"Para combatir la enfermedad, tenemos que combatir la bacteria". Detrás del cartel, que tenía la figura de una hoja de marihuana, marchaba Liliana, una mamá de la Costanera que cada día sufre porque se enfrenta a la adicción de su hijo de 16 años. Sólo dejaba ver sus ojos mojados debajo de una manta negra que caía desde su cabeza. "Nuestros hijos son muertos en vida. El ?paco? los está destruyendo. Necesitamos ayuda porque no podemos más. Tengo miedo, estamos amenazadas", expresa.
Desesperadas. Ellas dicen que están hartas de golpear puertas. Y aseguran que no pueden enfrentar el flagelo de la droga solas porque, pese a que tratan de rescatar a sus hijos, a la vuelta de cualquier esquina siempre habrá alguien que les venda estupefacientes.
Las "Madres de la Esperanza", un grupo de mujeres que tienen hijos adictos, llevaron anoche su reclamo por primera vez a la plaza Independencia. Con pañuelos verdes en la cabeza o rodeando el cuello, marcharon alrededor del paseo bajo el lema: "Droga no, vida sí".
La cita era a las 20, pero la manifestación, de la que participaron unas 60 personas en total, comenzó mucho después. A muchas mujeres les costó llenarse de valentía para reclamar, especialmente a las que viven en la Costanera. Durante todo el día había estado recibiendo amenazas de los "transas" (vendedores de droga). Pero no bajaron los brazos. Se pusieron anteojos, gorras o remeras cubriendo el rostro. En el pecho, cada una de ellas colgaba la foto de su hijo. Antes de empezar a caminar, las madres recibieron el apoyo de cientos de personas que estaban en la plaza. "Ustedes son un ejemplo de vida", les decían los jubilados. También se acercaron profesionales que trabajan en centros de atención de adictos a respaldar la medida. Además, se hizo presente el legislador Pedro Balceda (PJ). "Nuestros niños y adolescentes que se drogan nos están mandando un mensaje. Nos dicen que están fuera de la sociedad y nos muestran cómo se están matando", indicó.
Las madres prefirieron no politizar la protesta y seguir su camino. En el trayecto pidieron a gritos que se controle la venta de droga en los barrios y de pastillas en las farmacias, que se asista a los adictos y que se programen actividades recreativas y deportivas para que los jóvenes no deambulen por las calles sin destino. Muchas de las mujeres y también incluso llegaron de diferentes vecindarios de la capital, como barrio Crucero Belgrano, Villa Angelina, Villa 9 de Julio y de Banda del Río Salí y Alderetes.
Al pasar frente a la iglesia Catedral, se aferraron a la imagen de sus hijos y se arrodillaron a rezar unos minutos. Al finalizar la marcha se detuvieron frente a la Casa de Gobierno, donde Asunción, la representante de las madres, pronunció un duro discurso: "les pedimos a las autoridades que dejen de mirar para otro lado y que trabajen por los adictos. Tenemos chicos que desde los ocho años están consumiendo. No se está haciendo nada. El señor (Alfredo) Miroli nos da la espalda. Nosotras hacemos responsables al Gobierno por la vida de nuestros hijos. Desde hace cuatro años que nos prometen un centro de internación para adictos y no lo vemos. Nos dicen que las madres somos locas sólo porque queremos saber por qué dejaron entrar tanta droga en la provincia".









