21 Julio 2008 Seguir en 
Jimena tiene cuatro años. Lleva unas zapatillas que encienden luces cuando camina. Y el calzado no es un detalle menor. Fue el último regalo de su papá, Marcelo Trejo, asesinado de cinco disparos en la cabeza hace más de tres meses en Paso de Los Andes al 900 por un hombre de quien la Policía no tiene pistas firmes. "Tres meses después, tampoco entiendo lo qué pasó. No sé quién pudo asesinar a mi hijo. Lo único que puedo decir es que lo veo ahí, esa tarde. No sabía que iba a comprar las zapatillas para la bebé, porque nunca iba para la Belgrano de short. Si salía, se ponía el vaquero", recuerda Rosa Garay, la madre del hombre de 32 años que aquel jueves 11 de abril caminaba junto con dos chicas cuando fue ejecutado.
Sin sospechosos
Las dos testigos del crimen, una de ellas identificada únicamente como Patricia, declararon al principio de la causa y describieron al asesino como un hombre alto, morocho, de pelo corto, vestido con una campera de algodón celeste y un jean, que llevaba puesta una mochila hacia adelante. El desconocido no dijo ni una palabra; sacó una pistola, se puso detrás de Trejo y comenzó a disparar. Los cinco impactos dieron en la cabeza. No le robaron (tenía $ 1400 pesos en la billetera) y la Policía piensa que sólo un asesino contratado pudo ejecutar el macabro hecho con tanta frialdad y precisión. En un principio se vinculó a un policía con el hecho, pero este pudo probar que se encontraba en otro lado en ese momento. La madre de Trejo no se quedó de brazos cruzados y fue a buscar a las testigos. "Nunca las encontré. Ni las conozco", afirma.
La nota se realiza en el domicilio de la familia Trejo, en el corazón de "La Bombilla". Doña Rosa con gesto serio da la mano e invita a pasar. Un atado de cigarrillos y el mate están sin tocar. "Me gustaría vivir en un lugar mejor, pero es lo que tengo. Acá hay gente buena, gente de trabajo, pero de afuera no nos ven así. Esta es la primera nota que doy. El señor Alberto Lebbos (el padre de Paulina) quería que me uniera, pero, ¿qué es lo que consigue esa pobre gente? Yo iba a ser una más del grupo de protesta. Yo lo único que sé es que a mi hijo no lo voy a tener más. Llega esta hora (casi las 19) y lo veo parado ahí, haciéndome alguna broma", explica.
Se detendrá varias veces durante el relato. "Me siento muy mal cuando le tengo que contestar a la bebé que me pregunta: ¿por qué mi papá se ha ido?, ¿por qué no baja desde arriba? La estoy llevando al psicólogo. Tengo tres hijos más, pero él fue el primero, la luz de mis ojos y más de la mitad de mi corazón, ¿por qué me lo han quitado así?", pregunta sin comprender.
Las causas
Con las fuerzas con las que cría a su nieta, la madre de Marcelo desea aclarar las hipótesis que se tejen sobre el ataque: motivos pasionales (dicen que salía con una mujer casada), laborales (fue despedido de Fuerza Republicana después de 17 años) o relacionados con el mundo de la droga. "Se hablaron cosas injustas. No hacía mucho tiempo le había preguntado sobre las mujeres y me respondió: ?mamá, me está gustando esta vida de soltería?. Le puse una cara y me dijo: ?sí, ya sé, este año y nada más. Porque es mucho para usted criar a la bebé? ", contó.
"Otra injusticia fue que el policía que lo vio dijo que la plata que tenía en la billetera (unos $ 1.460, del sueldo y de la pensión por su hija) eran porque hacía prostituir menores y armó un escándalo", acusó.
Sobre la hipótesis que lo vincula con las drogas, respondió: "¿narcotraficantes? Así es cómo vivimos, ¿así va a vivir un narcotraficante? No entiendo estas cosas", aseguró, mientras mostraba un álbum de fotos donde Marcelo aparece realizando tareas para FR, junto a José Luis Bussi (para quien trabajaba), Ricardo Bussi y Josefina Bigolio.
"Un lunes vino y me dijo: ?mamá, estoy sin trabajo; no precisan más de mí. Esa frase le dolió en el alma. En ningún momento me había comentado que tuviese problemas en el partido. Entró a los lugares más recónditos cuando Bussi era mala palabra. El quería mucho a su general. Pero no valía la pena. Ni un llamado hizo José Luis para decir lo lamento. Sí lo hizo para preguntarle a mi hija por qué había dicho que lo había dejado sin trabajo. Yo no sé si tendrán algo para decir de él. Sólo sé que les fue leal toda la vida. No quiero que se me crucen cosas que me van a matar si dejo que germinen en mi mente", dice, mordiéndose los labios. -¿Qué tipo de cosas?-. "No quiero decirle lo que yo creo. Lo único que quiero es que realmente se aclare y que me digan por qué lo mataron", concluyó y se despidió con un beso. Jimena tenía hambre.
