22 Junio 2008 Seguir en 
La actitud y la valentía que ella demostró son realmente destacables. A pesar de todo lo que sufrió en estos últimos años se animó a enfrentar un tribunal y a relatar toda la pesadilla que vivió. Eso no es sencillo.
Este fue un caso muy especial para mí. A ella la conozco desde que era muy chica. Cuando me comentaron lo que le había ocurrido, no dudé en ponerme a su lado para tratar de que se hiciera justicia y, fundamentalmente, para que ella recuperara su vida y saliera del infierno que estaba viviendo. Durante los cuatro años que duró el proceso, ella soportó situaciones muy difíciles. Nunca me voy a olvidar del día que declaró por primera vez. Con el rostro destruido por las lesiones que había sufrido, no tuvo problemas en contar todo lo que había pasado. Fue una situación muy especial, pero ella lo hizo.
Lo mismo ocurrió cuando fue hasta Tribunales para participar de la rueda de reconocimiento, donde no le tembló el pulso para identificar a Luis Gerardo Alvarado como el hombre que la había atacado y que le había provocacado tantos daños. No me voy a olvidar nunca de que, después de haber dado ese trascendental paso, se puso a llorar desconsoladamente. Luego se descompuso, le bajó la presión y tuvo que ser asistida una fiscalía.
Con la misma valentía enfrentó a los jueces y contó lo que realmente le había ocurrido. Sus palabras fueron contundentes y no dejaron ningún tipo de dudas. La sentencia del tribunal fue categórica.
Además de la satisfacción personal que significó no haber trabajado en vano, el fallo debe tomarse como un mensaje ejemplificador para que en nuestra provincia no se cometan hechos tan aberrantes como este.
Este fue un caso muy especial para mí. A ella la conozco desde que era muy chica. Cuando me comentaron lo que le había ocurrido, no dudé en ponerme a su lado para tratar de que se hiciera justicia y, fundamentalmente, para que ella recuperara su vida y saliera del infierno que estaba viviendo. Durante los cuatro años que duró el proceso, ella soportó situaciones muy difíciles. Nunca me voy a olvidar del día que declaró por primera vez. Con el rostro destruido por las lesiones que había sufrido, no tuvo problemas en contar todo lo que había pasado. Fue una situación muy especial, pero ella lo hizo.
Lo mismo ocurrió cuando fue hasta Tribunales para participar de la rueda de reconocimiento, donde no le tembló el pulso para identificar a Luis Gerardo Alvarado como el hombre que la había atacado y que le había provocacado tantos daños. No me voy a olvidar nunca de que, después de haber dado ese trascendental paso, se puso a llorar desconsoladamente. Luego se descompuso, le bajó la presión y tuvo que ser asistida una fiscalía.
Con la misma valentía enfrentó a los jueces y contó lo que realmente le había ocurrido. Sus palabras fueron contundentes y no dejaron ningún tipo de dudas. La sentencia del tribunal fue categórica.
Además de la satisfacción personal que significó no haber trabajado en vano, el fallo debe tomarse como un mensaje ejemplificador para que en nuestra provincia no se cometan hechos tan aberrantes como este.
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