El temerario rumbo de la crisis
En el Gobierno parece que no miden con certeza la dimensión que tiene el conflicto político generado por la disputa con el campo. Abastecimiento o estado de sitio. Por Angel Anaya - Columnista.
01 Abril 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Solamente un diablo criollo puede haber trazado el camino por donde deben transcurrir las negociaciones de una crisis política como la del campo. Y únicamente a él se le puede haber ocurrido convocar a un acto oficialista bajo el balcón presidencial, mientras los Kirchner tratan de acordar con la intransigente coalición agraria. Será el tercer discurso en 10 días de la Presidenta a plena voz, seguramente con sus balances de descalificaciones y seducciones que configuran un anacrónico mensaje que no advierte esa inspiración diabólica.
La Plaza de Mayo ha sido prolijamente acotada para el “moyanismo cegetista” -donde el diablo ha metido también su cola-, el “piqueterismo pretoriano” que en la prensa del exterior se lo observa lo más parecido al fascismo histórico, y al rentado cordón del conurbano, y el coro del auditorio difícilmente colabore con la promesa negociadora de CFK. En consecuencia, la interna del poder hierve y solo el diablo sabe cómo será la situación al día siguiente.
La Presidenta no puede viajar a Londres y solo espera lo que resuelva la señal diabólica para resolver si lo hará a París, pues, como es notorio, el vicepresidente K, Julio Cobos, no integra el círculo reducido para la sucesión transitoria y está pasando también por la interna provocada en el seno del radicalismo emigrante al kirchnerismo.
Sin poder arbitral
El círculo para la solución es cada vez más reducido, pues el frente rural ha seguido posponiendo el debate de sus diferencias internas, porque observa cada vez más ambiciosa la pretensión gubernamental de colocar al campo en su timbrera manipuladora.
La ausencia del Congreso es de tal naturaleza que hasta se lo intuye ignorando la aplicación de la Ley de Abastecimiento con todas las dudas que su vigencia provoca o, si el diablo dispone, el estado de sitio para asegurar un abastecimiento cada día más precario.
Lo que el poder parece no advertir, hasta el punto de ignorarla, es la dimensión política de la crisis, de aquellos que en apariencia se suman al campo y representan el 30% de abstención en las urnas de octubre y el 55% de quienes no lo votaron. Después del acto de hoy, gobernadores e intendentes deberán regresar a sus distritos con una nueva carga de problemas, si es que de esa multitud y la eventual seducción de la Presidenta no surge la gran solución.
De lo contrario, la crisis se tensionará de tal forma que la paz ni siquiera consistirá en el armisticio del diálogo tan fuertemente condicionado. Se acercan horas muy difíciles para las que hace falta un poder arbitral que impida un naufragio de esta democracia a los tumbos. (De nuestra Sucursal)







