Las calificadoras de riesgo observaron en Brasil como el país más sólido del continente. Por esa razón recibió una de las máximas distinciones para el mundo de los negocios: fue considerado como un país con Investment Grade (grado de inversión) capaz de recibir capitales sin un elevado riesgo. Sin embargo, con la evolución de la crisis global, Brasil fue uno de los países más castigados.
El economista Ricardo Arriazu observa cuatro aristas para explicar el problema del vecino país. En una charla con LA GACETA, dio su punto de vista respecto del caso Brasil.
El "milagro brasileño". Ese país estuvo creciendo a una tasa del 3% anual hasta el año pasado, porque aplicó una política prudente. Su economía creció menos de lo previsto para reducir las vulnerabilidades. En el medio de ese proceso, redujo su endeudamiento externo, mejoró su situación fiscal y extendió el plazo para el pago de su endeudamiento. en 2007 soltó el freno y pasó de crecer del 3% al 6% anual; de tener superávit a registrar déficit en su cuenta corriente.
En 2007, Brasil recibió unos U$S 92.000 millones de capitales externos, de los cuales alrededor de U$S 42.000 millones fueron destinados a comprar bonos y acciones. Fue el gran "boom" en Brasil. Cuando entraron esos capitales, el presidente Inacio Lula da Silva hizo dos cosas: acumuló reservas y permitió que se vaya parte de los capitales y, por otro lado, como cree en las llamadas metas de inflación, dejó revaluar su tipo de cambio, al tiempo que aplicó una política monetaria restrictiva. Creo que sostener ese esquema es un enorme error.
Tanto Brasil como la Argentina son tomadores de precios. Eso implica que el tipo de cambio sólo es bilateral para algunos pocos productos y para el turismo. Mucho más importante que eso es saber qué sucederá con los precios internacionales. Con los valores actuales, Brasil no puede producir soja.
En la medida que se fueron los capitales, explotó la burbuja del mercado accionario y se movió el tipo de cambio. En términos de dólares, la baja de la Bolsa brasileña fue del 60%. Al Gobierno le conviene volver a la vieja receta: actuar con prudencia para reducir vulnerabilidades.
12 Octubre 2008 Seguir en 










