31 Marzo 2008 Seguir en 
El arte es una de las manifestaciones más elevadas de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros. “El crecimiento del hombre se considera un proceso gradual de agrandamiento físico y de maduración acompañado del desarrollo de diversas facultades mentales, tales como el pensamiento y el entendimiento. La función más importante de la educación concierne a la orientación psicológica, por lo que reviste gran importancia en ese sentido la educación de la sensibilidad estética, que abarque todos los modos de expresión individual, literaria, poética y musical, que debería denominarse educación estética, basada en la educación de los sentidos de forma armónica para constituir una personalidad integrada”, afirmaba Herbert Edward Read (1893-1968), filósofo, político, poeta, anarquista y crítico de literatura y arte inglés.
En estos tiempos convulsionados, cuando se viene produciendo un preocupante incremento de la violencia, del consumo de droga, de la delincuencia juvenil, parece oportuno reflexionar acerca de la necesidad de incorporar las distintas expresiones artísticas en forma activa en la educación.
Por ejemplo, el teatro, pensado como proceso de aprendizaje y no como un resultado, permite desarrollar la creatividad individual y grupal, estimula la integración en conjunto a través del juego dramático, desarrollando el vínculo y la confianza personal. Por otro lado, al tratarse de un hecho vivo que genera, al mismo tiempo, comunicación.
El teatro puede significar para el niño y el joven no sólo un camino de formación, sino de entretenimiento dinámico. Es también un vehículo importante para alejar al chico de la actitud pasiva frente al televisor. Algunos colegios privados o universitarios lo han incorporado como una asignatura optativa, pero no sucede lo mismo en la mayoría de las escuelas públicas.
Sería también auspicioso que en el seno de los establecimientos educativos se crearan coros. Se suele decir que un niño que canta es un niño feliz. La actividad coral no sólo estimula la sensibilidad infantil sino que tempranamente inicia al niño en la vida asociativa, donde aprende a compartir y a comunicarse, independientemente del hecho artístico. En un coro todos sus integrantes son importantes, y el producto final será logrado si cada uno aporta su voz. Si el director sabe guiar los deseos y, al mismo tiempo, impregnar de amor cada canción, los ayudará a fortalecer su espíritu.
Como ejercicio de las relaciones humanas, el coro puede ser un vehículo para la práctica futura de la solidaridad, virtud que se va extinguiendo en una sociedad cada vez más individualista, regida por las leyes del mercado.
Sería interesante que el Ministerio de Educación dispusiera que en cada establecimiento hubiera un elenco teatral o un coro, y lo mismo hiciera la Universidad Nacional de Tucumán en sus escuelas experimentales y en sus facultades. De ese modo, se estaría iniciando a los niños y a los jóvenes no sólo en una elevada actividad artística, sino que también aprenderían acerca de la importancia de la convivencia y que el esfuerzo de cada uno redunda en beneficio del conjunto. De la UNT egresan profesores de Teatro y de Música, de manera que la falta de docentes especializados no sería un escollo.
En la medida en que el sistema educativo se enriquezca con el aporte de las expresiones artísticas, estaremos fortaleciendo el espíritu de nuestros hijos y contribuiremos a una sociedad mejor.
En estos tiempos convulsionados, cuando se viene produciendo un preocupante incremento de la violencia, del consumo de droga, de la delincuencia juvenil, parece oportuno reflexionar acerca de la necesidad de incorporar las distintas expresiones artísticas en forma activa en la educación.
Por ejemplo, el teatro, pensado como proceso de aprendizaje y no como un resultado, permite desarrollar la creatividad individual y grupal, estimula la integración en conjunto a través del juego dramático, desarrollando el vínculo y la confianza personal. Por otro lado, al tratarse de un hecho vivo que genera, al mismo tiempo, comunicación.
El teatro puede significar para el niño y el joven no sólo un camino de formación, sino de entretenimiento dinámico. Es también un vehículo importante para alejar al chico de la actitud pasiva frente al televisor. Algunos colegios privados o universitarios lo han incorporado como una asignatura optativa, pero no sucede lo mismo en la mayoría de las escuelas públicas.
Sería también auspicioso que en el seno de los establecimientos educativos se crearan coros. Se suele decir que un niño que canta es un niño feliz. La actividad coral no sólo estimula la sensibilidad infantil sino que tempranamente inicia al niño en la vida asociativa, donde aprende a compartir y a comunicarse, independientemente del hecho artístico. En un coro todos sus integrantes son importantes, y el producto final será logrado si cada uno aporta su voz. Si el director sabe guiar los deseos y, al mismo tiempo, impregnar de amor cada canción, los ayudará a fortalecer su espíritu.
Como ejercicio de las relaciones humanas, el coro puede ser un vehículo para la práctica futura de la solidaridad, virtud que se va extinguiendo en una sociedad cada vez más individualista, regida por las leyes del mercado.
Sería interesante que el Ministerio de Educación dispusiera que en cada establecimiento hubiera un elenco teatral o un coro, y lo mismo hiciera la Universidad Nacional de Tucumán en sus escuelas experimentales y en sus facultades. De ese modo, se estaría iniciando a los niños y a los jóvenes no sólo en una elevada actividad artística, sino que también aprenderían acerca de la importancia de la convivencia y que el esfuerzo de cada uno redunda en beneficio del conjunto. De la UNT egresan profesores de Teatro y de Música, de manera que la falta de docentes especializados no sería un escollo.
En la medida en que el sistema educativo se enriquezca con el aporte de las expresiones artísticas, estaremos fortaleciendo el espíritu de nuestros hijos y contribuiremos a una sociedad mejor.







