El sacrificio de las PyME durante los 90 fue atroz

El especialista cordobés afirma que la salida de la convertibilidad era necesaria, pero critica la forma en que se hizo la devaluación. La competitividad no depende solamente de la política cambiaria.

22 Diciembre 2002
Carlos Cleri, experto en comercio exterior, sostiene que la Argentina carece de una política exportadora seria, como la que poseen los países desarrollados. Esta es su visión.

- ¿Cómo es hoy la situación de las PyME?
- La situación para las PyME nunca fue buena. Hay un olvido histórico, de décadas. Es muy poco lo que desde el Estado se hizo en favor de la actividad productiva de la PyME, a diferencias de lo que sucede en los países más desarrollados. Estos siempre tienen como eje central de su política económica la actividad de la PyME, lo que permite dar un equilibrio, empleo y consumo al país. En cambio, en la Argentina el sacrificio de las PyME durante la década de 1990 fue inhumano, atroz, por la carencia de financiamiento, la apertura indiscriminada y loca de la economía, el retraso cambiario y las normas impositivas que afectaban directamente a la actividad. La salida de la convertibilidad generó un nuevo golpe.

- ¿En qué sentido?
- Agudizó lo que venía sucediendo. El sistema financiero se cayó a pedazos, productos de la ineficiencia, de la voracidad de algunos bancos y de un Estado que tomó plata y que es tan culpable como los bancos que le prestaron. Ello generó un punto de desequilibrio que hizo que las empresas no tuvieran acceso al financiamiento y que sufrieran, además, una deuda histórica enorme, un mercado reducido, la ruptura absoluta de la cadena de pago, y eliminación de los créditos de proveedores y la exigencia de pago al contado contra culata de camión. La situación es tan difícil que quienes se salvaron son casi héroes.

- ¿Pero la situación en el comercio exterior es distinta?
- Lo es relativamente. Salimos del problema que se arrastraba desde 1994. Ocurre que el amento de los precios internos siguió aumentando, especialmente el de los productos no transables de la economía (servicios, sectores monopólicos, especialmente de las empresas privatizadas), lo que incrementó el de los costos de los productos transables. Cualquiera que produce paga servicios a empresas privatizadas y enfrenta una serie de cuestiones que hacen que los costos de producción se hayan elevado. Además, el tipo de cambio quedó frenado durante la década y eso provocó un encarecimiento de la producción interna frente a la externa. Esto afectó las posibilidades de exportación y de colocación de la producción de las PyME en el mercado interno, porque lo importado entraba con mayor facilidad frente a nuestros costos.

- Pero la salida de la convertibilidad derribó algunos de esos obstáculos...
- La salida de la convertibilidad, que era necesaria, aunque no de la forma en que se hizo -fue una locura, sin orden ni razonabilidad-, afecta positivamente porque generó un golpe de shock y porque salimos de una situación en la que los precios no eran competitivos. El tipo de cambio es uno de los factores que determinan la capacidad de competencia. Más allá de las cuestiones internas y de la producción, también existen otros elementos como el acceso al financiamiento. Si no lo hay, es muy difícil producir para exportar. Algunas operaciones llevan mucho tiempo y en ese momento demandan de una capital de trabajo que está por encima de las posibilidades de las PyME. Por eso el sistema siempre funcionó con un mecanismo de prefinanciación que no existía hasta hace muy poco tiempo (hoy está, pero en algunos bancos). En definitiva, la salida de la convertibilidad resolvió algunas cosas, otras no y algunas están peores, como el acceso al financiamiento. Además, el sesgo antiproductor se mantiene inalterable, no se modificó pese a los cambios.

- ¿Existe una política que promueva las exportaciones?
- Eso requiere del largo plazo y de estar en el mercado internacional durante mucho tiempo, con una presencia continua. Para ello hay que adecuar los productos a las necesidades de la demanda interna. Esto implica una serie de cuestiones que hoy no existen. Sólo con una política económica continua tendremos en dos o tres años resultados positivos para quienes quieran hacer comercio exterior en serio. Que algunos puedan hacer una operación circunstancial o que vengan a comprar porque los precios argentinos del momento son baratos, es una cosa, pero una política en serio sólo tiene resultados en el mediano y largo plazo.

- ¿Cuál es el otro problema que hoy preocupa al sector?
- Dentro de las modificaciones impositivas proyectadas se pretende cobrar impuestos a los reembolsos de las exportaciones. Antes de que suceda esto, preferimos que se quiten los reembolsos, pero no que se los grave. Hacerlo sería reconocer que ellos son un subsidio, mientras que lo otro implica que la devolución es por impuestos que se pagaron en el mercado interno. Con esta insensata medida, el gobierno hará perder miles de millones de dólares a las exportaciones de productos industriales argentinos, porque la Organización Mundial del Comercio aplica sanciones a los países que subsidian las exportaciones, porque eso es lo que aceptaríamos en caso de cobrar ese impuesto. Esto demuestra la irracionalidad con que se manejan las cosas en la Argentina. Sería un nuevo golpe, producto del desconocimiento; un atentados contra la producción y el empleo.

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