La Universidad, dolor y libertad

A 90 años de la Reforma Universitaria, el presente de la educación superior muestra avances y estancamientos. El futuro del debate por la nueva ley para el sector. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.

21 Junio 2008
"L os dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan", fue una consigna emblemática de la Reforma Universitaria de 1918, movimiento que está cumpliendo 90 años y que, si bien estalló en Córdoba, se desparramó por toda América latina y cambió el concepto de educación superior. Aunque a veces las efemérides son un formalismo, este aniversario de la reforma es propicio para evaluar el debe y el haber de este movimiento democratizador, que nació bajo el contexto de las presidencias de Hipólito Yrigoyen, signadas por los reclamos sociales de las entonces emergentes clases medias que habían bajado de los barcos. En la perspectiva del historiador David Rock, los orígenes de esa "revolución reformista" fueron "los conflictos que tuvieron lugar a comienzos del siglo XX entre la élite criolla y los nuevos grupos de clase media en torno al acceso a las universidades, y, más allá de éstas, a las profesiones liberales urbanas".
Entre los logros de la reforma figuran el cogobierno universitario, la autonomía, el régimen de concurso para el acceso a la docencia, la modificación en los planes de estudio y, filosóficamente, una valorización de "lo americano", frente a una universidad de matriz europea y escolástica. Aunque el foco de la insurrección fue Córdoba, las ondas expansivas de ese movimiento también involucraron a Tucumán, cuyos estudiantes habían decidido nuclearse apenas dos meses antes en la entonces naciente Federación Universitaria Argentina (FUA), con otros jóvenes de Santa Fe, Córdoba, La Plata y Buenos Aires. También en ese contexto ocurrió la nacionalización de la Universidad de Tucumán, nacida provincial.
Si se marca un contrapunto entre 1918 y 2008, hay que celebrar que la Universidad pública argentina ha sido, acorde con esa voluntad reformista, un importante motor de movilidad social. Sin embargo, los indicadores públicos de deserción muestran que el legado de 1918 trastabilla; la Universidad actual no sostiene a miles de jóvenes que han podido iniciar sus estudios superiores, pero que, por diversos motivos (entre ellos económicos) se van del sistema. Hay que decir que en la actual militancia universitaria no se ven resabios de los jóvenes apasionados que crearon la FUA para que los representara. Muchos de los puntos de este debate se reactualizan en la discusión por la nueva ley de Educación Superior, que venía a toda marcha, hasta que la crisis del agro le puso un freno. En el Senado, el vicepresidente Julio Cobos ya ha estado analizando los lineamientos del anteproyecto que impulsa el Poder Ejecutivo, aunque hay una decena más para evaluar. Algunos funcionarios universitarios no kirchneristas evalúan que, a diferencia de lo que pasó en la década de los años 90, cuando se discutía el arancelamiento y el ingreso restringido, el Gobierno nacional pretendía hasta ahora discutir los límites de una autonomía "con matices", para así poder cambiar un mapa político que le resulta adverso. Desde el oficialismo se ha estado impulsando el debate sobre la elección directa y la intervención del Ministerio de Educación en la formulación de las políticas en materia universitaria". De hecho, en estos años el Gobierno nacional ya ha venido definiendo líneas prioritarias para el sector; pero una cosa es hacerlo por resoluciones, y otra, por ley. No obstante, la confrontación entre el Gobierno y el agro parece haber establecido en la cultura política argentina una nueva alianza entre los sectores medios. No parece improbable que cualquier debate ulterior -incluido el que surja alrededor de la ley de Educación Superior- reedite esas alianzas incómodas al kirchnerismo. Con el agregado de que a muchos de sus aliados - los radicales K- que en la Cámara de Diputados suman 23 votos, puede resultarles de difícil digestión la adhesión a cualquier norma que atente en contra de la autonomía universitaria, que es parte del ADN radical.

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