WASHINGTON.- No era hasta el momento un auténtico plan, tranquilizó el servicio secreto estadounidense, y quizá nunca lo habría sido, pero la noticia de que dos neonazis forjaban un complot para asesinar a Barack Obama, y a decenas de ciudadanos negros, desató inquietud entre los estadounidenses. Ya en la precampaña electoral, seguidores de Obama expresaron sus temores de que su hombre de una forma o de otra no consiguiera llegar a la Casa Blanca. Su mensaje de esperanza y de cambio y aún más su color de piel podrían convertirle en objetivo de fanáticos extremistas de derecha o de almas perturbadas, según sus preocupaciones.
Primavera sangrienta
Así ocurrió en la primavera de 1968, cuando en sólo dos meses fueron asesinados en Estados Unidos el defensor de los derechos civiles Martin Luther King y el candidato demócrata a la presidencia Robert Kennedy. Por momentos se especuló incluso con que esas consideraciones desempeñaron un papel en la decisión de la rival de Obama en las primarias, Hillary Clinton, de permanecer hasta el final en la carrera por la candidatura demócrata, algo que ella negó enérgicamente.
Obama es conocido por su reticencia a hablar sobre peligros potenciales para su seguridad; a lo sumo lo hace cuando se lo preguntan. “Tengo la mejor protección del mundo, así que dejen de preocuparse”, dijo una vez ante sus seguidores en un acto de campaña. La mejor protección es quizá el servicio secreto. La seguridad de Obama cuesta U$S 44.000 diarios, unos 35.000 euros, según el diario “Minneapolis Star Tribune”. Aseguran que el senador ya se hizo amigo de sus custodios y que confía en ellos. ¿Será?