Sin sospechosos
Las dos testigos del crimen, una de ellas identificada únicamente como Patricia, declararon al principio de la causa y describieron al asesino como un hombre alto, morocho, de pelo corto, vestido con una campera de algodón celeste y un jean, que llevaba puesta una mochila hacia adelante. El desconocido no dijo ni una palabra; sacó una pistola, se puso detrás de Trejo y comenzó a disparar. Los cinco impactos dieron en la cabeza. No le robaron (tenía $ 1400 pesos en la billetera) y la Policía piensa que sólo un asesino contratado pudo ejecutar el macabro hecho con tanta frialdad y precisión. En un principio se vinculó a un policía con el hecho, pero este pudo probar que se encontraba en otro lado en ese momento. La madre de Trejo no se quedó de brazos cruzados y fue a buscar a las testigos. "Nunca las encontré. Ni las conozco", afirma.
La nota se realiza en el domicilio de la familia Trejo, en el corazón de "La Bombilla". Doña Rosa con gesto serio da la mano e invita a pasar. Un atado de cigarrillos y el mate están sin tocar. "Me gustaría vivir en un lugar mejor, pero es lo que tengo. Acá hay gente buena, gente de trabajo, pero de afuera no nos ven así. Esta es la primera nota que doy. El señor Alberto Lebbos (el padre de Paulina) quería que me uniera, pero, ¿qué es lo que consigue esa pobre gente? Yo iba a ser una más del grupo de protesta. Yo lo único que sé es que a mi hijo no lo voy a tener más. Llega esta hora (casi las 19) y lo veo parado ahí, haciéndome alguna broma", explica.
Se detendrá varias veces durante el relato. "Me siento muy mal cuando le tengo que contestar a la bebé que me pregunta: ¿por qué mi papá se ha ido?, ¿por qué no baja desde arriba? La estoy llevando al psicólogo. Tengo tres hijos más, pero él fue el primero, la luz de mis ojos y más de la mitad de mi corazón, ¿por qué me lo han quitado así?", pregunta sin comprender.
Las causas
Con las fuerzas con las que cría a su nieta, la madre de Marcelo desea aclarar las hipótesis que se tejen sobre el ataque: motivos pasionales (dicen que salía con una mujer casada), laborales (fue despedido de Fuerza Republicana después de 17 años) o relacionados con el mundo de la droga. "Se hablaron cosas injustas. No hacía mucho tiempo le había preguntado sobre las mujeres y me respondió: ?mamá, me está gustando esta vida de soltería?. Le puse una cara y me dijo: ?sí, ya sé, este año y nada más. Porque es mucho para usted criar a la bebé? ", contó.
"Otra injusticia fue que el policía que lo vio dijo que la plata que tenía en la billetera (unos $ 1.460, del sueldo y de la pensión por su hija) eran porque hacía prostituir menores y armó un escándalo", acusó.
Sobre la hipótesis que lo vincula con las drogas, respondió: "¿narcotraficantes? Así es cómo vivimos, ¿así va a vivir un narcotraficante? No entiendo estas cosas", aseguró, mientras mostraba un álbum de fotos donde Marcelo aparece realizando tareas para FR, junto a José Luis Bussi (para quien trabajaba), Ricardo Bussi y Josefina Bigolio.
"Un lunes vino y me dijo: ?mamá, estoy sin trabajo; no precisan más de mí. Esa frase le dolió en el alma. En ningún momento me había comentado que tuviese problemas en el partido. Entró a los lugares más recónditos cuando Bussi era mala palabra. El quería mucho a su general. Pero no valía la pena. Ni un llamado hizo José Luis para decir lo lamento. Sí lo hizo para preguntarle a mi hija por qué había dicho que lo había dejado sin trabajo. Yo no sé si tendrán algo para decir de él. Sólo sé que les fue leal toda la vida. No quiero que se me crucen cosas que me van a matar si dejo que germinen en mi mente", dice, mordiéndose los labios. -¿Qué tipo de cosas?-. "No quiero decirle lo que yo creo. Lo único que quiero es que realmente se aclare y que me digan por qué lo mataron", concluyó y se despidió con un beso. Jimena tenía hambre.
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