Paquidermus ionescus

Los pronósticos más optimistas coinciden en que el país se aproxima a una nueva crisis. A esta altura, nadie se anima a proyectar un escenario posible. Pero veamos qué nos rodea. Por Miguel Angel Rouco - Agencia DYN.

04 Mayo 2008
BUENOS AIRES.- La clase política dirigente, lejos de la modernidad, constituye hoy por hoy un verdadero arquetipo de las sociedades primitivas. Campea sobre una Argentina cada vez más confundida y aislada donde los pronósticos más optimistas coinciden en que el país se aproxima a una nueva crisis. A esta altura, nadie se anima a proyectar un escenario posible. Pero veamos que nos rodea.
La inflación, el conflicto con el sector rural, y la consecuente caída de los activos financieros no son otra cosa que la consecuencia palmaria de una crisis fiscal de proporciones. El exceso de gasto, la emisión monetaria y la abultada presión fiscal global resultan asfixiantes. El deterioro del tipo de cambio frente a la inflación demuestra que el modelo pseudo productivo ya culminó toda su fase extractiva y ahora necesita de un nuevo impulso cambiario para retomar la iniciativa. El enorme peso de los servicios e intereses de la deuda obligan a la administración Kirchner a redoblar los ingresos y en la desesperación, la lleva a cruzar la frontera de la tolerancia, de la lógica y de la proporcionalidad.
La disputa por las retenciones, los precios máximos y el cierre de las exportaciones son otros síntomas de la patología aguda que afecta a la economía argentina.
Todo este escenario no se hubiese configurado de no haber forzado a la economía más allá de sus posibilidades y creando una ficción montada en bonanzas estacionales y circunstanciales como lo son los precios de los commodities.
En las últimas horas asistimos a un virtual aislamiento del país, como no se había conocido desde la crisis de 2001. El congelamiento de los títulos públicos por parte del juez de Nueva York, Thomas Griesa, azuzó nuevamente las aguas. La paupérrima perfomance del Gobierno a nivel internacional deja al país indefenso. Y las remotas posibilidades de una eventual llegada de capital se esfumaron rápidamente cuando Standard & Poor’s elevó al nivel “Investment Grade” a la deuda soberana del Brasil, merced al cumplimiento de sus obligaciones, su disciplina fiscal y su crecimiento sostenido. Una verdadera cachetada para la administración argentina. ¿Cuál es la respuesta ante estos graves hechos? Un aumento de la deuda pública, para financiar la construcción del Tren Bala, un verdadero mamarracho faraónico por el cual se van a despilfarrar U$S 4.000 millones.
Otra vez, la culpa es del mundo y no de la Argentina. La clase política achaca la responsabilidad de todos los males al FMI, al Banco Mundial, a los acreedores, al Consenso de Washington y a todo otro ente con signos xenocromáticos.
Ahora, aislados del mundo, por torpeza más que por convicción, nuestro arquetipo obsoleto, se mira el ombligo y le apunta a los productores agropecuarios, a los banqueros, a los industriales, a los profesionales y a todo signo de iniciativa individual.

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