Cartas de lectores

30 Marzo 2008
PA­RO DEL AGRO (I)
La unión ha­ce la fuer­za. En es­te mo­men­to no hay gen­te del cam­po ni del no cam­po, aho­ra so­mos to­dos ar­gen­ti­nos. No per­mi­ta­mos que nos pon­gan en ve­re­das di­fe­ren­tes. Sea­mos una so­la fuer­za, lu­chan­do por nues­tro pue­blo y por nues­tro país. La gen­te del cam­po usa esas 4x4 (de las cua­les ha­blan tan­to) pa­ra tra­ba­jar. Ojo, que no las usan pa­ra pa­sear por ahí pa­ra ha­cer pin­ta. Y, si ob­ser­va­mos bien, no to­das son úl­ti­mo mo­de­lo. Y si mi­ra­mos un po­co más, ve­re­mos ros­tros y ma­nos cur­ti­dos por el sol, la llu­via y el vien­to, de tra­ba­jar y de cui­dar las tie­rras y los cul­ti­vos. Que tam­bién son nues­tros, por­que son ar­gen­ti­nos. Y de los mi­llo­nes que re­cau­dan. Por fa­vor, sea­mos co­he­ren­tes. Tan­to co­mo hay gran­des pro­duc­to­res (que son los me­nos y algunos, ami­gos del Go­bier­no al­gu­nos), tam­bién es­tán los pe­que­ños y me­dia­nos agri­cul­to­res. Y les ase­gu­ro que lo mu­cho o lo po­co que pro­du­cen es fru­to de tra­ba­jar 10, 12 o más ho­ras por día. Con el ries­go de per­der­lo to­do an­te al­gu­na inun­da­ción, pla­ga o qui­zás un re­vés en la eco­no­mía. Tras años de ha­ber “pa­sa­do ham­bre” la gen­te de cam­po, es ho­ra de que se re­cu­pe­ren un po­co. ¿Por qué no los de­ja­mos? ¿Por qué nos cues­ta a los ar­gen­ti­nos imi­tar a quie­nes les va bien, en lu­gar de ti­rar­les pa­ra que cai­gan?



PA­RO DEL AGRO (II)
Hoy re­sul­ta que una gran par­te de la po­bla­ción apo­ya los cor­tes de ru­ta de la pa­tro­nal que pro­du­ce de­sabas­te­ci­mien­to e in­fla­ción. El pue­blo ar­gen­ti­no, ig­no­ran­do las con­se­cuen­cias de sus ac­cio­nes, acom­pa­ña las ca­ce­ro­las de la cla­se me­dia al­ta, jun­to a gran par­te del mun­do me­diá­ti­co, y es­tán re­cla­man­do -lo se­pan o no- que au­men­ten los pre­cios de los ali­men­tos.  Se­gu­ra­men­te, el in­cre­men­to de pre­cios no va a afec­tar los bol­si­llos de los pi­que­te­ros de la pa­tro­nal sub­si­dia­dos, o el bol­si­llo de los po­lí­ti­cos pri­vi­le­gia­dos porque sus in­gre­sos se ubi­can del me­dio pa­ra arri­ba de la pi­rá­mi­de. Pe­ro sí causarán un efec­to con­tun­den­te y de­vas­ta­dor pa­ra los asa­la­ria­dos po­pu­la­res y los pe­que­ños agri­cul­to­res pos­ter­ga­dos. En el 80 fue el gol­pe del mer­ca­do; en los 90 el gol­pe del ries­go país; en 2001 el gol­pe del co­rra­li­to; hoy es­te gol­pe in­fla­cio­na­rio po­pu­lar­men­te apo­ya­do, (no im­por­ta si es­tás del la­do del Go­bier­no o del cam­po) afec­ta­rá nue­va­men­te el bie­nes­tar de la cla­se me­dia-ba­ja. Ya po­de­mos ha­blar de de­sa­bas­te­ci­mien­to, de au­men­to de pre­cios, de es­pe­cu­la­ción. Es­ta vio­len­cia eco­nó­mi­ca es peor que los cor­tes de ru­ta o los pi­que­tes y se no­ta en la le­che, azú­car, pan, re­me­dios, en la ro­pa, gas, agua, luz y, so­bre to­do, en la obli­ga­da des­nu­tri­ción po­pu­lar, cu­yos úni­cos res­pon­sa­bles son dos con­trin­can­tes so­ber­bios. Usen las pie­dras que se ti­ran pa­ra cons­truir un puen­te de diálo­go que en me­dio del río es­tá el pue­blo. No sé có­mo ha­rán el Go­bier­no y el cam­po pa­ra que los in­cre­men­tos de pre­cios vuel­van a los va­lo­res an­te­rio­res a los pi­que­tes. La ta­rea re­que­ri­rá de una gran ca­pa­ci­dad de ges­tión y de ins­tru­men­ta­ción de po­lí­ti­cas pú­bli­cas. Pe­ro, si ca­da so­lu­ción pro­pues­ta la pre­ce­de un pi­que­te, co­mo se pue­de ver en es­tos úl­ti­mos tiem­pos, en­ton­ces las so­lu­cio­nes no son ta­les. Bus­que­mos so­lu­cio­nes jus­tas, y an­tes de apli­car­las, expliquemos los por­qués. Ar­gen­ti­na es un país de paz. No fa­bri­que­mos con­flic­tos por so­ber­bia, porque la so­ber­bia es el pri­mer pa­so ha­cia el fra­ca­so.

