores productivos a la par de un notable deterioro tecnológico. El capital instalado durante los 90, no sólo no sirve para la coyuntura -porque la demanda deprimida no lo requiere-, sino que tampoco sirve para el futuro, puesto que de arrancar la economía, esa tecnología instalada resultará vieja.Dicho en términos más llanos, la Argentina se está "comiendo el capital" y no tiene idea de cómo lo va a recuperar. De allí, la urgencia para retomar el orden administrativo y financiero del Estado. Sin embargo, la administración regente no parece caminar en la dirección correcta.
Metas increíbles
El reciente acuerdo con el FMI contiene metas fiscales que son de difícil concreción, aun con todas las ventajas otorgadas por Washington. Esto plantea algunos interrogantes: ¿cómo se va a cumplir el superávit primario del trimestre de $ 1.500 millones? En el primer mes, con fuerte estacionalidad, y merced a una recaudación tributaria espectacular, apenas se logró alcanzar esa meta. El Gobierno incorporará las utilidades del Banco Central para lograr el objetivo, pero dejará a la autoridad monetaria con un importante desbalance cuasi fiscal. ¿Cómo se logrará mantener el valor del dólar si el Estado va a emitir deuda por un monto cercano a los 30.000 millones de dólares durante el año? ¿Cómo controlará la mayor demanda de dinero que supone el gasto político frente a dos procesos electorales? ¿Y cómo va a dominar las tensiones inflacionarias que se derivarán de ello?
Para recuperar la inversión hay que partir de un orden fiscal, administrativo y financiero, con una previsibilidad en el valor de la moneda y en el mantenimiento de las reglas de juego. Nada de eso parece ocurrir hoy en la Argentina posdevaluación. (DyN)







