15 Julio 2008 Seguir en 
Buenos Aires.- Un economista de origen sueco fue buscado durante ocho horas como un secuestrado, luego de que un hombre vio cómo lo introducían con los ojos vendados en el baúl de un auto en San Isidro, pero la Policía descubrió que en realidad volvía de su propia despedida de soltero con sus amigos.
La investigación se inició el domingo al mediodía cuando un hombre llamó al 911 al observar en una estación de servicio de San Isidro, el sospechoso traslado de un joven de un auto a otro.
El testigo, de 66 años, relató que tres jóvenes pasaban a un muchacho con sus ojos vendados e inconsciente de un vehículo al baúl de un Volkswagen Gol gris.
Los policías comenzaron a tratar de localizar al testigo. “El hombre no había dejado sus datos, por lo que tardamos en rastrear la llamada y ubicar al testigo”, dijo un jefe policial. El denunciante era clave, por lo que otro grupo de detectives concurrió a la estación de servicio donde habría ocurrido el hecho y allí los empleados y encargados del lugar dijeron no haber visto ningún secuestro ni notado ningún movimiento sospechoso.
El testigo finalmente fue ubicado y le dio a la Policía una descripción más específica de lo que había visto; incluso aportó el número de la patente del automóvil Gol donde habían introducido al supuesto secuestrado. Una vez que los autos fueron interceptados, los policías pudieron comprobar, en realidad, que el supuesto delito no se trataba de otra cosa que de una de las bromas habituales que se gastan en la celebración de una despedida de soltero. La irrupción de los policías llegó a sorprender a los participantes y especialmente al “agasajado”, un joven de 26 años, que todavía estaba en el interior del baúl de uno de los vehículos. El joven, sorprendido por el impresionante despliegue policial, creyó que se trataba de otra de las situaciones que sus amistades le hacían vivir para despedir su soltería, ya que en pocos días contraerá matrimonio con una argentina. (Télam-NA)
La investigación se inició el domingo al mediodía cuando un hombre llamó al 911 al observar en una estación de servicio de San Isidro, el sospechoso traslado de un joven de un auto a otro.
El testigo, de 66 años, relató que tres jóvenes pasaban a un muchacho con sus ojos vendados e inconsciente de un vehículo al baúl de un Volkswagen Gol gris.
Los policías comenzaron a tratar de localizar al testigo. “El hombre no había dejado sus datos, por lo que tardamos en rastrear la llamada y ubicar al testigo”, dijo un jefe policial. El denunciante era clave, por lo que otro grupo de detectives concurrió a la estación de servicio donde habría ocurrido el hecho y allí los empleados y encargados del lugar dijeron no haber visto ningún secuestro ni notado ningún movimiento sospechoso.
El testigo finalmente fue ubicado y le dio a la Policía una descripción más específica de lo que había visto; incluso aportó el número de la patente del automóvil Gol donde habían introducido al supuesto secuestrado. Una vez que los autos fueron interceptados, los policías pudieron comprobar, en realidad, que el supuesto delito no se trataba de otra cosa que de una de las bromas habituales que se gastan en la celebración de una despedida de soltero. La irrupción de los policías llegó a sorprender a los participantes y especialmente al “agasajado”, un joven de 26 años, que todavía estaba en el interior del baúl de uno de los vehículos. El joven, sorprendido por el impresionante despliegue policial, creyó que se trataba de otra de las situaciones que sus amistades le hacían vivir para despedir su soltería, ya que en pocos días contraerá matrimonio con una argentina. (Télam-NA)
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