“Tal vez llegás a matar por un par de ?papeles?”

Un joven de la Costanera que tiene 17 años y es adicto a la droga escribe un diario mientras permanece alojado por robo en el Instituto Roca. El muchacho envió una nota a LA GACETA, en la que afirma que pretende recuperarse. "Es muy difícil salir de todo esto".

CONTROL. Dos policías ingresan al instituto Roca, en avenida Francisco de Aguirre al 600. En su mayoría, los chicos que están alojados allí son adictos. LA GACETA / FRANCO VERA
CONTROL. Dos policías ingresan al instituto Roca, en avenida Francisco de Aguirre al 600. En su mayoría, los chicos que están alojados allí son adictos. LA GACETA / FRANCO VERA
13 Enero 2009

“Cuando estás consumiendo y te falta la droga sentís que necesitás más, y cada vez más y más. Es una sustancia que el cuerpo te pide y al no tenerla no sabés qué hacer. Por eso salís a robar, tal vez llegás a matar por un par de papeles”. En su celda del instituto Roca, “M.” se siente deprimido. Y una vez más toma un papel y un lápiz. Tiene 17 años; cuenta que es adicto al “paco” y que las últimas noticias de su barrio, la Costanera, lo estremecieron.
“A pesar de que los muchachos tendrán sus motivos por los que llegaron a este punto yo también tenía mis problemas. Mi problema es que yo desde chico me manejaba solo y mi padre trabajaba para que no nos faltara la comida. Yo salía a molestar con mis amigos y después de que pasaron un par de años ya estábamos hasta las manos, ya consumíamos de todo: pastilla, pegamento, cocaína y marihuana. Después ya consumía ‘paco’. Yo tenía 13 años y ya tengo 17”, relata el muchacho en una carta que envió a LA GACETA en la que afirma que quiere recuperarse de sus adicciones, pero admite lo difícil que es superarse. “Sigo tratando de vencer al ‘paco’, pero cuando lo tengo en frente él es más fuerte que yo. Pero esta vez no me dejaré derrotar... voy a cambiar totalmente”, asegura. Sus errores de ortografía no se esconden entre las líneas de un relato conmovedor, y él acepta que son el fruto de haber abandonado la escuela cuando pasaba a 50 grado. Ahora, tras las rejas, retomó los estudios y, a modo de terapia, escribe un diario en el cual relata su relación con las drogas.

El comienzo
“Una vez fui a comprar y el ‘paco’ era más barato que la merca (cocaína); como la merca ya casi no me hacía efecto, decidí probarlo”. Así empieza la historia del muchacho, quien asegura que llegó a consumir cerca de 25 gramos del desecho de la cocaína por día. “Es una basura, lo peor que hay. Pero es muy fuerte. Pega instantáneo. No te podés despegar más”, detalla.
“M.” dice que es consciente de que si no trata su adicción al “paco” esta le costará la vida. “Cuando no consumo me pongo de mal humor, violento”, resalta. También sostiene que la única posibilidad de salir del infierno de las drogas es no volver a vivir a su casa, en la Costanera, cuando abandone el Roca. Incluso, le pidió a su mamá que venda la vivienda que tienen en el barrio.
“No me importa morir, pero lo que sé es que mi madre sufriría mucho y no quiero eso para ella. Quiero mejorar. Empezaría por buscar un barrio tranquilo de día y de noche; que no se vean chicos drogándose, porque al haber este tipo de personas sería lo mismo que siga viviendo en la Costanera y yo quiero cambiar”, ilustra el joven en el cuaderno en el que plasma sus testimonios desde octubre del año pasado. Su sueño es vivir en Santiago del Estero, lugar al que describe como un sitio “tranquilo, para criar animales y sembrar la tierra”.
El muchacho hizo tratamientos ambulatorios para tratar su adicción, pero mientras vivía en el barrio estuvo atrapado por ella. Hace dos años fue detenido por primera vez, después de haber cometido un robo para poder comprar drogas. Pasó unos meses en el instituto Roca y un día le dieron permiso para ir a su casa. Al volver a la Costanera se reencontró con sus amigos y con su pasado, y no quiso regresar tras las rejas. Entonces, comenzó a ser buscado por la Policía. “No quería volver por andar fumando ‘paco’. Esa porquería me quitó todo lo que tenía, hasta el amor de mi madre”, escribe en el cuaderno.

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Un adicto nada más
En un pasaje de su diario expresa su miedo a terminar preso en Villa Urquiza. Es que en el fondo, “M” no se siente un delincuente, pese a estar detenido. “Robo por ser un adicto y no me critiquen. Soy así por culpa de la Policía y los traficantes. Yo soy adicto nada más”, escribe.
La tinta va perdiendo fuerza. La letra se hace pequeña. En los renglones del cuaderno “M” afirma que no puede más seguir. Y abandona la escritura con una última frase: “me siento muy solo. No sé por qué no puedo cambiar mi personalidad, por ser muy adicto al ‘paco’ y no poder controlarme ni con mi mente y cuerpo (sic). Y me la paso escuchando música, tirado en la celda, sin salir”.

“Necesito fuerzas”, dice la madre
“Un día lo vi andar en su bicicleta y no lo podía creer. Parecía un chico abandonado: estaba flaco y con la ropa sucia, tenía los ojos rojos y respiraba cortito. Se me partió el alma. Me acordé que era el mismo bebé que yo acunaba en mis brazos y sentía que no podía ser cierto. Necesito fuerzas para poder sacar a mi hijo adelante”, cuenta Susana, la madre de “M”.

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Conviviendo con un “transa”
En su diario, “M” cuenta que por su adicción hasta cayó en manos de un “transa” (vendedor de drogas). Para consumir “paco” hasta se fue a vivir a la casa del hombre que habita en la Costanera. “Lo obligaba a hacer todo tipo de trabajos: desde limpiar la casa y cortar el césped hasta robar en las viviendas de los vecinos. El arruinó a mi hijo”, dice la mamá del joven.

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