16 Noviembre 2008 Seguir en 
Reykjavik. - Miles de islandeses se congregaron ante el edificio del Parlamento y lanzaron tomates, huevos y papel higiénico para protestar por las consecuencias de la crisis financiera que golpeó con fuerza al país. La policía de Reykjavik cifró en unos 6.000 los participantes en la protesta ante el edificio del "Althing", una cifra desacostumbradamente elevada en un país de sólo 320.000 habitantes. Los manifestantes exigieron la dimisión del primer ministro, Geir Haarde, y comicios anticipados. El Estado islandés está al borde de la bancarrota tras el desplome de los tres mayores bancos del país. Los islandeses se enfrentan ahora a una inflación del 15 %, intereses del 18 % y una suba dramática del desempleo. El principal desencadenante de la crisis fue la expansión internacional agresiva de los bancos del país con ayuda de créditos de riesgo. Ahora, las finanzas estatales sólo pueden asegurarse con ayuda de créditos del extranjero y del FMI. (DPA)







