Oscuras aristas de la moda del policonsumo
La droga sigue siendo un gran interrogante. Aunque los expertos conocen el drama social, la comunidad no sabe cómo enfrentar el problema. Falta delinear estrategias. Por Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.
24 Junio 2008 Seguir en 
La Nación avanza a tientas para saber qué hacer con el problema de las drogas, pero en Tucumán la situación es aún peor: los fenómenos que ya han explotado con fuerza en Buenos Aires y en otros grandes centros urbanos acá son esbozos, pero tienen una fuerza imparable: todo aumenta vertiginosamente, incluida la incertidumbre de los funcionarios.Hace tres meses, los tucumanos se desayunaban con que, de la mano del crecimiento en Buenos Aires del consumo de "paco" (una mezcla de residuos de cocaína), ya había gente que se quejaba por los estragos que comenzaba a generar esta droga en Tucumán. Sólo había pocos casos; nada, en comparación con la cosecha de víctimas que tiene en barrios marginales de Buenos Aires. Los expertos se alarmaron al observar que comenzaba el fenómeno, pero la Policía negó que siquiera hubiera casos en nuestro medio. El secretario de Prevención de Adicciones, Alfredo Miroli, no lo descartó, pero no le dio demasiada importancia. Dijo -más o menos- que la preocupación fuerte iba a darse si el "paco" llegaba a la clase media.
Poco después se conocían los resultados de una encuesta realizada por la misma Secretaría en Tucumán, que revelan que la mayoría de los padres afirma que no sabría reconocer si sus hijos se han drogado, y tampoco sabría qué hacer en esos casos. Miroli fue contundente: opinó que no hay que dar más charlas a los chicos sino concientizar a los padres.
Ahora se conocen los alcances de un nuevo sondeo llevado a cabo en el ámbito nacional, publicado por el diario "La Nación" de ayer: el 93% de la los consultados cree que aumentó el consumo de sustancias ilegales y el 38% dice conocer a alguien seriamente afectado. La tendencia crece desde 1985. Y algo más: el sector claramente afectado por la problemática social de la drogadicción es muy joven: la franja comprendida entre los 18 y los 24 años.
Cocteles preferidos
Por otra parte, el Observatorio Argentino de Drogas reveló que el 10 % de los pacientes atendidos en salas de emergencia en el país fue ingresado por consumo de alguna sustancia nociva. De ellos, el 63 % había asociado alcohol y alguna otra droga. En el Hospital Avellaneda, los expertos están preocupados; dicen que es impresionante el aumento del policonsumo de drogas, es decir, la mezcla de psicofármacos como Rivotril (la pastillita de moda), Valium o Alplax con alcohol o drogas ilegales, como marihuana o cocaína. Cuentan que en la clase media el cóctel preferido está compuesto por Rivotril, vodka y cocaína o marihuana. En las clases bajas, mezclan "paco", vino y pegamento.
El desconcierto cunde. Las fuerzas de seguridad, que no saben bien qué hacer porque hasta ahora sólo hicieron procedimientos para combatir el narcotráfico del mismo modo en que lo hicieron en los últimos 30 años, ahora se dan con que hay una tendencia del poder central -y de la Justicia- a despenalizar al consumidor. Y hasta ahora, los detenidos, en su gran mayoría, fueron atrapados por consumo. El Ministerio de Justicia les acaba de exigir a las fuerzas (Policía Federal, Gendarmería, Prefectura, Policía de Seguridad Aeroportuaria, policías provinciales) que compartan las informaciones sobre decomisos de estupefacientes para que se pueda armar una gran base de datos. Pero como aún no hay claridad sobre las mediciones estadísticas, el asunto está en pañales.
También los padres están desconcertados. Tiene razón Miroli cuando dice que hay que hablar con ellos, porque los jóvenes no sólo conocen del tema (por lo tanto, el mensaje de los funcionarios les cae mal y les suena muy avejentado), sino que no le tienen al asunto el miedo que sí sienten los adultos. Pero el mismo Miroli no sabe cómo va a juntar a los padres para hablarles de los hijos y la droga. Es más, él cree que el consumo se vuelve cada vez más una moda y, como ocurre con los hábitos que pasan a formar parte de consumos culturales, sólo podría ser reemplazado por otra moda.
Los únicos que parecen tener una idea de lo que pasa son los expertos que ven el costado humano, que más que en las estadísticas (que siempre son una orientación) confían en su experiencia de contacto diario con las víctimas, los consumidores, los que enfrentan un drama, un conflicto personal, un problema con el mundo, representado en la adicción.
Ellos saben -más que la Policía- dónde se consigue, cómo se consume y por qué se hacen las mezclas. Y diferencian claramente cuándo el asunto pasa de ser una moda atractiva para convertirse en un drama social.







