La obsesión fiscal del FMI puede martillar la tenue recuperación

Los consejos del Fondo son de naturaleza contraria a lo que la economía argentina necesita hoy.

22 Diciembre 2002
Desde una perspectiva macroeconómica, lo que la Argentina necesita de manera absolutamente prioritaria es fortalecer esta tenue reactivación que, después de más de cuatro años de recesión, diversos indicadores de la actividad parecen mostrar hoy en estado incipiente.
En esta dirección -consolidar la recuperación del crecimiento económico-, la experiencia reciente aconseja tener mucho cuidado con los consejos del FMI. Como todo el mundo sabe, el Fondo actúa de hecho como vocero de los Estados Unidos en el campo financiero internacional. Su objetivo central, entonces, en relación con países deudores como la Argentina es que intenten recomponer los pagos suspendidos de los servicios de la deuda externa. Puede decirse que los intereses que el FMI defiende son, en primerísimo lugar, los intereses financieros de los países acreedores y de las empresas multinacionales que invirtieron en países económicamente menos desarrollados.
En general, el cumplimiento de estos objetivos (los de los acreedores) lleva a los funcionarios del Fondo a imponer, como fue su costumbre, medidas estrictamente fiscalistas. Estas, de manera obsesiva, persiguen conseguir la solvencia fiscal del Estado, que haga posible el pago de los servicios de la deuda externa. Por esta vía, lejos de apuntalar la tenue reactivación que la economía argentina muestra en la actualidad, lo que se conseguirá es sofocarla.
Este escenario, en el cual la recuperación del crecimiento resulta frenada en el mero inicio, fue vivido ya por nuestra economía en los comienzos del gobierno del ex presidente Fernando de la Rúa. La obsesión fiscal llevó a implementar lo que, de manera gráfica aunque quizás un poco exagerada, se llamó impuestazo.
En términos generales, todos los antecedentes que en materia de política económica han caracterizado tradicionalmente a los consejos del FMI son de naturaleza contraria a lo que la economía argentina necesita hoy. Que los consejos del FMI no sean los que hoy se necesitan no quiere decir, por supuesto, que resulte bueno para la economía argentina negarse a firmar un nuevo acuerdo con el FMI, capaz de ayudar a regenerar la confianza perdida. En realidad, estamos frente a uno de los grandes problemas que afrontan los países empobrecidos y endeudados como la Argentina: la ayuda externa puede acelerar su recomposición, pero esto sólo puede conseguirse con políticas económicas serias y autónomas, que van muy a menudo en el sentido estrictamente contrario a las lecciones que pretenden impartir los técnicos del Fondo.

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