An­gel Eduar­do Pé­rez Ra­mí­rez
Tha­mes  942
San Mi­guel de Tu­cu­mán


TRES OBRAS SO­CIA­LES
Es­toy ca­sa­da con un do­cen­te compulsivamente afi­lia­do a tres obras so­cia­les por tra­ba­jar pa­ra tres lugares dis­tin­tos. Pa­ga en­ton­ces tres ser­vi­cios de se­pe­lio. No quie­ro ser ago­re­ra, pe­ro to­do hom­bre es mor­tal, mi ma­ri­do es un hom­bre, lue­go, es mor­tal. Cuan­do lle­gue el mo­men­to fa­tal ¿ten­dré de­re­cho a pe­dir  los tres fé­re­tros, las tres sa­las y los tres te­rre­ni­tos? Me nie­go a par­ce­lar su ca­dá­ver. ¿Es­tá pre­vis­ta una com­pen­sa­ción por los dos ser­vi­cios que no usa­rá? ¿Quién se que­da­rá con el di­ne­ro de pres­ta­cio­nes im­po­si­bles de so­li­ci­tar?

Adria­na Mar­tí­nez
Mat­heu 1.314
S.M. de Tu­cu­mán

FU­TU­RO IN­CIER­TO
Las au­to­ri­da­des eco­nó­mi­cas de los Es­ta­dos Uni­dos se ma­ni­fies­tan preo­cu­pa­das por la pro­fun­di­za­ción de la cri­sis fi­nan­cie­ra que azo­ta ese país. Ello nos lle­va a su­po­ner -an­te la can­ti­dad de va­ria­bles ne­ga­ti­vas- que la pri­me­ra po­ten­cia mun­dial se en­cuen­tra en el um­bral de la re­ce­sión. Lo co­rro­bo­ra el dra­má­ti­co lla­ma­do del ti­tu­lar de la Re­ser­va Fe­de­ral al sec­tor ban­ca­rio, a po­ner en mar­cha un me­ca­nis­mo que fa­ci­li­te a los dis­tin­tos deu­do­res hi­po­te­ca­rios con pro­ble­mas el cum­pli­mien­to de sus obli­ga­cio­nes. Ber­nan­ke es pe­si­mis­ta y sos­tie­ne que la cri­sis pue­de ir a peor; que las eje­cu­cio­nes hi­po­te­ca­rias pue­den au­men­tar y que mu­chos ban­cos en­tra­rían en ban­ca­rro­ta por la cons­tan­te de­pre­cia­ción del va­lor de los in­mue­bles que ga­ran­ti­zan los cré­di­tos. Más aún: la Re­ser­va Fe­de­ral me­dian­te un in­for­me con­fir­ma­ría que la “es­tan­fla­ción” sue­na en el oí­do de los in­ver­so­res. En el or­den lo­cal el fu­tu­ro es in­cier­to. To­do en el país es­tá tras­to­ca­do; mien­tras las re­la­cio­nes ex­te­rio­res no asu­man el rol de po­lí­ti­cas de Es­ta­do y no se im­pon­ga un nue­vo or­den eco­nó­mi­co, po­lí­ti­co, ins­ti­tu­cio­nal y gre­mial -de en­trar en re­ce­sión la pri­me­ra eco­no­mía mun­dial y de pro­du­cir­se una ba­ja en el pre­cio de los com­mo­di­ties- va­nos se­rán los es­fuer­zos que se ha­gan pa­ra con­te­ner los cim­bro­na­zos eco­nó­mi­cos de­ri­va­dos del fla­ge­lo. Al fe­nó­me­no que se ave­ci­na de­be su­mar­se la in­fla­ción en