Uno de los grandes males de los argentinos es el olvido. Al menos eso es lo que pensaba Jorge Luis Borges. Por eso, el esfuerzo por recuperar la memoria y reconstruir una identidad que aún tiene sus agujeros negros es un esfuerzo que merece premiarse. Sobre todo si ese esfuerzo viene de parte de la televisión, un medio atacado sistemáticamente por su apuesta a lo chabacano y a lo superficial. El ciclo “Televisión por la identidad”, hoy premiado en Estados Unidos, dejó claro que no todo es show en la pantalla chica criolla. De hecho, Marcelo Tinelli sigue llevándose gran parte de la torta del rating, pero no es lo único que el televidente puede ver. Hay otros programas, que marcan rumbo sin hacer tanta estridencia. “Televisión por la identidad”, por ejemplo, es mucho más que un programa de TV: los números del rating no bastan para analizar su performance. Tampoco el nivel de producción, la calidad actoral, su detallada musicalización ni sus ajustados elencos. Cualquier análisis que se realice sobre el programa y que tome estos ejes sería incompleto si no se le suma la gran repercusión social que el tuvo el ciclo. Esto es lo que se premió en Estados Unidos. Y también lo que puede renovar la TV argentina.
26 Noviembre 2008 Seguir en 









