Para muchos estudiar significa dejar afectos y comodidades

Todos los años cientos de jóvenes deben mudarse para seguir una carrera universitaria. Saben que para cumplir sus deseos deben viajar e independizarse. Los chicos relatan cómo se adaptan. Las tareas del hogar.

ENCONTRAR UN LUGAR. Dónde vivir es una de las preocupaciones centrales de quienes vienen de afuera. LA GACETA / JOSE NUNO ENCONTRAR UN LUGAR. Dónde vivir es una de las preocupaciones centrales de quienes vienen de afuera. LA GACETA / JOSE NUNO
02 Febrero 2009

“Enterarse por teléfono de que las cosas cambian en la familia es muy difícil”, dispara Sergio Gerez, un santiagueño que estudia en Tucumán. Para él, como para todos los estudiantes universitarios que provienen de otras provincias, seguir una carrera significa, además de esfuerzo y dinero, despegarse de muchos hábitos, algunos lujos, de la familia y de los amigos.
“El primer año conviví en un departamento con tres chicos de distintas provincias. La relación era buena, pero no nos organizábamos para limpiar y pagar las boletas”, cuenta Sergio.
Carlos Suárez llegó de Salta el año pasado para estudiar Abogacía. “Todavía no asimilé el cambio. Al principio, volvía al departamento a la hora que quería y me despertaba cuando tenía ganas. Es complicado acostumbrarse a esta ‘nueva independencia’”, relata.

Comunicados
Aunque las vivencias son distintas, ambos coinciden que estar lejos de casa implica un desarraigo. Por teléfono, e-mail o fotos, cuentan que se enteran de que van a ser tíos, que la habitación en la que dormían ahora se usa como escritorio, o, que los ex compañeros de la escuela se reúnen para festejar el aniversario de egresados.
Sergio, por su parte, dice que cortar los vínculos es muy duro. “Vuelvo a Santiago cada tres meses y me doy cuenta que mis hermanos crecieron, que muchas cosas cambian”, afirma con melancolía.
Para Carlos, en cambio, el proceso de habituarse a Tucumán fue mucho más natural. “Rápidamente encontré un grupo de amigos en la facultad, con los que salimos todos los fines de semana y estudiamos juntos”, recuerda el joven. Y añade: “aun así, se extraña a los amigos de la adolescencia”.
Una de las dificultades que tienen para estar comunicados es el costo de las llamadas. “Administrar el dinero implica madurar”, sostiene Sergio, para quien es común escuchar decir a los jóvenes que cuando llegan los padres de visita, se come rico. Sucede que deben cuidar hasta el último centavo. “Al principio cocinaba. Trataba de hacer comidas elaboradas. Ahora como en el bar de la facultad. Es más caro que prepararlo en casa, pero por comodidad paso el día en la universidad. Igual, pido los menús más baratos”, comenta Sergio.
“Tenés que saber administrar el dinero. A veces te pasa que te quedan $ 20 para vivir una semana, y tomar una cerveza puede significar la quiebra”, cuenta Carlos.
Fideos y arroz, hervidos o en guisos y, esporádicamente, un bife. El menú de los chicos no suele ser variado, dicen, porque si no la plata no les alcanza.
“Vivía con un amigo en un departamento de dos dormitorios a 12 cuadras de la Facultad de Derecho, pero la suba del precio de los alquileres me obliga a mudarme. Tendré que ir más lejos para poder seguir”, expresó Facundo Fernández.

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