EL DOLOR NO TERMINA. Mario y Adrián Moreira, hijos de las víctimas, quieren que el caso se esclarezca totalmente.
27 Diciembre 2002 Seguir en 
Un cuchillo con sangre sería la pista fundamental para detener a los delincuentes que el sábado pasado asesinaron a los hermanos Moreira, en Villa Alem. Los pesquisas descubrieron que las víctimas no habían sido apuñaladas, mientras que el principal sospechoso habría ingresado herido de una cuchillada en el hospital Padilla, el mismo día del brutal crimen.Esto demostraría que los hermanos Normando y Manuel Moreira, de 65 y 67 años, se defendieron de sus atacantes e hirieron a uno de ellos. Sobre las causas del asesinato, la Policía duda sobre si se trataría de un asalto o una venganza, por la saña con que los delincuentes actuaron. Hasta el momento no hay detenidos. Los pesquisas analizan los motivos que habrían llevado a los asesinos a matarlos tan brutalmente: Normando recibió tres disparos y cayó muerto, mientras que Manuel, quien habría querido defenderlo, fue baleado en la axila y murió más tarde en el hospital Padilla.
Un antecedente
Hace tres meses las víctimas también habían sido asaltadas de la misma forma y ellos se habían resistido. "El aguinaldo se pagó por la mañana y por lo tanto no tenían dinero a la hora del homicidio", dijeron los investigadores.
Ayer, los familiares de las víctimas estaban en el lugar de la tragedia: la fábrica ubicada en La Plata 38, donde trabajaban los Moreira. "Tratamos de entender lo que pasó, de buscar respuestas a tanto dolor", expresaron con los ojos empapados los hijos de Manuel, Mario, de 36 años, y Manuel, de 44, y el hijo de Normando, Adrián, de 27 años. "Creemos que fue una ?entregada? y que nuestros padres se defendieron del asalto porque esta fábrica era la razón de sus vidas y no iban a dejar que les quitaran algo, así porque sí", dijeron.
Los últimos momentos
Los familiares no pueden olvidarse de lo que sucedió el sábado. Los hermanos Moreira se habían quedado en la fábrica de radiadores trabajando hasta tarde. "Un primo mío les trajo entradas para ir a bailar a las 19. Mi papá lo atendió con un revólver en la mano. Siempre hacía eso cuando el negocio estaba cerrado", explicó Mario. Luego, una vecina los llamó por teléfono para ofrecerles torta. "Mi papá le dijo que ya se estaban yendo y que no valía la pena. La mujer fue la última que habló con ellos y sintió un fuerte golpe en la puerta, a través del tubo", detalló.
Momentos antes del crimen, María estaba barriendo la vereda. "Vi pasar a dos hombres de 25 años más o menos en una moto. Observaron el lugar y se fueron hasta la esquina. Esperaron a que mi marido (que es policía) se fuera a trabajar y volvieron", relató la única testigo del caso que logró ver a los delincuentes. "Uno de ellos entró a la fábrica con un radiador en la mano y luego sentí los disparos. Salió con la camisa desprendida, parecía que había luchado y que estaba herido. Luego de buscar una pistola 9 milímetros, se escapó junto al que conducía la moto. Fue todo muy rápido", especificó.
Asustados
Los vecinos de la zona quedaron totalmente conmocionados con el hecho y atemorizados. "Le podría haber ocurrido a cualquiera. En esta zona ya no se puede vivir en paz", resumió Marcela Chocobar, encargada de una carnicería. "Tengo tres hijos y no los dejo ni salir hasta la puerta desde el sábado", aclaró Luis Alberto Salvatierra.
Otro vecino, Ariel, comentó que tras el asesinato, muchos habitantes del lugar pensaron en armarse. "Hay asaltos todos los días. La impunidad no tiene límites", expresó. Carmen de Damatto lloró al recordar la muerte de los Moreira porque dijo que eran muy queridos en la zona. "Ya no se puede seguir así", resumió.
Un antecedente
Hace tres meses las víctimas también habían sido asaltadas de la misma forma y ellos se habían resistido. "El aguinaldo se pagó por la mañana y por lo tanto no tenían dinero a la hora del homicidio", dijeron los investigadores.
Ayer, los familiares de las víctimas estaban en el lugar de la tragedia: la fábrica ubicada en La Plata 38, donde trabajaban los Moreira. "Tratamos de entender lo que pasó, de buscar respuestas a tanto dolor", expresaron con los ojos empapados los hijos de Manuel, Mario, de 36 años, y Manuel, de 44, y el hijo de Normando, Adrián, de 27 años. "Creemos que fue una ?entregada? y que nuestros padres se defendieron del asalto porque esta fábrica era la razón de sus vidas y no iban a dejar que les quitaran algo, así porque sí", dijeron.
Los últimos momentos
Los familiares no pueden olvidarse de lo que sucedió el sábado. Los hermanos Moreira se habían quedado en la fábrica de radiadores trabajando hasta tarde. "Un primo mío les trajo entradas para ir a bailar a las 19. Mi papá lo atendió con un revólver en la mano. Siempre hacía eso cuando el negocio estaba cerrado", explicó Mario. Luego, una vecina los llamó por teléfono para ofrecerles torta. "Mi papá le dijo que ya se estaban yendo y que no valía la pena. La mujer fue la última que habló con ellos y sintió un fuerte golpe en la puerta, a través del tubo", detalló.
Momentos antes del crimen, María estaba barriendo la vereda. "Vi pasar a dos hombres de 25 años más o menos en una moto. Observaron el lugar y se fueron hasta la esquina. Esperaron a que mi marido (que es policía) se fuera a trabajar y volvieron", relató la única testigo del caso que logró ver a los delincuentes. "Uno de ellos entró a la fábrica con un radiador en la mano y luego sentí los disparos. Salió con la camisa desprendida, parecía que había luchado y que estaba herido. Luego de buscar una pistola 9 milímetros, se escapó junto al que conducía la moto. Fue todo muy rápido", especificó.
Asustados
Los vecinos de la zona quedaron totalmente conmocionados con el hecho y atemorizados. "Le podría haber ocurrido a cualquiera. En esta zona ya no se puede vivir en paz", resumió Marcela Chocobar, encargada de una carnicería. "Tengo tres hijos y no los dejo ni salir hasta la puerta desde el sábado", aclaró Luis Alberto Salvatierra.
Otro vecino, Ariel, comentó que tras el asesinato, muchos habitantes del lugar pensaron en armarse. "Hay asaltos todos los días. La impunidad no tiene límites", expresó. Carmen de Damatto lloró al recordar la muerte de los Moreira porque dijo que eran muy queridos en la zona. "Ya no se puede seguir así", resumió.