des­ma­dre que puede incrementarse por la re­com­po­si­ción ta­ri­fa­ria y por la ac­tua­li­za­ción sa­la­rial. La cri­sis ener­gé­ti­ca des­ve­la al Go­bier­no. Se bus­can so­lu­cio­nes co­yun­tu­ra­les que no sa­tis­fa­cen a los agen­tes eco­nó­mi­cos, los cua­les du­dan de la pro­vi­sión re­gu­lar del flui­do pa­ra el pró­xi­mo in­vier­no. A ello se agre­ga la gra­ve pro­tes­ta del cam­po por la vo­ra­ci­dad fis­cal, que -de per­sis­tir- pro­vo­ca­ría dis­mi­nu­ción de in­gre­sos a las ar­cas del Es­ta­do y de­sa­bas­te­ci­mien­to. To­das es­tas si­tua­cio­nes nos lle­van a la con­clu­sión de que Ar­gen­ti­na es­tá en­tran­do en un co­no de som­bras en el que el peor de sus ma­les es la fal­ta de pre­vi­si­bi­li­dad.

Je­sús Fran­cis­co To­rres
Av. Acon­qui­ja 1.174
Yer­ba Bue­na-Tu­cu­mán


BU­RO­CRA­CIA
¿Quién es la per­so­na res­pon­sa­ble de la emisión de los títulos se­cun­da­rios? Lo pre­gun­to por­que los alum­nos que egre­san de la es­cue­la se­cun­da­ria “Ge­ne­ral Bel­gra­no” de­ben pa­de­cer una lar­ga es­pe­ra has­ta la en­tre­ga de su tí­tu­lo, lo que les oca­sio­na in­con­ve­nien­tes pa­ra con­ti­nuar sus es­tu­dios uni­ver­si­ta­rios. Es un lar­go ca­mi­no el que de­ben re­co­rrer. Cuan­do van a re­cla­mar en la es­cue­la, les di­cen que se di­ri­jan al Mi­nis­te­rio de Edu­ca­ción, y de allí los man­dan de nue­vo al lo­cal es­co­lar. El re­cla­mo du­ra de seis me­ses a un año, lo que ha­ce que ge­ne­ral­men­te los alum­nos pier­dan de cur­sar el pri­mer año de cual­quier ca­rre­ra. ¿Has­ta cuán­do se de­be­rá so­por­tar tan­ta bu­ro­cra­cia que vul­ne­ra los de­re­chos de los jó­ve­nes que de­sean ac­ce­der a una edu­ca­ción su­pe­rior?

Su­sa­na Ma­ría Ruiz
Rondeau 2.126
San Miguel de Tucumán


JUBILADOS
Debido a la gran can­ti­dad de pla­ta que hay dis­po­ni­ble en las cuen­tas pre­vi­sio­na­les, es deplorable  lo que el Gobierno les ha­ce a los ju­bi­la­dos. El au­men­to del 15% pa­ra el sec­tor -pa­ga­de­ro en dos cuo­tas- ya fue fa­go­ci­ta­do por la gran inflación que hay en el país. Los problemas de caja que tiene el Go­bier­no por el des­pil­fa­rro de los fon­dos públicos provocan que no pue­da usar -mal­ver­san­do- la pla­ta que es pro­pie­dad de quie­nes tendrían que es­tar en ple­no uso de sus ju­bi­leos.

Carlos Alberto del Pino
carlosdelpino@yahoo.com

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