Una televisión con lógica mercantilista

Punto de vista. Por Isabel Requejo de Medjugorac - Docente de Linguística.

29 Junio 2008
Desde mediados de la década del noventa, y como consecuencia de la implementación de cambios profundos a nivel socio-político, cultural y comunicacional,  los medios de transmisión y comunicación están en poder de grupos económicos altamente concentrados multinacionales. El análisis de algunos consumos culturales actuales, transgeneracionales, como los celulares, juegos en red, o los programas de alto impacto de la TV, demuestra que los medios y la publicidad pueden lograr en poco tiempo, y con una eficacia sorprendente, lo que a veces desde las institucioneseducativas soñamos conseguir: interés, pasión, alegría e identificación.

Lavador de cerebros
Hace más de 12 años, escribí en la revista "La Marea" de Buenos Aires, un artículo en el que definí a Marcelo Tinelli como un "lavador de cerebros". Más que en el lenguaje, Tinelli incide en las formas y estrategias para mostrar y enunciar cierto tipo de  relaciones humanas,  que están en sus programas, fuertemente determinadas por lo comercial. En última instancia, su programa refleja el triunfo de la experiencia del mercado bajo la oferta tramposa de bailes solidarios para cumplir el sueño de alguien que necesita ayuda imperiosa. Trabajando desde esta lógica mercantilista, se va legalizando en la subjetividad una cultura de la prebenda y de la dádiva, en la que en apariencia todo vale. Tinelli ha logrado asociar la burla descarnada con la risa. Lo cual es una anomalía porque no es lo mismo reírse por alegría que burlarse de otro ser humano casi sin compasión alguna. Usar a las personas para ganar dinero, hacerlos bailar por un lejano sueño, eliminarlos mediante llamadas telefónicas pagas, constituyen mensajes que alientan ideas de escasa solidaridad y respeto mutuo. En esta última edición del certamen de baile, advierto que los intercambios verbales  se convirtieron en una suma de insultos y en lenguaje tipo cloaca. Más preocupante aún resulta escuchar cómo se cae en el racismo, en la degradación de la subjetividad o de los sentimientos, y en la discriminación. Los participantes del ciclo establecieron categorías que dividen a bailarines y jurados en "grasas", "finas", "huecas", "intocables" y "viejas". Un muestrario lingüístico decadente, que no está sólo reflejado en el lenguaje, sino principalmente en las conductas.  Dado que el  programa forma parte de los contenidos culturales que consumen no sólo los jóvenes, su análisis en las aulas, puede constituirse en ámbito valioso de intercambio entre docentes y alumnos.

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