No tengo una impresión muy optimista sobre Barak Obama. Entiendo que su elección representa una deuda saldada para una parte de la sociedad norteamericana, pero no creo que represente un cambio fundamental en la política internacional de los Estados Unidos, que es lo que más nos afecta. Seguramente continuará con el salvataje de los grandes bancos y las compañías de automóviles pero todo el "establishment" guía esa acción, y no es difícil imaginar su éxito cuando todo el ahorro del mundo sigue yendo a parar a los Estados Unidos. Así es fácil ser distribucionista.
Recibe una herencia tremenda, sobre todo por haber promovido guerras en todo el planeta para luego hacernos pagar la factura a todos, desde el precio del petróleo hasta los intereses de las deudas de todos los países del orbe. Igualmente, la gran mayoría del pueblo de los Estados Unidos no es ajena a ese pensamiento imperialista sino que se volvió estructural en su manera de ver el mundo, aunque los actores de Hollywood sean muy "progres" y en las grandes universidades haya centros trotskistas de investigación.
La mayoría silenciosa ya se hizo a la idea del "destino manifiesto" que se ha hecho carne en cada uno de sus ciudadanos a lo largo del siglo XX, época de la gestación del ofidio empollado en la segunda parte del XIX, cuando le comieron a México la mitad del territorio. Pero estas guerras (Irak, Afganistán) han ido minando la economía mundial y enfureciendo con razón a las masas árabes de todo el planeta, que los ven -como dice nuestro Himno nacional- "arrojarse con saña tenaz" sobre los pueblos islámicos de Palestina, de Irak, de Afganistán, de Irán.
Una confusión
Me parece que hay una confusión entre el logro que significa para la sociedad norteamericana haber dado el ejemplo supremo de la igualdad de oportunidades -que un negro, abogado y de Hawaii ¡sea presidente!-, con la promoción y ejercicio de esos valores a nivel universal. Kissinger era alemán, y sin embargo fue el artífice de la desgracia de muchos pueblos del mundo, chilenos incluidos. Entiendo que las relaciones entre Argentina y EEUU van a tener una oportunidad muy favorable en el plano personal, porque la presidenta argentina desarrolló en el pasado una tarea de relaciones públicas con madame Clinton, y ahora habrá llegado el momento de retirar las ventajas correspondientes. Pero, por otra parte, considero que el destino de nuestro país ya está jugado ante los Estados Unidos, que se han pronunciado claramente a favor de Brasil como "potencia regional".
Lo más razonable que podemos hacer es acompañar la estrella ascendente de Lula y no pretender discutirle los espacios internacionales de potencia de primera magnitud que los brasileños se han sabido ganar, mientras seguíamos peleando entre nosotros.










