Importante premio a la música social

24 Mayo 2008
Siempre es saludable e importante cuando un premio internacional distingue iniciativas sociales que contribuyen al mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad. Las orquestas juveniles e infantiles de Venezuela, fundadas por José Antonio Abreu, fueron galardonadas el miércoles con el premio Príncipe de Asturias de las Artes 2008. Se galardona a más de 30 años de trabajo de un hombre que hizo realidad un proyecto, tomando como punto de partida la música.
Compositor, director orquestal, clavecinista, organista, pianista y doctor en Economía, Abreu comenzó a gestar su sueño en 1975. Partió del concepto de que el arte debía dejar de ser un monopolio de las elites para consolidarse como un derecho social de los pueblos. La democratización del arte musical, el carácter de programa social prioritario para la capacitación y rescate de las nuevas generaciones debía imponerse como instrumento de organización social y desarrollo comunitario. La significación social del proyecto orquestal y coral se reflejó en tres esferas: la personal, la familiar y la comunitaria. En la personal es relevante el desarrollo espiritual, moral, intelectual y afectivo de los niños, los adolescentes y los jóvenes involucrados en el fenómeno musical, se señala en la página web del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.
Los integrantes de las orquestas adquieren el autoconcepto, la autoestima, seguridad y confianza en sí mismos, disciplina, paciencia, constancia, solidaridad, compromiso y responsabilidad, y reconocen el valor del esfuerzo personal para alcanzar las metas propuestas y la importancia del aporte individual para el logro colectivo. La experiencia orquestal desde muy temprana edad permite el crecimiento individual dentro de un sano ámbito grupal que influye en el logro de inestimables logros intelectuales, sociales y afectivos como la adquisición de principios y destrezas que favorecen el trabajo en equipo y el surgimiento de un liderazgo constructivo.
El niño, al descubrirse e interesarse por la práctica del instrumento y vislumbrar un posible camino de realización mediante las oportunidades que la orquesta le ofrece, comienza a aspirar la conquista de diversas mejoras económicas y sociales para su núcleo familiar; lo que representa para todos, y para sí mismo, el logro de un mejor ambiente y condiciones favorables a su desarrollo dentro de la sociedad.
El proyecto de Abreu les ha cambiado la vida a cientos de niños, al darles la oportunidad de tener contacto con un elemento de la cultura como la música, pero además los convenció de que es posible soñar con obras perdurables. El Sistema de Orquestas tiene actualmente cerca de 100.000 integrantes.
La iniciativa venezolana tiene varios puntos de contacto con la comenzada en 1982 por el pianista tucumano Miguel Angel Estrella. Música Esperanza trabaja a partir de la música por la paz y la solidaridad; su acción está dirigida a los niños y a los jóvenes de escasos recursos económicos que viven en zonas desfavorables o en villas miseria. A comienzos de la década de 1990, tuvo lugar en Tucumán un encuentro de orquestas juveniles, en el que participó una agrupación venezolana, integrada por jóvenes de una de las regiones más pobres de ese país. Su performance fue notable y estuvo al nivel de las orquestas de Tucumán, de Córdoba y de Santa Fe.
La música es un vehículo del afecto, y como tal, puede convertirse en una herramienta útil para cambiarles el destino a niños y jóvenes excluidos socialmente. Sería importante que estos proyectos sociales a partir del arte se multiplicaran porque contribuyen a formar una juventud sana y con futuro.

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