29 Diciembre 2002 Seguir en 
Desde muchas décadas atrás, el pago de la deuda externa genera innumerables polémicas entre los argentinos. Se objeta su legitimidad y si conviene o no pagarla en los términos en que los exigen los organismos multilaterales de crédito que, a pesar de no ser los mayores acreedores de la Argentina, son, sin embargo, quienes imponen las condiciones.
Cuando se fue expulsado de su gobierno el dirigente radical Fernando de la Rúa, a fines de diciembre de 2001, el descalabro económico era innegable.
De tal forma, cuando asumió, interinamente Adolfo Rodríguez Saá, los entendidos no se extrañaron que el dirigente puntano declarara el default (cesación o suspensión del pago de la deuda). Sí sorprendió, tanto a propios como extraños, la forma alegre en que el ex gobernador de San Luis comunicó al mundo su decisión.
Según el experto Jorge Ricardo Marchini, profesor de Economía de la Universidad de Buenos Aires, y titular del Cecomex de la Universidad del Sur, la situación de default era la estación de un corolario que ya se descartaba.
- ¿Cuáles eran los factores que determinaban la declaración de default?
- Influían varios factores, pero fundamentalmente la falta de crédito, la fuga de capitales y sobre todo la imposibilidad argentina de hacerse cargo de los compromisos de la deuda presentaban un frente de tormenta que no podía tener otro desenlace.
Había un problema que ya no tenía solución y que estaba planteado en la deuda privada, con los famosos bonos privados, tramo nacional e internacional.
- Pero, a través del año, el Gobierno adoptó distintos criterios sobre el default...
- En un principio, el default se limitó al sector privado, mientras se cumplía con los compromisos con los organismos internacionales.
En la primera parte de 2002, la Argentina siguió pagando en todo momento y tiró para adelante la negociación con la parte privada.
- Aunque todo se complicó con el incumplimiento de los compromisos con los organismos internacionales
- Ahora, al final del año, el límite de reservas internacionales del Banco Central es comprometido y la decisión del Gobierno es la de no pagar con esos fondos los compromisos con las entidades multilaterales.
Los vencimientos se acumulan en el próximo período y, en los próximos meses, el cronograma es muy exigente.
- ¿Cuál es su opinión sobre la estrategia que adoptó el gobierno?
-Si bien en las últimas semanas las reservas se recuperaron algo, no hay oxígeno para mucho tiempo y se deben tomar decisiones que no se pueden dilatar demasiado para no complicar aún más el panorama.
Existe, entonces, un dilema. Si se paga con las reservas, éstas descenderían al límite, lo que comprometería las condiciones básicas del funcionamiento de la economía, caso de la balanza comercial, y de las condiciones de pago mínimas del país.
La otra posibilidad es suspender los pagos con los organismos.
- ¿Cree usted que hay un "veranito" en la economía?
- Es cierto que la situación ha mejorado en esta última parte del año, en cuanto a la estabilidad cambiaria, y hubo una muy leve recuperación de la economía. Pero hay que ser realistas y resaltar que esa mejora se da en determinados sectores.
Por otra parte, la gran mayoría de la población y la mayor parte de las actividades económicas siguen en una enorme depresión. Y esta situación no sólo tiende a agravarse, sino que tiende a profundizarse por la caída del consumo, debido a la tremenda pérdida de poder adquisitivo de la población. También influyen la falta de inversión y las carencias graves del sistema financiero.
- ¿Se aprecia en el Gobierno que sus medidas están "contagiadas" de electoralismo, como suele suceder tradicionalmente en el país?
- Como estamos a pocos meses de una elección, cualquier medida para realizar un ajuste más fuerte es transitoria.
En este contexto, el Gobierno pretende ahora forzar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, organismo que tiene comprometida su situación al igual que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial. La Argentina no es un pequeño deudor con esas instituciones, y por consiguiente Roberto Lavagna supone que la condición del país, los tiempos políticos, la estabilidad lograda, y la imposibilidad de acordar durante todo el año con el FMI, le permiten tirar de la cuerda hasta llegar a un arreglo conveniente con esta entidad.
- No obstante se siguen demorando las decisiones de fondo que requiere el país desde hace tantos años.
