Los cacerolazos desacomodaron al poder
La subida de las retenciones a la soja desató una ola de protestas que rebasó lo económico y puso en jaque el estilo autoritario de Cristina. Alperovich enfrenta otros problemas, además de la cuestión agraria. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.
30 Marzo 2008 Seguir en 
El modelo político enfrenta serios problemas. La recurrencia de los fantasmas de la década del setenta tapan el sol, pese a que el escenario actual es muy distinto. El cuestionamiento a las retenciones móviles desbordó de la esfera económica hacia la política con una velocidad sorprendente. La lectura es válida tanto para la Casa Rosada cuanto para el alperovichismo. El reclamo del gremialismo rural pone en jaque el estilo autoritario imperante en la Casa Rosada.Desde que el paro del campo alcanzó consistencia y profundidad la política entró en otra etapa. En la sociedad argentina existe la percepción cada vez más extendida de que con Cristina Fernández de Kirchner (CFK) no empezó un nuevo ciclo en la República sino que se profundizó el de su marido. La única luz de diferencia que se percibe respecto de Néstor Kirchner fue la del llamado al diálogo multisectorial que hizo el jueves, 48 horas después de la flamígera alocución del martes que devolvió un insospechado protagonismo a los cacerolazos. Un dato, inexistente por cierto, en los cuatro años precedentes.
En Buenos Aires las cacerolas y otros cacharros domésticos resonaron en contra de CFK, y en Tucumán en contra del gobernador José Alperovich. Recuperaron también inusitada actualidad los piquetes como modalidad de protesta. La pretensión de enfocar esas acciones desde una perspectiva ética instaló la idea de que hay piquetes buenos y malos en desmedro del estado de derecho y de la libertad de circulación. A los primeros se los consiente y a los segundos se los reprueba. El lente ideológico del Gobierno catalogó de buenos a los que promovían los activistas de las corrientes afines, y de malos a los del ruralismo. La opinión cercana a este, a la vez, santificó los bloqueos de su simpatía. En ambos casos perdió el ciudadano.
La lucha por la apropiación del espacio público -la plaza de Mayo en Buenos Aires- puso en carrera a las organizaciones piqueteras de Emilio Pérsico (Movimiento Evita) y de Luis D?Elía, que en forma violenta desalojaron a los dueños de las cacerolas. El método remite a la concepción setentista de ocupación del ágora por la fuerza. La ubicación de Pérsico y de D? Elía, a espaldas del atril que usó CFK en el acto del jueves, en Parque Norte, confirmó que gozan de la confianza gubernamental.
Una situación parecida se vivió hace algunos años en esta ciudad, cuando las bandas sindicales adictas al gobernador Julio Miranda avanzaron hacia la plaza Independencia para asegurarse de que las manifestaciones de apoyo al entonces fiscal anticorrupción Esteban Jerez no se quedaran allí.
La hostilidad
El mal ejemplo de Buenos Aires no se repitió en esta ciudad, porque prevaleció un análisis diferente: "no queremos enfrentamientos entre tucumanos". De ese modo, se resumió el pensamiento predominante entre dirigentes jerarquizados de líneas kirchneristas que operan sin la venia de la Casa de Gobierno. El clima de hostilidad que halló Alperovich a su regreso de Brasil, que incluyó una protesta frente a una de sus fincas, le demostró que se había equivocado rotundamente al agredir a los productores rurales. La obediencia debida a la Casa Rosada privó sobre la adecuada ponderación del sentimiento de los hombres de campo en Tucumán.
El traspié que sufrió con la frustrada designación de Francisco Sassi Colombres en la vocalía vacante de la Corte Suprema de Justicia, a causa de su pasado procesista, lo empujó probablemente a sobreactuar su solidaridad con la administración kirchnerista. Estuvo lejos de imitar al gobernador peronista de Córdoba, Juan Schiaretti, quien sí dialogó con las instituciones agropecuarias, y no fue a Parque Norte. Alperovich se peleó con ellas, en cambio, y perdió colaboradores de primer nivel en el gabinete provincial.
A partir de esos hechos perturbantes, suavizó el mensaje hacia el agro y ató la normalización de las relaciones con sus hombres al destino de las negociaciones que pueda emprender la administración federal.
La pacificación de las relaciones con el agro está atada a la resolución del problema de fondo por CFK. Si la Presidenta afloja y deja sin efecto la retención móvil del 44% a la soja se debilitará su intransigencia. Modificar una disposición implicaría admitir el error, pero también podría significar una resignación de poder. Cualquiera fuera la posición que prevaleciera en el ánimo presidencial, no podrá soslayar de ahora en adelante que el humor social ha cambiado en la Argentina.
La declinación del poder presidencial bien podría ser la oportunidad que esperan los gobernadores para replantear sus relaciones financieras. La vuelta de la liga de gobernadores es una posibilidad.
No todo es agro
Al gobernador también lo inquietan otros enredos. La política doméstica genera situaciones impensables hasta hace poco tiempo. El intendente Domingo Amaya se perfila como una opción para 2011 en la órbita oficialista. De la candidatura a gobernador para el próximo ciclo no se habla, pero los movimientos existen. Ningún funcionario alperovichista acudió al acto del lunes pasado en Aguilares con Amaya, Pérsico y la diputada nacional Stella Maris Córdoba, al homenajearse a trabajadores desaparecidos durante la dictadura militar. La guerra subterránea persiste de distintas maneras. El combate se libra en el Concejo Deliberante por el destino de los recursos.
La quiebra de la armonía política interna en el bloque de legisladores oficialistas"Tucumán crece" mostró que nada será igual a partir de los últimos episodios. El jefe del sector Roque Alvarez recurrió a una maniobra parlamentaria para evitar que estallara una controversia volcánica en el recinto y al vicegobernador Juan Luis Manzur se le escapó el manejo del tiempo político del poder. La inexperiencia política se paga caro.
Dentro del bloque crece el malestar con el legislador piquetero Héctor "Indio" Romano, identificado con el Movimiento Libres del Sur, un partido piquetero autónomo pero aliado del kirchnerismo en la esfera nacional. Antes no acudió al recinto para no aprobar el pliego de Sassi Colombres y a la última sesión llegó tarde, por lo que tampoco votó el pedido de acuerdo de Claudia Sbdar para la Corte. Se enoja la conducción del bloque porque Romano elude los costos de ser oficialista en los momentos críticos, pero mantiene los privilegios que se derivan de revistar en el alperovichismo.
El comportamiento de Romano está desnudando los inconvenientes que generó el sistema de acople para la homogeneidad de la alianza oficialista. Las diferencias que se susciten en el futuro no sólo obedecerán a cuestiones de criterio, sino también de tipo ideológico. Las divergencias en torno de la política impositiva para la soja prenuncian tormentas de intensidad imprevisible. Definitivamente, la vida política se perfila de otra manera.







