"El sistema financiero no debe hacer timba por su cuenta"

Después del conflicto con los productores agropecuarios, sobrevino una crisis económico-financiera que, según el economista Alejandro Rofman, no es nada menos que el derrumbe ideológico del capitalismo. "Ha demostrado su total incapacidad para manejar las finanzas y las transacciones comerciales", dijo el experto.

26 Octubre 2008

La protección de la industria nacional en esta coyuntura de crisis financiera mundial no se resuelve elevando unos puntos el precio del dólar respecto del peso argentino, sino estableciendo barreras arancelarias para la importación. La convicción pertenece al economista Alejandro Rofman, que disertó en Tucumán durante el II Congreso Nacional del Cultura.
El diálogo con LA GACETA, el experto analizó las perspectivas para la economía nacional en este escenario complejo y fue duro con el campo y con los especuladores de los mercados financieros, a los que calificó, sin miramientos, de estafadores.

- ¿Qué balance hace sobre lo que ha pasado y cuáles son las perspectivas para la Argentina en este nuevo contexto?
- Es un año duro para el país y duro para el Gobierno, porque no ha podido realizar su proyecto de política social y económica que se había planteado. Primero, debido al conflicto con los empresarios agropecuarios. Aquí, en Tucumán, los limoneros, los tabacaleros, no estaban en conflicto. El conflicto fue con los productores de soja, que son todos empresarios; no son trabajadores. Y ninguno vive en el campo. Hoy veía la carta de una lectora, una señora muy honorable, que escribió sobre la noble labor del que siembra con sus manos el campo. ¡Eso no existe más! Eso era hace 50 o 60 años. Ahora en el campo, donde se hace soja o maíz, no hay agricultores. Hay sólo contratistas que siembran y después cosechan. El 80% del campo de la Pampa Húmeda está alquilado. Lamentablemente, el imaginario cultural difiere totalmente de la realidad regional. Después de este conflicto, sobrevino la crisis económico-financiera. Esta es nada más y nada menos que el derrumbe ideológico del capitalismo, que ha demostrado su total incapacidad para manejar las finanzas y las transacciones comerciales. El capitalismo llega a su derrumbe acompañado por la estafa. Lo que hoy padece todo el mundo fue propiciado por estafadores, que deberían estar en la cárcel. No lo digo yo. Lo dicen prominentes economistas norteamericanos, como el flamante Premio Nobel, Paul Krugman. Y nosotros sufrimos las consecuencias sin haberla generado. En este nuevo escenario, hay que hacer un enorme esfuerzo para que no se dañen ni la producción ni el empleo. El Gobierno está interesado en eso; está convocando a las fuerzas económicas y sociales para ese objetivo. Creo que vamos a sufrir, efectivamente, algún daño. Pero hay que tratar de que no lo paguen los que menos tienen, que no son responsables del descalabro.

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- ¿Qué medidas concretas debería tomar el Gobierno para morigerar el impacto de la crisis? ¿Modificar el tipo de cambio tal vez?
- El tipo de cambio no es tan importante como crear barreras proteccionistas que sustituyan el valor del tipo de cambio para evitar que irrumpan bienes manufacturados que no se pueden colocar en los mercados mundiales, debido a la caída de la demanda. Se pueden imponer tasas que la Organización Mundial del Comercio (OMC) admite. Es decir, aranceles especiales. En segundo lugar, se debería coordinar con los otros países de América del Sur, en Unasur, políticas tendientes a defender nuestra producción nacional. El tipo de cambio, tal vez, debería adaptarse a las bruscas devaluaciones de los otros países. La Argentina no se devaluó. Se devaluó el 7%, que es un ajuste marginal, coyuntural. Pero en Brasil fue del 45%, en México del 28%, en Chile el 25%. Esto nos descoloca frente a la producción de países con los que hay comercios, sin aranceles, como el caso de Brasil, o comercio con muchas exenciones, como Chile y México. En tercer lugar, se debería reforzar el mercado interno, con políticas de distribución del ingreso, para que haya más consumo interno que reemplace lo que se va a perder por mermas en la exportación.

- Subir el tipo de cambio generaría inflación...
- Por eso yo no soy partidario de hacer un ajuste importante del tipo de cambio. Se puede mover un poco más, pero no mucho más, porque lógicamente puede provocar incrementos de precios internos. Aun cuando en el mundo han caído mucho los precios de los commodities, de modo que no hay presión externa por aumentos de precios, como hubo durante el primer semestre de este año.

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- A propósito de los commodities, ¿qué proyección tiene y cómo hará el Gobierno para sostener las finanzas públicas?
- Esto no representa de momento un problema para las finanzas públicas, porque hemos vuelto a los valores de 2007. No es que hemos vuelto a 2001. El problema son los ingresos de los productores, porque, en el interín, volver a los valores de 2007 tendrían que haberse quedado quietos los costos de los insumos, que también crecieron. Debería hacerse algún ajuste, como el que establecía la Resolución 125, que lamentablemente el Senado la rechazó, pero hoy sería enormemente útil, porque permitiría que tanto los grandes y los medianos paguen bastante menos de lo que pagan hoy. Y a los pequeños, como 10 o 15 puntos menos. Entonces, hay que buscar alguna forma que garantice que los pequeños estén menos expuestos a estas contingencias del comercio mundial.

- ¿Cómo ve para la economía argentina este nuevo orden que sobrevendrá en los mercados, con una mayor presencia del Estado?
- Esto será beneficioso, porque si no se regula el mercado, los estafadores van a volver. El capitalismo financiero les permitirá actuar, y volverán. Hay que cambiar todas las normas regulatorias, para impedir que vuelvan, de modo que el sistema financiero sólo financie la actividad productiva, y no haga timba por su cuenta.

- ¿La demanda de alimentos y de materias primas continuará? ¿Habrá buenos precios?
- Va a seguir la demanda, porque los países que han incrementado en los últimos años la demanda la van a tener que seguir manteniendo a causa de las dificultades tienen para producir alimentos para sus propios habitantes. Los precios, de todas formas, van a bajar, pero en una primera instancia. Es que todos los que especulaban con el precio de los commodities han huído de ese mercado. Pero la demanda real de alimentos va a seguir. Lo que puede dañarse es el producto manufacturado, como todo, porque ha caído tremendamente la venta de automóviles en el mundo. Ford y General Motors en setiembre vendieron entre el 30% y el 40% menos que durante el mismo mes del año pasado en Estados Unidos. Y la demanda no sólo baja ahí, sino en Brasil también, que es nuestro principal cliente de automóviles. Eso puede dañar la producción nacional. Hay que buscar formas para ayudar al sector; por ejemplo, dar créditos muy generosos, a tasas subsidiadas, para que el consumo interno reemplace la exportación.

- ¿Hay una pauta que maneje usted de crecimiento?
- Algunos aventuran un 4%, pero hay que esperar las tendencias tras a la estabilización de los mercados financieros. Pero creo que sería casi imposible crecer al valor de este año, es decir, del 7%. Pero tampoco vamos a caer al nivel de los países del Primer Mundo, que van a tener crecimiento negativo.

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