A toda orquesta

SOUVENIR. Todos se fotografían junto a una imagen en cartón de Obama. REUTER
SOUVENIR. Todos se fotografían junto a una imagen en cartón de Obama. REUTER
20 Enero 2009

Lo que pudo verse el domingo en el concierto que se llevó a cabo a pesar del intenso frío a los pies del Lincoln Memorial, en Washington, fue que el nuevo inquilino de la Casa Blanca baila al ritmo de Stevie Wonder, Garth Brooks y Pete Seeger. Con “Higher ground”, de Wonder, los Obama se pusieron de pie e incluso bailaron. En cambio, la gala latina para celebrar la llegada de Obama a la Casa Blanca, de la que participaron Alejandro Sánz y Jennifer López, entre otros artistas, transcurrió entre el caos y la improvisación, al punto que el programa fue acortado precipitadamente. La mayoría de los 3.000 asistentes al espectáculo en la estación central de Washington había pagado U$S 200 la entrada. Las bebidas se pagaban aparte: una copa de champagne, U$S 7.

Miles de turistas de todas las latitudes invadieron la ciudad para asistir a la histórica investidura del primer presidente negro en la historia de Estados Unidos. Cualquier sacrificio resulta poco en el intento de ser parte del acontecimiento. Y las ansias afectan tanto a estadounidenses como a extranjeros. Muchos consiguieron alojamiento gratis en casa de un familiar. Los hoteles y albergues, a pesar de que abundan en la capital estadounidense, fueron reservados con meses de anticipación. Los precios variaban enormemente, pero el único requisito era no intentarlo a última hora. Algunos vieron también la posibilidad de hacer negocios, como es el caso de Claudia, una peruana que alquiló su apartamento, en una zona céntrica de la ciudad, muy cerca de la Casa Blanca, para mudarse por unos días con una amiga.

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Bush llamo a Lula por teléfono para expresarle su gratitud por la amistad y por el trabajo que desarrollaron juntos durante su mandato. En la conversación, que duró unos 10 minutos, Lula le dijo que se considera un privilegiado por estar entre los presidentes brasileños que pudieron construir una relación excelente con Estados Unidos. Acto seguido, lo invitó a pescar en aguas brasileñas cuando lo crea conveniente. De los ocho años de gestión de Bush, seis coincidieron con los de Lula.

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