La erosión financiera que no se mira por TV
El gasto público en Tucumán crece a mayor ritmo que los ingresos. La rendición de cuentas sigue siendo una materia pendiente de la gestión. Dónde está el excedente fiscal. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
06 Junio 2008 Seguir en 
El récord de ingresos no alcanza. Parece una idea descabellada, pero no lo es si se analiza desde el punto de vista de la administración financiera. La gestión del gobernador José Alperovich se caracterizó por ser celosa en el cuidado del dinero, pero mantiene el pecado original desde octubre de 2003: sólo se sabe cómo se recauda, pero no en qué se gasta y qué pasó con los excedentes fiscales propios del tiempo de las vacas gordas (mediados de 2004 al primer semestre de 2007).Los contribuyentes tienen la percepción de que el dinero que aportaron al fisco fue a obras urbanas (calles y cordón cuneta), a mejorar el sistema de salud o a dotar de más efectivos a la Policía. No son datos menores, pero una simple rendición de cuentas serviría para cubrir el déficit de comunicación.
La inflación real, esa que le cuesta reconocer al Gobierno, está impactando con fuerza en las finanzas públicas. Durante el primer cuatrimestre del año, el ritmo de incremento de los gastos corrientes (30,4% en la comparación con igual período de 2007) fue mayor que el del aumento de los ingresos (28%), provinciales y nacionales.
De acuerdo con los números oficiales, hasta abril último, el Poder Ejecutivo consumió cerca de un 32% del presupuesto vigente, que seguramente será reformulado en agosto, con la incorporación de partidas que rozarán los $ 800 millones.
Con la continuidad de esa tendencia, más allá de los récords que se batan en el cobro de impuestos, la Provincia puede ir camino al déficit fiscal en un tiempo en el que se necesita tener espalda financiera para hacer frente a lo que se viene, al enfriamiento de la economía y del envío discrecional del dinero por parte de la Casa Rosada.
Por ahora, el superávit financiero cuatrimestral (ascendió a $ 29 millones, de acuerdo con los datos de la Contaduría General) disimula cualquier variación fuerte de las erogaciones. Sucede que las ayudas nacionales, pocas, pero asistencias políticas al fin, no dejaron de enviarse. Por ejemplo, los $ 110 millones para pagar los vencimientos de la deuda tucumana del período enero-abril y algo para obras públicas, en particular, viviendas.
Aun así, el ritmo de la obra pública es prácticamente el mismo que en la primera parte de 2007, aunque las empresas constructoras tienen más problemas para cobrar certificados por la redeterminación de precios, otra consecuencia de la inflación real.
El largo plazo
Esa es una parte de la historia, la de las finanzas de coyuntura. La otra está relacionada con el largo plazo. Si se observa el estado patrimonial de la provincia al 30 de abril pasado, se puede llegar a la conclusión de que el excedente que supo acumular la gestión alperovichista está "invertido" en el largo plazo, en un ítem denominado inversiones financieras, con préstamos de largo aliento por casi $ 1.029 millones, un monto equivalente al 23% del presupuesto vigente. Ese activo no corriente corresponde a los créditos que el Poder Ejecutivo otorgó a los municipios y a las comunas, para pagar sueldos y para ejecutar obras en el interior y en la capital.
El rumbo económico se complicó con problemas políticos. A cualquier hora, mientras está en su despacho privado, el gobernador no saca su vista de los dos televisores encendidos al costado de su escritorio. Desde uno, el más grande, escucha el discurso oficial, ese que debe recitar cada vez que la prensa le consulta sobre el paro del campo y las decisiones que puede llegar a adoptar la Casa Rosada. Del otro, el más pequeño, observa preocupado la dureza de los ruralistas, esos mismos que le reprochan su apego al mensaje K y el desaire a una provincia productora. El tiempo que durará la protesta del campo también aqueja al manejo financiero de un Gobierno que dejó de administrar desde la bonanza.







