La mutación parlamentaria de la crisis
La imagen gatopardista de los diputados y senadores de la Nación puede cambiar si el debate del proyecto oficialista sobre las retenciones es tan abierto como corresponde. Por Por Angel Anaya - Columnista.
21 Junio 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La mutación y velocidad de los acontecimientos es de tal naturaleza que no pocos imaginan una reaparición del Gatopardo, el inmortal personaje del príncipe de Lampedusa que tramaba los cambios políticos de tal manera que no cambiaba nada. ¿O acaso es legítimo que los Fernández cambien de opinión en 24 horas sobre la inmutabilidad de la Resolución 125? La avalancha de intendentes con legítimo origen kirchnerista dándose cita en el Congreso para sumarse a esa oposición puntual, pero sin dejar de manifestar su fidelidad al matrimonio presidencial, y lo “mutatis mutis mutando” de los titulares de los bloques oficialistas del Senado y Diputados al asegurar que el debate del mensaje cerrado de la Presidenta será tan abierto como corresponda, hace pensar en la conocida “doctrina” del senador Miguel Pichetto, famosa por su reiteración: “estamos aquí para votar lo que el señor Presidente (o Presidenta) ordene”.
A partir del lunes podrá establecerse la autenticidad de los pasos del vicepresidente, el mendocino Julio Cobos, quien fue la voz que puso en marcha la gran mutación de esta historia, cuando reciba al diverso espectro de gobernadores argentinos, lo que no pocos opositores políticos considera innecesario y causó gran molestia presidencial.
Cobos y sus movimientos están hallando muy buena compañía en el vacilante radicalismo K, pero le quedan otras pruebas muy severas para que su transparencia sea perfecta.
Tarea compleja y riesgosa
La tarea de Cobos es muy compleja y riesgosa, pues a su desenvolvimiento con el matrimonio presidencial debe agregar -y lo está tratando de hacer- el logro de una reacción pacificadora en los dirigentes agrarios, de tal forma que no abusen como representantes de bases tan diversas, de los comportamientos desmedidos de los cortes camineros.
Si eso es logrado, la imagen gatopardista se irá diluyendo bajo los efectos del sentido común. El tiempo que el debate parlamentario y de trastienda requiere será prolongado, pero la normalidad política solo será posible si hay garantías suficientes de que el Congreso quedará abierto a la variedad de cuestiones inconstitucionales por las que el Gobierno presidencialista se muestra sofocado.
Mucho indica que el vicepresidente es partidario de poner fin a superpoderes, llegando inclusive a la supresión del estado de emergencia en que se autohabilitan rozando el autoritarismo. La relativa proximidad de la renovación legislativa en las urnas favorece un esfuerzo de esa naturaleza. Especialmente en cuanto a la abusiva facultad fiscal del jefe del Gabinete de reacondicionar el presupuesto a voluntand de la hegemonía presidencial, que como ningún otro superpoder hizo del palacio de las leyes una degradada escribanía.
La fuerte caída de imagen de Cristina de Kirchner durante la crisis se recuperaría rápidamente con una limpieza institucional del Poder Legislativo y de control, como ha demostrado la conmoción suscitada, aunque con un paso torpe, de centrar el conflicto en el Congreso. (De nuestra Sucursal)