Eso es indudable, y se acrecienta con el paso de las distintas administraciones. Todas estas marchas y contramarchas, declaraciones y desmentidas entre el Gobierno nacional y el FMI, demoran aún más la negociación mayor que está pendiente y que es la reestructuración de los vencimientos para el próximo período con los organismos y la refinanciación de la deuda privada.
Cuando se fue expulsado de su gobierno el dirigente radical Fernando de la Rúa, a fines de diciembre de 2001, el descalabro económico era innegable.
De tal forma, cuando asumió, interinamente Adolfo Rodríguez Saá, los entendidos no se extrañaron que el dirigente puntano declarara el default (cesación o suspensión del pago de la deuda). Sí sorprendió, tanto a propios como extraños, la forma alegre en que el ex gobernador de San Luis comunicó al mundo su decisión.
Según el experto Jorge Ricardo Marchini, profesor de Economía de la Universidad de Buenos Aires, y titular del Cecomex de la Universidad del Sur, la situación de default era la estación de un corolario que ya se descartaba.
- ¿Cuáles eran los factores que determinaban la declaración de default?
- Influían varios factores, pero fundamentalmente la falta de crédito, la fuga de capitales y sobre todo la imposibilidad argentina de hacerse cargo de los compromisos de la deuda presentaban un frente de tormenta que no podía tener otro desenlace.
Había un problema que ya no tenía solución y que estaba planteado en la deuda privada, con los famosos bonos privados, tramo nacional e internacional.
- Pero, a través del año, el Gobierno adoptó distintos criterios sobre el default...
- En un principio, el default se limitó al sector privado, mientras se cumplía con los compromisos con los organismos internacionales.
En la primera parte de 2002, la Argentina siguió pagando en todo momento y tiró para adelante la negociación con la parte privada.
- Aunque todo se complicó con el incumplimiento de los compromisos con los organismos internacionales
- Ahora, al final del año, el límite de reservas internacionales del Banco Central es comprometido y la decisión del Gobierno es la de no pagar con esos fondos los compromisos con las entidades multilaterales.
Los vencimientos se acumulan en el próximo período y, en los próximos meses, el cronograma es muy exigente.
- ¿Cuál es su opinión sobre la estrategia que adoptó el gobierno?
-Si bien en las últimas semanas las reservas se recuperaron algo, no hay oxígeno para mucho tiempo y se deben tomar decisiones que no se pueden dilatar demasiado para no complicar aún más el panorama.
Existe, entonces, un dilema. Si se paga con las reservas, éstas descenderían al límite, lo que comprometería las condiciones básicas del funcionamiento de la economía, caso de la balanza comercial, y de las condiciones de pago mínimas del país.
La otra posibilidad es suspender los pagos con los organismos.
- ¿Cree usted que hay un "veranito" en la economía?
- Es cierto que la situación ha mejorado en esta última parte del año, en cuanto a la estabilidad cambiaria, y hubo una muy leve recuperación de la economía. Pero hay que ser realistas y resaltar que esa mejora se da en determinados sectores.
Por otra parte, la gran mayoría de la población y la mayor parte de las actividades económicas siguen en una enorme depresión. Y esta situación no sólo tiende a agravarse, sino que tiende a profundizarse por la caída del consumo, debido a la tremenda pérdida de poder adquisitivo de la población. También influyen la falta de inversión y las carencias graves del sistema financiero.
- ¿Se aprecia en el Gobierno que sus medidas están "contagiadas" de electoralismo, como suele suceder tradicionalmente en el país?
- Como estamos a pocos meses de una elección, cualquier medida para realizar un ajuste más fuerte es transitoria.
En este contexto, el Gobierno pretende ahora forzar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, organismo que tiene comprometida su situación al igual que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial. La Argentina no es un pequeño deudor con esas instituciones, y por consiguiente Roberto Lavagna supone que la condición del país, los tiempos políticos, la estabilidad lograda, y la imposibilidad de acordar durante todo el año con el FMI, le permiten tirar de la cuerda hasta llegar a un arreglo conveniente con esta entidad.
- No obstante se siguen demorando las decisiones de fondo que requiere el país desde hace tantos años.
Eso es indudable, y se acrecienta con el paso de las distintas administraciones. Todas estas marchas y contramarchas, declaraciones y desmentidas entre el Gobierno nacional y el FMI, demoran aún más la negociación mayor que está pendiente y que es la reestructuración de los vencimientos para el próximo período con los organismos y la refinanciación de la deuda privada.
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