Las zozobras de un Gobierno a la deriva

El alperovichismo comprobó, a partir de los cacerolazos y de los escraches del lunes, que cuando ató su suerte al kirchnerismo perdió el timón para maniobrar su propio destino. Por Alvaro Aurane - Redacción LA GACETA.

19 Junio 2008
"Y vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos / que Dios es con los malos / cuando son más que los buenos". Copla popular española.

"Hoy -admitió el lunes el conspicuo alperovichista, casi gritando por el teléfono, con tañer de cacerolas de fondo- es un buen día para rezar". Esa noche, cuando miles de tucumanos apagaron las luces de sus casas y salieron, entre ollas y bocinas, a mostrar su hartazgo contra los atropellos de la Nación, el funcionarato tucumano entendió cabalmente lo que significa estar a la deriva. El Gobierno provincial había perdido el control de su destino: nada de lo que hiciera podía modificar el rumbo que se había tomado. La suerte dependía de cómo soplaran los vientos nacionales. Porque, cuando estalló el conflicto con el agro, el gobernador había renunciado a timonear la Provincia para, simplemente, seguir a ciegas la corriente del kirchnerismo.
El lunes zozobraron. Porque muchos tucumanos fueron escrachar al mandatario incluso hasta su residencia particular. Desde la esquina (la calle fue bloqueada por la custodia), le gritaron su bronca. Mucha. Mucho. Pero el hombre, el martes, voló a Buenos Aires y corrió, otra vez, a tirarse a los pies del matrimonio que regentea la Nación.
Hay dos versiones que tratan de explicar la actitud del jefe del Ejecutivo provincial. La primera refiere a su pragmatismo. Y pretende que él asumió plenamente, hace tiempo, que, no importa lo que haga, jamás contará con el apoyo de sectores críticos de la sociedad (ubicados en estratos medios y altos), por lo cual no resignará en nombre de ellos su buena relación con el kirchnerismo.
La segunda explicación alude a la impotencia. Advierte que el tucumano ya cruzó el "punto de retorno" y que, respecto de la crisis con el campo, no importa la maniobra que ensaye, ya no podrá despegarse de la Nación. Porque el jefe del Estado provincial, lejos de mantener una actitud conciliadora y dialoguista, se pronunció temprana y reiteradamente a favor de la postura presidencial y contra las demandas de los productores. De hecho, le dijo de todo a los ruralistas. "Eso fue un error político grosero. Y el lunes fueron a enrostrárselo a su casa", reconoce un hombre cercano al alperovichismo pero lejano al Gobierno. Para contrastes alcanza con cruzar la frontera norte: en Salta, el kirchnerista Juan Manuel Urtubey recibió a Cristina de Kirchner el 25 de mayo, con el agro en llamas, y no usó el palco para repartir afrentas contra el campo.
Pero el gobernador que el domingo no pudo mostrar la cara en la cancha del ascendido Atlético Tucumán porque su fervor decano se vio apagado por su temor a ser públicamente repudiado -lo cual ocurrió 24 horas después-, se paseaba ayer más tranquilo por la Capital Federal. Algunos de quienes lo vieron aseguran que su rostro se fue distendiendo de manera directamente proporcional a como iba distendiéndose el clima social, luego de que la Presidenta se acordó de que el país tiene Congreso.
En rigor, el kirchnerismo corrió en estampida a buscar en el Parlamento legitimidad formal, ya que terminaron de revocarle consenso popular con el masivo cacerolazo de este 17 de junio de 2008 que, por momentos, parecía 19 de diciembre de 2001. Y, aparentemente, consiguió su cometido. No por el acto de Plaza de Mayo, soberbia muestra de la capacidad de movilización comprada del aparato estatal que le costó la vida a un tucumano, sino por las reacciones al anuncio presidencial por Cadena Nacional.
Un alto funcionario del Gobierno provincial decía ayer, en comunicación de larga distancia, que diputados y senadores nacionales opositores "entraron como caballos" al corral que abrió la Nación. "Con tal de mantener la exposición mediática que hace muchos años que no tenían, son capaces de avalar cualquier cosa", lapidó. El campo tuvo más cautela: conoce que lo llevan al árido terreno de la política, donde dependen de representantes que a menudo no los representan.
Justamente por eso, el gobernador de Tucumán también lucía ayer varias veces más aliviado que en la mañana del martes, cuando todo y todos eran puro nervio. Por un lado, no tendrá problemas en garantizar el voto de sus ocho diputados, que se reivindican alperovichistas, peronistas o kirchneristas. Por otra parte, que el marido de la Presidenta luciera tan tranquilo cuando debió afrontar su primera conferencia de prensa en cinco años, lo animan a pensar -dicen- en que la suerte ya está echada. Lo expresaba uno de sus colaboradores más cercanos, acostumbrado a lidiar con conflictos en su gestión pública: "para estar tan relajado como Néstor Kirchner, en un contexto como el de ese día, uno tiene que saber que ya está todo arreglado".
Pero la crisis de los 100 días también provocó daños. Por lo pronto, consolidó a los opositores del kirchnerismo, como Elisa Carrió, el gobernador santafesino Hermes Binner, y el "cuco" justicialista Eduardo Duhalde. (Por cierto, ¿qué será de la vida de Roberto Lavagna?) En lo provincial quedaron separados los gobernadores peronistas que pidieron calma, como el chubutense Mario Das Neves y el cordobés Juan Schiaretti, de los mandatarios neoperonistas, como el tucumano y el chaqueño Jorge Capitanich, entregados al kirchnerismo.
En el plano tucumano, el escenario también puede complicarse para el alperovichismo, que ató su suerte a la Nación. Pero el oficialismo vernáculo sigue contando con una ventaja mayúscula: en la escena local no aparece alguien que capitalice sus desaciertos. Y aquí es donde el Gobierno hace su cosecha, sin retenciones. Porque quienes tienen la tarea de enfrentarlo, sólo especulan con que al alperovichismo puede irle mal, en lugar de actuar para que a ellos les vaya bien. Y rezar por el traspié ajeno, además de ser políticamente incorrecto y espiritualmente reprobable, no garantiza resultados. Para el caso, Dios nunca fue candidato. Y los ángeles jamás hicieron campaña.

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