Kirchner conduce
El matrimonio Alperovich ató su destino político al ex presidente y a Cristina. El vicepresidente Cobos, en mala posición, tras las idas y vueltas del gobernador. Las rebeliones en el Congreso en los años 90. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.
22 Junio 2008 Seguir en 
La crisis de la soja deterioró sensiblemente el capital político de Cristina Fernández de Kirchner. El matrimonio Alperovich ató su suerte al proyecto del kirchnerismo en lo partidario y en lo institucional. La diputada Beatriz Rojkés es la vicepresidenta tercera del justicialismo y avaló todos los pronunciamientos duros contra el campo. El gobernador, a su vez, depende financieramente de la Casa Rosada, y archivó su proyección hacia la carrera presidencial hasta mejores tiempos. Aún más: la Cumbre del Mercosur sólo se hace en Tucumán por decisión de Cristina. Los titubeos que atribulaban a Alperovich desaparecieron por arte de magia.Les es imposible, entonces, saltar el cerco que construyó la pareja santacruceña desde la primera magistratura de la Nación y desde el pejotismo que comanda Néstor Kirchner. El vicepresidente de la República, Julio Cobos, lo probó en carne propia, en las últimas jornadas. Dicen que Alperovich había aceptado la invitación de Cobos para tratar la cuestión sojera, pero después del llamado de Kirchner desistió de la reunión en el Senado. En rigor, el vicepresidente desempeñó un papel irrelevante en el esquema institucional argentino en los últimos 50 años, pero Cobos tal vez quiera cambiar la historia. Las salidas forzadas de Alejandro Gómez -gestión de Arturo Frondizi- y de Carlos "Chacho" Alvarez -gestión de Fernando de la Rúa- de las vicepresidencias no ocasionaron de inmediato las caídas de ambos presidentes.
Cobos mantendrá la cita de mañana con los gobernadores alejados de la pareja Kirchner: el socialista Hermes Binner (Santa Fe), los peronistas críticos Alberto Rodríguez Saá (San Luis) y Juan Schiaretti (Córdoba), y el radical k Arturo Colombi (Corrientes). Esto enseña que el poder real está muy lejos del sillón de Cobos, un socio útil para las elecciones de octubre de 2007, pero al que le quieren prohibir que levante la cabeza.
El punto neurálgico del problema no es otro que el nivel de las retenciones, al cual el campo aspira a bajar del 45% fijado por la polémica resolución del 11 de marzo. Casi 13.500 millones de dólares están en danza, según las estimaciones más conservadoras.
Los Kirchner pueden hacer concesiones menores, pero jamás renunciarán a embolsar semejante montaña de dólares que procede de la exportación de la soja. En el comité nacional de la UCR, los delegados santacruceños alertaron a sus pares y al senador Gerardo Morales sobre el modo de hacer política de los Kirchner en Santa Cruz, que condujo invariablemente a la imposición de sus objetivos. Trasladado este principio al ámbito del Congreso, deducen que harán lo imposible para que se lo vote a libro cerrado, tras largas discusiones.
Presiones del Gobierno y contrapresiones del campo signarán las jornadas próximas del invierno, hasta que el oficialismo baje el martillo.
La casa, ¿en orden?
Los diputados nacionales del oficialismo dieron la cara ante los dirigentes del ruralismo, después de haber faltado al anterior convite, por instrucciones de Alperovich. El grueso de la delegación oficialista ignoraba que Beatriz Rojkés y Gerónimo Vargas Aignasse se habían entrevistado antes con Víctor Pereyra (Sociedad Rural de Tucumán).
Aparentemente, la diputada había solicitado garantías de no agresión; sin embargo, quedó flotando la impresión de que se tramaba algo raro. Las discrepancias ideológicas en torno del qué hacer con la renta del campo no existieron en el lenguaje de los diputados oficialistas. Pero la casa dejó de estar en orden en forma súbita: Rojkés bajó línea y se retiró junto con Vargas Aignasse. La estupefacción embargó a Stella Córdoba -hacía uso de la palabra en ese momento-, Alfredo Dato y Germán Alfaro. Estos, no obstante, se repusieron y desarrollaron sus propios argumentos. De este modo, se hizo evidente que la casa no estaba en orden y que no había una voz cantante que unificara a todos. Las diferencias entre Córdoba y Rojkés son inocultables y pueden ahondarse a medida que se acerca 2009, año en que se renovarán tres bancas de senadores nacionales, dos de los cuales pertenecen a la mayoría.
Alperovich les puso límites a los diputados oficialistas: se vota lo que ordena Cristina. "Nosotros no estamos para conspirar", advirtió. Esto se disfraza con el eufemismo de que se acata lo que decide el bloque del Frente de la Victoria.
La argumentación del gobernador no mereció reparos entre los diputados presentes en la tarde del viernes. En privado, uno de ellos confesó: "no tenemos margen para otra cosa. Y día que pasa y no se aprueba la ley, gana el campo". Entrevén que los gobernadores pueden cobrar mayores dividendos políticos a la Rosada porque no son rehenes.
Lecciones del pasado
¿Pueden los diputados sublevarse contra los planes de la Rosada? La mano dura del kirchnerismo golpea sin piedad, pero en Casa de Gobierno saben que todavía la Casa Rosada no cuenta con los 129 diputados, que son el número clave para debatir y votar la ley sobre las retenciones.
Los intereses regionales pueden conjugar acciones de contrapeso al Poder Ejecutivo, cuando existen convicciones políticas. Así, en pleno apogeo del menemismo, en el Congreso, se trabaron proyectos por la resistencia organizada de diputados y senadores del noroeste y del nordeste. Domingo Cavallo, aun todopoderoso ministro de Economía, había conseguido que la comisión de Hacienda de Diputados excluyera el Fondo del Tabaco de la ley de presupuesto nacional. Pero una contraofensiva gestada por el entonces representante tucumano Julio Díaz Lozano, con el apoyo de su par Antonio Guerrero, y de los bloques de Salta y de Jujuy obstruyó la aprobación del presupuesto. Cavallo negoció e incluyó el Fondo del Tabaco y, además, consintió la creación del Fondo de Desarrollo Eléctrico (FDI).
El combate de mayor peso se libró con la ley que protegía a la industria azucarera argentina del ingreso de 300.000 toneladas desde Brasil. Entre 30 y 32 diputados se plantaron contra el convenio firmado por el entonces ministro de Economía, Roque Fernández, con el país vecino. La ley protectora salió del Congreso, pero Carlos Menem la vetó. Fernández y Guido Di Tella -a la sazón ministro de Economía- explicaron las razones de la posición oficial. Insistió el Congreso y se quebró la voluntad de la Casa Rosada. Díaz Lozano evocó que la unidad de las zonas productoras coadyuvó al logro de ese resultado. Menem, sin embargo, no perdonó el golpe y ajustó cuentas políticas con los arquitectos de la maniobra.
La soja está lejos de alcanzar la significación económica del azúcar en Tucumán, pero en Santa Fe, en Buenos Aires y en Córdoba es una producción clave. Pero la acción combinada de diputados interesados en defender los ingresos de sus provincias puede cambiar los aspectos más negativos del proyecto del Gobierno.







