24 Julio 2008 Seguir en 
Saludó y esperó a que el hombre que acababa de entrevistar se retirara. Luego guardó la plata dentro de una carpeta y pretendió salir de la oficina. Pero un policía, vestido de civil, se le interpuso. “¿Qué pasa?”, atinó a preguntar antes de que le comunicaran que estaba arrestado. Un inspector de la Secretaría de Trabajo fue detenido ayer a la tarde, acusado de haber cobrado una coima, según se informó oficialmente. El hombre había sido denunciado por el propietario de un lavadero, a quien le habría pedido $ 1.000 para completarle los trámites de blanqueo de los trabajadores.
Gustavo Carrizo, propietario de un lavadero de autos ubicado en avenida Avellaneda al 400, explicó a LA GACETA: “hace tres semanas vino este inspector, Julio Martel, y me pidió la documentación de personal. Yo tenía el alta provisoria desde el 1 de julio, pero él igual labró un acta y me llamó a una audiencia”. “Yo tenía todo en regla. Ya estaba contratada la ART, y tenía los papeles de Rentas, y hasta había comprado la ropa. Pero él me dijo que para que me firmara el acta tenía que entregarle $ 1.000. Lo vi el lunes y le ofrecí $ 600, pero los rechazó. ‘$ 1.000 o nada’, me dijo. Entonces me decidí a denunciarlo”, indicó el hombre.
Carrizo se entrevistó con el secretario de Trabajo, Roberto Jiménez, a quien le planteó la situación. “El me dijo que recurriera a la Justicia”, señaló. La fiscala María de las Mercedes Carrizo supervisó personalmente el operativo. Personal del Departamento Informaciones (D2) de la Policía, al mando del comisario Fernando Maruf, fotocopió los billetes y se los entregó otra vez al dueño del lavadero. Carrizo, ayer a las 19, ingresó en las oficinas de Junín al 200. Se sentó frente a Martel durante ocho minutos. Luego le entregó el dinero al inspector, quien se acomodó su saco azul, sacó un paquete de cigarrillos y firmó el acta. Carrizo se fue y en ese momento intervinieron los policías. Martel no entendía qué sucedía. Obedeció la orden y se sentó. Escuchó la acusación en su contra y siguió con gesto incrédulo todo el procedimiento. Nervioso, consumió 16 cigarrillos en tres horas. Había pedido un café, pero no llegó a tomarlo. Sus compañeros tampoco entendían nada. Dos testigos comprobaron que los billetes que estaban dentro de una carpeta con documentación perteneciente a Martel eran los mismos que habían sido fotocopiados con anterioridad. El hombre no intentó defenderse, y prefirió el silencio. Hoy será presentado en Tribunales para que declare.
Jiménez le comentó a LA GACETA que la Justicia contará con toda la documentación que necesite. “Estas cosas deben quedar desterradas, ya que cuando un inspector recibe una coima, al único que se lo perjudica es al trabajador”, dijo. “A muchos empleadores les resulta más sencillo coimear a un inspector que ajustarse a la ley”, explicó. “Son cosas lamentables, y por eso, por orden del gobernador, estamos reestructurando la Secretaría de Trabajo. Este no es el primer caso”, dijo. Esposado y con el rostro tapado, Martel fue sacado de la Secretaría, mientras sus compañeros lo miraban preocupados.
Gustavo Carrizo, propietario de un lavadero de autos ubicado en avenida Avellaneda al 400, explicó a LA GACETA: “hace tres semanas vino este inspector, Julio Martel, y me pidió la documentación de personal. Yo tenía el alta provisoria desde el 1 de julio, pero él igual labró un acta y me llamó a una audiencia”. “Yo tenía todo en regla. Ya estaba contratada la ART, y tenía los papeles de Rentas, y hasta había comprado la ropa. Pero él me dijo que para que me firmara el acta tenía que entregarle $ 1.000. Lo vi el lunes y le ofrecí $ 600, pero los rechazó. ‘$ 1.000 o nada’, me dijo. Entonces me decidí a denunciarlo”, indicó el hombre.
Carrizo se entrevistó con el secretario de Trabajo, Roberto Jiménez, a quien le planteó la situación. “El me dijo que recurriera a la Justicia”, señaló. La fiscala María de las Mercedes Carrizo supervisó personalmente el operativo. Personal del Departamento Informaciones (D2) de la Policía, al mando del comisario Fernando Maruf, fotocopió los billetes y se los entregó otra vez al dueño del lavadero. Carrizo, ayer a las 19, ingresó en las oficinas de Junín al 200. Se sentó frente a Martel durante ocho minutos. Luego le entregó el dinero al inspector, quien se acomodó su saco azul, sacó un paquete de cigarrillos y firmó el acta. Carrizo se fue y en ese momento intervinieron los policías. Martel no entendía qué sucedía. Obedeció la orden y se sentó. Escuchó la acusación en su contra y siguió con gesto incrédulo todo el procedimiento. Nervioso, consumió 16 cigarrillos en tres horas. Había pedido un café, pero no llegó a tomarlo. Sus compañeros tampoco entendían nada. Dos testigos comprobaron que los billetes que estaban dentro de una carpeta con documentación perteneciente a Martel eran los mismos que habían sido fotocopiados con anterioridad. El hombre no intentó defenderse, y prefirió el silencio. Hoy será presentado en Tribunales para que declare.
Jiménez le comentó a LA GACETA que la Justicia contará con toda la documentación que necesite. “Estas cosas deben quedar desterradas, ya que cuando un inspector recibe una coima, al único que se lo perjudica es al trabajador”, dijo. “A muchos empleadores les resulta más sencillo coimear a un inspector que ajustarse a la ley”, explicó. “Son cosas lamentables, y por eso, por orden del gobernador, estamos reestructurando la Secretaría de Trabajo. Este no es el primer caso”, dijo. Esposado y con el rostro tapado, Martel fue sacado de la Secretaría, mientras sus compañeros lo miraban preocupados.
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