La venganza llegó de la peor manera

Un muchacho mató a su cuñado de 10 años. El menor había sido secuestrado y asesinado el 10 de enero, por un problema familiar.

TERRIBLE. El cuerpo del pequeño es sacado del medio de un matorral por personal de Bomberos.
TERRIBLE. El cuerpo del pequeño es sacado del medio de un matorral por personal de Bomberos.
30 Enero 2003
Jorge Daniel Giménez tenía 10 años. Le encantaba jugar a la pelota. Sus padres, que son desocupados, se habían esforzado para comprarle el equipo completo del club de sus amores: River Plate. Iba a la escuela, aunque no le gustaba mucho estudiar. Todos aseguran que era "un pan de Dios", incapaz de hacerle mal a nadie, y que sufría al igual que todos los que viven en la Villa Cabildo, detrás del barrio San Martín, al noroeste de San Miguel de Tucumán. Jorge fue la víctima elegida por una bestia para aplicar lo que él creía que era un castigo justo. Su cuerpo fue encontrado ayer en medio de un monte. Lo habían asfixiado.
La búsqueda del chico se inició el 13 de enero pasado, pero la historia que derivó en su final comenzó casi un año antes, cuando su hermana Gabriela Verónica Giménez, de 16 años, comenzó una relación sentimental con Pedro Nicolás Martínez, de 19 años. Ambos tuvieron un bebé, que se llamó igual que el padre.
Ayer, Jorge Manuel Benítez y María Angélica Giménez, los padres de Jorge y de Gabriela, aseguraron que Martínez le pegaba a la adolescente. "Intentó estrangularla varias veces", afirmaron. Por eso la pareja se separó, pero además Gabriela le prohibió al padre que viera a su hijo. Esto provocó la ira de Martínez, quien juró que habría represalias. Y puso en marcha un plan macabro.

Mensaje mafioso
El 13 de enero, Jorge estaba pescando en el parque Batalla de Tucumán, y fue secuestrado por Martínez. Al otro día, Gabriela recibió una zapatilla de su hermano, con una amenaza: si no lo dejaban visitar a su hijo, ella no vería nunca más a su hermano. Gabriela accedió a reunirse con Martínez en el predio del ex complejo de Alto Rendimiento, en avenida Adolfo de la Vega. Allí los policías rodearon la zona y detuvieron al secuestrador. Ante esto, Martínez afirmó que Jorge había quedado con un amigo, conocido como Joaquín, en un galpón de las cercanías, pero el chico no apareció. Desde entonces lo buscaban la familia y la Policía.
Ayer a la mañana, Martínez se presentó ante Roberto Vallejo, director de Institutos Penales -donde estaba alojado- y se quebró. "No puedo dormir, no puedo comer. Yo lo maté", dijo. Ante esto Vallejo se comunicó con el secretario de la Fiscalía de Feria, Daniel Clemente, quien fue a la cárcel y escuchó el relato.
Martínez, según trascendió, afirmó que él y el tal Joaquín -quien aún permanece prófugo y es buscado por la Policía- se habían drogado, y que después, cuando encontraron a Jorge, lo engañaron para que los acompañara al canal Norte, para bañarse. Una vez allí ingresaron por una "picada". "Yo tenía una bolsa de plástico. Lo tiré al piso y se la puse en la cabeza. Lo tuve así hasta que dejó de respirar y se quedó quieto", aseguró con una frialdad que dejó sorprendidos a sus interlocutores. "Después -dijo- lo enterré".

Irreconocible
Para corroborar su relato, Vallejo y Clemente acompañaron a Martínez hasta el lugar del crimen y él, luego de varios rodeos, logró decirles dónde estaba el cadáver. Por el tiempo transcurrido, estaba irreconocible, por lo que se deberá hacer un examen de ADN para certificar la identidad. Justamente ayer la Justicia le había dictado la prisión preventiva a Martínez por el secuestro. "El no había hecho nada. Por qué, señor, por qué tuvo que matarlo. Era mi chiquito hermoso y ahora lo perdí para siempre. Esto no puede tener perdón de Dios", dijo, desconsolada, María Angélica Giménez. Nunca podrá entender cómo alguien pudo llevar a cabo una venganza tan horrorosa.

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