05 Febrero 2003 Seguir en 
Los vecinos de la Villa de Leales quedaron atónitos y desconsolados ante la noticia de la muerte de Julio Ramírez (foto), de 53 años. El comerciante fue asesinado por delincuentes en un hecho desconcertante, porque los agresores actuaron con mucha violencia y no le robaron nada. En un primer momento se pensó que se había tratado de un accidente, pero 12 horas después, y luego de que varios médicos lo vieron, se descubrió que tenía una bala alojada en la cabeza.
El domingo, alrededor de las 21.30, Ramírez salió de su panadería en su moto Honda C-90 hacia su casa, ubicada a 50 metros, y al llegar fue emboscado por los maleantes.
"Mi tía lo encontró tirado boca abajo, con la moto al lado, y creyó que había chocado contra la morera. Pero cuando yo lo vi, en el hospital Padilla, empecé a dudar, porque tenía muy golpeada la cara y otras partes del cuerpo", relató René Ramírez, sobrino de la víctima y oficial del Cuerpo de Infantería de la Policía.
Ramírez, de 53 años, fue revisado primero en el CAPS de Santa Rosa de Leales y luego en el hospital Padilla. Pero fue cuando lo trasladaron a un sanatorio privado, y le hicieron una tomografía computada, que los médicos se dieron cuenta de que tenía una bala alojada en la cabeza. El hombre murió el lunes a las 23.
Los delincuentes, que serían cuatro y fueron vistos también el sábado merodeando por la zona, aprovecharon que el domingo se realizó en Leales una fiesta patronal que concentró la atención de todo el pueblo.
"Mientras lo golpeaban y cuando él agonizaba tirado en el piso, por los parlantes, en la plaza, el cura le agradecía a él la colaboración que prestó para la fiesta y las colaboraciones que hacía siempre para el comedor, para la escuela o para cualquiera que lo necesitara", afirmó Marcelo Ramírez, también sobrino de la víctima, al destacar la personalidad de su tío.
Los parientes de Ramírez no creen que se haya tratado de un ajuste de cuentas o de una venganza. "No tenía enemigos, ni deudas ni nada raro. Era un hombre muy solidario y amable, que nunca tuvo problemas con nadie", enfatizó su hermano René Ramírez.
La Policía sospecha que se trató de un intento de robo, pero los agresores se fueron sin sacarle el dinero del bolsillo (tenía más de $ 100) ni el reloj.
Tampoco le robaron la moto; sólo le rompieron los espejos y las ópticas.
Ese factor, y la brutal paliza que recibió antes de que le dispararan a quemarropa, desde atrás, genera dudas entre los investigadores acerca de los motivos del ataque.
Ramírez, quien estaba casado con Rosa Oviedo, no tuvo hijos pero crió a Liliana, una joven que regresó de urgencia el lunes a la tarde de sus vacaciones en Mar del Plata, trayendo la remera con dibujos de esa ciudad que él le había pedido. Con esa prenda fue velada la víctima.
Por su actividad como panadero, Ramírez tenía un buen pasar y temía ser asaltado, por lo que su casa es una especie de fortaleza.
La investigación está a cargo del comisario general Domingo Pacheco y del comisario inspector Eduardo Ramírez, quienes contarían con pistas firmes acerca de la identidad de los asesinos. Se calcula que estos serían de otras localidades de la zona.
El domingo, alrededor de las 21.30, Ramírez salió de su panadería en su moto Honda C-90 hacia su casa, ubicada a 50 metros, y al llegar fue emboscado por los maleantes.
"Mi tía lo encontró tirado boca abajo, con la moto al lado, y creyó que había chocado contra la morera. Pero cuando yo lo vi, en el hospital Padilla, empecé a dudar, porque tenía muy golpeada la cara y otras partes del cuerpo", relató René Ramírez, sobrino de la víctima y oficial del Cuerpo de Infantería de la Policía.
Ramírez, de 53 años, fue revisado primero en el CAPS de Santa Rosa de Leales y luego en el hospital Padilla. Pero fue cuando lo trasladaron a un sanatorio privado, y le hicieron una tomografía computada, que los médicos se dieron cuenta de que tenía una bala alojada en la cabeza. El hombre murió el lunes a las 23.
Los delincuentes, que serían cuatro y fueron vistos también el sábado merodeando por la zona, aprovecharon que el domingo se realizó en Leales una fiesta patronal que concentró la atención de todo el pueblo.
"Mientras lo golpeaban y cuando él agonizaba tirado en el piso, por los parlantes, en la plaza, el cura le agradecía a él la colaboración que prestó para la fiesta y las colaboraciones que hacía siempre para el comedor, para la escuela o para cualquiera que lo necesitara", afirmó Marcelo Ramírez, también sobrino de la víctima, al destacar la personalidad de su tío.
Los parientes de Ramírez no creen que se haya tratado de un ajuste de cuentas o de una venganza. "No tenía enemigos, ni deudas ni nada raro. Era un hombre muy solidario y amable, que nunca tuvo problemas con nadie", enfatizó su hermano René Ramírez.
La Policía sospecha que se trató de un intento de robo, pero los agresores se fueron sin sacarle el dinero del bolsillo (tenía más de $ 100) ni el reloj.
Tampoco le robaron la moto; sólo le rompieron los espejos y las ópticas.
Ese factor, y la brutal paliza que recibió antes de que le dispararan a quemarropa, desde atrás, genera dudas entre los investigadores acerca de los motivos del ataque.
Ramírez, quien estaba casado con Rosa Oviedo, no tuvo hijos pero crió a Liliana, una joven que regresó de urgencia el lunes a la tarde de sus vacaciones en Mar del Plata, trayendo la remera con dibujos de esa ciudad que él le había pedido. Con esa prenda fue velada la víctima.
Por su actividad como panadero, Ramírez tenía un buen pasar y temía ser asaltado, por lo que su casa es una especie de fortaleza.
La investigación está a cargo del comisario general Domingo Pacheco y del comisario inspector Eduardo Ramírez, quienes contarían con pistas firmes acerca de la identidad de los asesinos. Se calcula que estos serían de otras localidades de la zona.







