22 Diciembre 2002 Seguir en 
Tucumán perdió el histórico encanto que la diferenciaba como el Jardín de la República. Enlodan la imagen de la provincia el escándalo que destaparon las muertes de 17 chicos por la pobreza y el descubrimiento de que no había planes sociales para atender a miles de marginales.Si se deteriora el capital humano, que es el principal tesoro de cualquier sociedad, será difícil salir adelante y no habrá futuro.
El gobierno se desentendió de dar de comer a su pueblo y creó una penosa legión de débiles mentales, analfabetos e indocumentados. Es un pesado lastre que deberán sostener varias generaciones de tucumanos.Los dramas de la desnutrición, creados por el hombre, se pueden prevenir y revertir, pero hay que buscar caminos para combatir la pobreza de familias que ya tienen hijos y nietos con debilidad mental. El cerebro casi completa su crecimiento entre los 14 y 18 meses de vida de las criaturas, período en el que se consolida el cableado neurológico.
Cuando se producen carencias alimentarias en ese crucial período, quedan secuelas imborrables.
La gente está confundida por la gravedad de la crisis y la velocidad de los acontecimientos -se pasa de una mala noticia a otra-, pero no tolera ni se acostumbre a vivir peor. La devaluación y la inflación provocaron un fuerte aumento de la pobreza y causaron una grave caída de los ingresos reales de los asalariados y en los haberes jubilatorios.
En vez de producir reformas en el Estado para mejorar su funcionamiento y bajar el gasto innecesario, los políticos pretenden vivir bien, mientras el resto de la comunidad la pasa mal. La gente está harta de sufrir y exige a la dirigencia que cambie, sobre todo en Tucumán, que perdió la brújula, no tiene inversiones y no se moderniza.
Lo del "veranito" económico se enfrenta con una realidad que indica que el consumo se planchó, porque el poder adquisitivo de los trabajadores no corre por detrás de la inflación. No habrá un mejor clima social mientras no se recupere el valor de los salarios. Algunos privados recibieron el aumento de $ 100, pero los ingresos reales de los asalariados (en blanco o en negro) y de los cuentapropistas cayeron drásticamente. Los estatales no recibieron mejoras.
Además, aumentaron la informalidad y no cede la desocupación. Menos gente ocupada cobra menos salarios, aunque la proliferación de subsidios sociales permiten aliviar el descontento y la desilusión.En este panorama, uno de los problemas más serios es la crisis de la seguridad de los tucumanos y que se irá complicando con el tiempo. En estos días, nadie está a salvo de ser asaltado o atacado. Como servicio esencial del Estado, la seguridad es uno de los que más calidad perdió y eso complica el nivel de vida de la gente. Tucumán se hunde y se latinoamericaniza, mientras los pobres, los nuevos empobrecidos y desempleados y la clase media se desesperan por cuidar lo poco que les queda.
Tucumán es un enfermo que está muy mal, al borde de la muerte. Algo de estabilidad, menos inflación y un poco más de dinero en la calle no significa que se curará de inmediato. Algunos perciben una suave reactivación, pero no hay signos de recuperación y de crecimiento, que significan otras cosas: créditos, inversiones, confianza.
El comercio sabe que tendrá más ventas, pero no ve en los políticos los planes y el coraje necesarios para sacar a la provincia de la decadencia. La mayoría de los negocios enfrenta dificultades graves, adeuda créditos e impuestos, y no sabe qué hacer con el dinero que recibirá para las fiestas. Las alternativas son guardar la plata, pagar deudas o comprar mercadería.
En sus propios niveles, los consumidores tienen los mismos problemas.
El gobierno se desentendió de dar de comer a su pueblo y creó una penosa legión de débiles mentales, analfabetos e indocumentados. Es un pesado lastre que deberán sostener varias generaciones de tucumanos.Los dramas de la desnutrición, creados por el hombre, se pueden prevenir y revertir, pero hay que buscar caminos para combatir la pobreza de familias que ya tienen hijos y nietos con debilidad mental. El cerebro casi completa su crecimiento entre los 14 y 18 meses de vida de las criaturas, período en el que se consolida el cableado neurológico.
Cuando se producen carencias alimentarias en ese crucial período, quedan secuelas imborrables.
La gente está confundida por la gravedad de la crisis y la velocidad de los acontecimientos -se pasa de una mala noticia a otra-, pero no tolera ni se acostumbre a vivir peor. La devaluación y la inflación provocaron un fuerte aumento de la pobreza y causaron una grave caída de los ingresos reales de los asalariados y en los haberes jubilatorios.
En vez de producir reformas en el Estado para mejorar su funcionamiento y bajar el gasto innecesario, los políticos pretenden vivir bien, mientras el resto de la comunidad la pasa mal. La gente está harta de sufrir y exige a la dirigencia que cambie, sobre todo en Tucumán, que perdió la brújula, no tiene inversiones y no se moderniza.
Lo del "veranito" económico se enfrenta con una realidad que indica que el consumo se planchó, porque el poder adquisitivo de los trabajadores no corre por detrás de la inflación. No habrá un mejor clima social mientras no se recupere el valor de los salarios. Algunos privados recibieron el aumento de $ 100, pero los ingresos reales de los asalariados (en blanco o en negro) y de los cuentapropistas cayeron drásticamente. Los estatales no recibieron mejoras.
Además, aumentaron la informalidad y no cede la desocupación. Menos gente ocupada cobra menos salarios, aunque la proliferación de subsidios sociales permiten aliviar el descontento y la desilusión.En este panorama, uno de los problemas más serios es la crisis de la seguridad de los tucumanos y que se irá complicando con el tiempo. En estos días, nadie está a salvo de ser asaltado o atacado. Como servicio esencial del Estado, la seguridad es uno de los que más calidad perdió y eso complica el nivel de vida de la gente. Tucumán se hunde y se latinoamericaniza, mientras los pobres, los nuevos empobrecidos y desempleados y la clase media se desesperan por cuidar lo poco que les queda.
Tucumán es un enfermo que está muy mal, al borde de la muerte. Algo de estabilidad, menos inflación y un poco más de dinero en la calle no significa que se curará de inmediato. Algunos perciben una suave reactivación, pero no hay signos de recuperación y de crecimiento, que significan otras cosas: créditos, inversiones, confianza.
El comercio sabe que tendrá más ventas, pero no ve en los políticos los planes y el coraje necesarios para sacar a la provincia de la decadencia. La mayoría de los negocios enfrenta dificultades graves, adeuda créditos e impuestos, y no sabe qué hacer con el dinero que recibirá para las fiestas. Las alternativas son guardar la plata, pagar deudas o comprar mercadería.
En sus propios niveles, los consumidores tienen los mismos problemas.
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