21 Junio 2008 Seguir en 
El partido de La Matanza es el mayor del conurbano bonaerense y constituye un testimonio muy elocuente de la realidad política y social del país. Desde la restauración constitucional, hace ya casi un cuarto de siglo, mantiene una anacrónica administración populista y sus estadísticas muestran los máximos índices de pobreza e indigencia, así como de mortalidad infantil de la región metropolitana, y los mayores de las regiones urbanas del país. Por lo demás, integra la provincia de Buenos Aires, administrada bajo el mismo signo político y con el padecimiento de un déficit fiscal insuperable como tantas otras que por esa causa dependen del poder central por carecer de un régimen adecuado de coparticipación federal, a pesar de ser la de mayor riqueza rural e industrial y de recursos tributarios.
La crisis generada hace ahora 100 días por el paro del campo, debida a la implantación de retenciones confiscatorias e indiscriminadas a la actividad agraria y finalmente convertida en un conflicto político e institucional por el fuerte presidencialismo centralista que pretende administrar al país desde la Plaza de Mayo, está haciendo eclosión en estas horas de oscura incertidumbre. Su testimonio más concluyente es la pretensión de manipular al Congreso mediante un mensaje inédito que los voceros del gobierno calificaron de consumado e inmodificable.
La rebelión fiscal del campo afecta decisivamente a la política centralista de superávit mediante la desmedida presión impositiva y deberá producirse una significativa disminución del crecimiento del gasto público, manejado sin el control constitucional del Congreso.
Planteada esa dificultad, la necesidad del presidencialismo kirchnerista ha sido debilitar al único sector de la economía argentina con productividad del primer mundo y que puede competir holgadamente en el mercado libre internacional sin depender de la Casa Rosada.
En definitiva, se plantea un debate cultural que muy buena parte de la sociedad argentina ha comprendido y cuya evolución deberá suscitar el desarrollo del país o del testimonio de La Matanza. Fenómeno ejemplar para una industrialización dependiente de los subsidios del poder central con origen en la sustitución de importaciones que hace de los empresarios lobistas del poder en lugar de mejores productores de bienes y servicios
La Resolución 125, detonante de la crisis ha sido, pues, más que otra nueva irregularidad, la señal de alarma histórica que la sociedad plurisectorial y multiideológica necesitaba para instaurar el debate histórico del rol de la República en un mundo muy diferente del pasatismo kirchnerista. Por ello, el problema que compromete a los argentinos tras una larga tradición de conflictos sectoriales entre sus gobiernos y las corporaciones, es la particularidad del actual, en el que por vez primera se produce una demanda generalizada para que la crisis se encarrile por vías de la representación parlamentaria de ese gran proyecto nacional que es la Constitución histórica. El problema inmediato es el nivel de dignidad de los representantes del pueblo, para defender el federalismo frente al puerto de Buenos Aires en otra batalla de Caseros que algún mercenario innombrable calificó de traición al absolutismo rosista. Nunca en nuestra historia ha ocurrido algo semejante, cuando las rispideces del discurso autoritario no hallan en la violencia la misma fuerza que en la razón. El mundo reclama nuestra capacidad para darle lo que nos requiere y seguramente será satisfecho si hacemos de este gran debate una batalla cultural.
La crisis generada hace ahora 100 días por el paro del campo, debida a la implantación de retenciones confiscatorias e indiscriminadas a la actividad agraria y finalmente convertida en un conflicto político e institucional por el fuerte presidencialismo centralista que pretende administrar al país desde la Plaza de Mayo, está haciendo eclosión en estas horas de oscura incertidumbre. Su testimonio más concluyente es la pretensión de manipular al Congreso mediante un mensaje inédito que los voceros del gobierno calificaron de consumado e inmodificable.
La rebelión fiscal del campo afecta decisivamente a la política centralista de superávit mediante la desmedida presión impositiva y deberá producirse una significativa disminución del crecimiento del gasto público, manejado sin el control constitucional del Congreso.
Planteada esa dificultad, la necesidad del presidencialismo kirchnerista ha sido debilitar al único sector de la economía argentina con productividad del primer mundo y que puede competir holgadamente en el mercado libre internacional sin depender de la Casa Rosada.
En definitiva, se plantea un debate cultural que muy buena parte de la sociedad argentina ha comprendido y cuya evolución deberá suscitar el desarrollo del país o del testimonio de La Matanza. Fenómeno ejemplar para una industrialización dependiente de los subsidios del poder central con origen en la sustitución de importaciones que hace de los empresarios lobistas del poder en lugar de mejores productores de bienes y servicios
La Resolución 125, detonante de la crisis ha sido, pues, más que otra nueva irregularidad, la señal de alarma histórica que la sociedad plurisectorial y multiideológica necesitaba para instaurar el debate histórico del rol de la República en un mundo muy diferente del pasatismo kirchnerista. Por ello, el problema que compromete a los argentinos tras una larga tradición de conflictos sectoriales entre sus gobiernos y las corporaciones, es la particularidad del actual, en el que por vez primera se produce una demanda generalizada para que la crisis se encarrile por vías de la representación parlamentaria de ese gran proyecto nacional que es la Constitución histórica. El problema inmediato es el nivel de dignidad de los representantes del pueblo, para defender el federalismo frente al puerto de Buenos Aires en otra batalla de Caseros que algún mercenario innombrable calificó de traición al absolutismo rosista. Nunca en nuestra historia ha ocurrido algo semejante, cuando las rispideces del discurso autoritario no hallan en la violencia la misma fuerza que en la razón. El mundo reclama nuestra capacidad para darle lo que nos requiere y seguramente será satisfecho si hacemos de este gran debate una batalla cultural.







