30 Marzo 2008 Seguir en 
Los tucumanos conocemos poco o nada acerca de quiénes somos, de nuestra historia, de los hombres que entregaron su talento, su intelecto y su energía para el desarrollo económico y espiritual de nuestra provincia. Prueba de lo que afirmamos es una nota que publicamos hace unos días, donde se señala que muchos vecinos desconocen el nombre de la plaza de su barrio o no saben por qué lleva determinado nombre de persona destacada o de algún suceso histórico local, nacional o de algún otro país.
En algunos casos, este desconocimiento se debe a que los paseos públicos carecen de identificación o, si alguna vez la tuvieron, esta fue destruida o se encuentra ilegible. De acuerdo con un informe municipal, San Miguel de Tucumán cuenta con 144 espacios verdes: 46 plazas se hallan en el centro y en diferentes barrios; hay 74 plazoletas, nueve parques y 15 rotondas y parquizaciones. De esa cifra, 22 plazas y plazoletas aún no han sido bautizadas.
La concurrida plaza de Villa Luján, por ejemplo, se llama 1º de Mayo. Pocos saben que el paseo del barrio Belgrano se denomina Uladislao Frías, en recuerdo del gobernador tucumano y ministro de Sarmiento; en Inca Garcilaso al 1.700 se ubica la plaza José Sortheix, que fue gobernador provincial en 1928; el paseo del barrio San Cayetano se denomina Juana Manso, en honor de la pedagoga argentina que nació en 1819 y falleció en 1875, y que se destacó también como mujer de leyes; fue consultada por muchos hombres ilustrados de su época y dedicó su vida a defender a la educación popular. En Bernabé Aráoz al 700 está la plazoleta Jonas Salk, en homenaje al fisiólogo estadounidense, mentor de la vacuna contra la poliomielitis, y frente al cementerio del Oeste se ubica la plazoleta Alfredo Gramajo Gutiérrez, pintor de destacada actuación a nivel nacional nacido en la localidad de Monteagudo en 1893 y fallecido en 1961. Dicho sea de paso, en ese paseo público presidido por un centenario San Antonio, yace desde 1928 la estatua “Parábola”, del escultor tucumano Pompilio Villarrubia Norri, que se encuentra muy deteriorada. Como se recordará, el hermoso monumento estuvo en la plaza Independencia -hacia la esquina de San Martín y 25 de Mayo- entre 1911 y el año en que se lo trasladó frente a la necrópolis.
Según un edil capitalino, desde hace dos años se halla en vigencia una ordenanza que exige que todo espacio verde debe estar identificado y que la mayoría de las plazas que cumplen con ese requisito no brindan en los carteles información acerca de quién es la personalidad o cuál fue el hecho histórico por los cuales se bautizó el paseo.
Pero esta ignorancia no sólo está referida a los paseos públicos sino también a las calles. Consciente de que era necesario un aporte de tal índole a nuestra cultura, LA GACETA publicó en 1985 el libro “Tucumán, las calles y sus nombres”, que fue reeditado y actualizado en 2005.
Los planes de estudios de los distintos niveles educativos (primario, secundario, universitario) no incluyen la enseñanza de la historia de Tucumán en forma obligatoria. Es posible que quienes nos gobiernan desde hace varios lustros tengan también un escaso conocimiento de nuestro pasado. En contrapartida, historiadores e investigadores locales publican con cierta asiduidad libros sobre distintas facetas de Tucumán, pero que no llegan a trascender a la comunidad. Si supiésemos más acerca de nosotros, seguramente valoraríamos más el rico patrimonio cultural porque tendríamos una identidad y un sentido de pertenencia. Se suele decir que un pueblo sin historia no tiene futuro.
En algunos casos, este desconocimiento se debe a que los paseos públicos carecen de identificación o, si alguna vez la tuvieron, esta fue destruida o se encuentra ilegible. De acuerdo con un informe municipal, San Miguel de Tucumán cuenta con 144 espacios verdes: 46 plazas se hallan en el centro y en diferentes barrios; hay 74 plazoletas, nueve parques y 15 rotondas y parquizaciones. De esa cifra, 22 plazas y plazoletas aún no han sido bautizadas.
La concurrida plaza de Villa Luján, por ejemplo, se llama 1º de Mayo. Pocos saben que el paseo del barrio Belgrano se denomina Uladislao Frías, en recuerdo del gobernador tucumano y ministro de Sarmiento; en Inca Garcilaso al 1.700 se ubica la plaza José Sortheix, que fue gobernador provincial en 1928; el paseo del barrio San Cayetano se denomina Juana Manso, en honor de la pedagoga argentina que nació en 1819 y falleció en 1875, y que se destacó también como mujer de leyes; fue consultada por muchos hombres ilustrados de su época y dedicó su vida a defender a la educación popular. En Bernabé Aráoz al 700 está la plazoleta Jonas Salk, en homenaje al fisiólogo estadounidense, mentor de la vacuna contra la poliomielitis, y frente al cementerio del Oeste se ubica la plazoleta Alfredo Gramajo Gutiérrez, pintor de destacada actuación a nivel nacional nacido en la localidad de Monteagudo en 1893 y fallecido en 1961. Dicho sea de paso, en ese paseo público presidido por un centenario San Antonio, yace desde 1928 la estatua “Parábola”, del escultor tucumano Pompilio Villarrubia Norri, que se encuentra muy deteriorada. Como se recordará, el hermoso monumento estuvo en la plaza Independencia -hacia la esquina de San Martín y 25 de Mayo- entre 1911 y el año en que se lo trasladó frente a la necrópolis.
Según un edil capitalino, desde hace dos años se halla en vigencia una ordenanza que exige que todo espacio verde debe estar identificado y que la mayoría de las plazas que cumplen con ese requisito no brindan en los carteles información acerca de quién es la personalidad o cuál fue el hecho histórico por los cuales se bautizó el paseo.
Pero esta ignorancia no sólo está referida a los paseos públicos sino también a las calles. Consciente de que era necesario un aporte de tal índole a nuestra cultura, LA GACETA publicó en 1985 el libro “Tucumán, las calles y sus nombres”, que fue reeditado y actualizado en 2005.
Los planes de estudios de los distintos niveles educativos (primario, secundario, universitario) no incluyen la enseñanza de la historia de Tucumán en forma obligatoria. Es posible que quienes nos gobiernan desde hace varios lustros tengan también un escaso conocimiento de nuestro pasado. En contrapartida, historiadores e investigadores locales publican con cierta asiduidad libros sobre distintas facetas de Tucumán, pero que no llegan a trascender a la comunidad. Si supiésemos más acerca de nosotros, seguramente valoraríamos más el rico patrimonio cultural porque tendríamos una identidad y un sentido de pertenencia. Se suele decir que un pueblo sin historia no tiene futuro.







