La casa no está en orden

La realización de la Cumbre del Mercosur puso la provincia en una situación irreal. Los presidentes se irán el martes y los problemas reaparecerán en ese instante. Por Fernando Stanich - Redacción LA GACETA.

26 Junio 2008
La casa está en orden. Las márgenes del río Salí brillan y las palmeras que alguna vez injertó el ex gobernador Bussi le dan un toque caribeño al hall de entrada de Tucumán. A lo lejos, la montaña de basura de Pacará Pintado simula un gran pico nevado. Al cruzar el puente Ingeniero Barros ya no abruma el tradicional tufillo del río; casi se podría decir que huele mejor. Si Cristina Kirchner decide utilizar la cinta que encargó y hacer ejercicios, ¿qué mejor panorámica para desestresarse y reflexionar que la del parque 9 de Julio en su esplendor?: césped al ras, arreglos florales y servicios de primera: agua y cloacas. Incluso, el lago San Miguel invita a disfrutar de una jornada de sol en familia.
Tucumán ya no es lo que fue. O por lo menos, eso aparenta. El gobernador Alperovich está viviendo un veranito en el crudo invierno. El fantasma de una protesta rural con los presidentes como testigos se desvaneció y las rutas estarán libres. Si hasta Vicente Ruiz, que deambuló esta semana por Casa de Gobierno, parece dispuesto a cumplir a rajatabla el asueto dispuesto por la Provincia. Los dirigentes gremiales harán a un costado el análisis de la ecuación que nunca cierra para el trabajador (sueldos vs. inflación) y se pondrán a tono de semejante evento internacional.
Quizás sensibilizado aún por los festejos del día del vecino (11 de junio), Tucumán muestra destellos de ser una gran vecindad. Una bonita vecindad. Pero sólo en apariencia.

Bienvenidos al tren
El tren de la cumbre partió hace tiempo de la estación. Estuvo a una curva de descarrilar, pero enderezó su marcha al menos por unos cuantos durmientes más. Los que no durmieron en sus camarotes fueron los gobernantes. "Aprovechamos esto de la cumbre para sacar más rápido las cosas". La frase de un alto funcionario municipal lleva implícito un mensaje tan lúgubre como peligroso. Es, ni más ni menos, lo mismo que decir "aprovechemos la volada para no tener que licitar después". Implica el reconocimiento por parte de quienes ostentan responsabilidades públicas de lo reticentes que son a la hora de realizar las contrataciones de obras mediante procesos que le ofrezcan sensación de transparencia a la sociedad e igualdad de oportunidades a los empresarios. A confesión de partes, relevo de pruebas.
Ni José Alperovich ni el intendente, Domingo Amaya, escatimaron en atajos a la hora de encarar, a las apuradas, las obras públicas que nos harán sentir, al menos por unos días, que vivimos en otro Tucumán. En ese que ellos crean a diario ante los micrófonos y las cámaras, pero que contrasta con el que el ciudadano común sufre al salir cada mañana de su casa. Uno dice que gastó más de $ 5 millones y el otro que, tras la finalización de la cumbre, Tucumán habrá avanzado dos años de promoción turística internacional.
Puede que resulte cierto, pero, ¿por qué la necesidad de improvisar, de actuar mediante espasmos o de aguardar ayudas divinas que los empujen? La diferencia entre un estadista y un político radica en que mientras el primero piensa en las siguientes generaciones, el segundo sólo piensa en las próximas elecciones. Puede levantar la mano el que adivine quién es quién.

Retenciones vs fútbol
El tren de las retenciones a los granos casi se lleva puestas la cumbre, la clase política y la sociedad, que nada tiene que ver con el conflicto. "Lo más grave es que la Presidenta terminó por devaluar la política", reconoció un diputado nacional del oficialismo que ya mantuvo reuniones con los referentes del campo. "Actúan con una beligerancia que intimida. Gritan e insultan en las reuniones", agregó.
En rigor, si algo hay que destacar en Cristina Kirchner es su éxito a la hora de reinstalar la ira en buena parte de la sociedad. Y lo hizo en menos de siete meses. Fue su beligerancia -al menos discursiva- la que activó aquella que los ruralistas tenían reprimida. "Si nosotros en el Congreso no atemperamos los ánimos esto va a terminar mal", vaticinó otro legislador nacional preocupado por la situación. Atemperar los ánimos no significa más que ceder ante los reclamos del agro. "Creo que sólo Carlos Kunkel, Edgardo Depetris y Stella Maris Córdoba aún mantienen el discurso duro", ironizó el mismo parlamentario sobre la posibilidad de éxito del pedido K de que se mantenga la triste resolución 125 tal como llegó al Congreso de la Nación.
A diferencia del tren de Cristina, la mayoría de los diputados tucumanos prefiere subirse al que inmortalizó Sui Generis: "pueden venir cuantos quieran, que serán tratados bien". Aunque habría que preguntarle a Juan Salim en qué convoy viaja, porque mientras en comisión se discutía sobre el reclamo del campo y la crisis social, él andaba apurado por los pasillos del Congreso para presentar un proyecto de resolución que exprese el beneplácito nacional por los ascensos deportivos de San Martín y de Atlético.

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Lo que vendrá
Las apariencias engañan. La Cumbre del Mercosur implicará una salida circunstancial al corral en el que Cristina Kirchner encerró las huestes tucumanas.
Los presidentes latinoamericanos vendrán, se deleitarán con el maquillaje oficial y luego se irán. Pero en el fondo, los problemas subsistirán. Los aviones despegarán, pero el río Salí volverá a oler mal y las casillas que cada tanto arrastra sacarán a relucir el decrépito paisaje local. Las obras hechas a las apuradas para mostrar lo que en realidad no se tiene comenzarán a descascarse mientras el mensaje del miedo que infunde la Presidenta se repita por cadena nacional, demacrando a la sociedad. En Tucumán, Alperovich aún no sabrá cómo sortear el cerrojo kirchnerista, mientras que, en Buenos Aires, los diputados y senadores nacionales aún se debatirán entre dar una respuesta democrática e institucional a la crisis o profundizar el oscurantismo y a la prepotente política oficial. Saldrá a luz que la casa sigue sin estar en orden.

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