30 Marzo 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- En medio del paro agropecuario, Cristina Fernández de Kirchner lo ha dicho con todas las letras: "¿de qué naturaleza es el conflicto para algunos sectores? De una naturaleza política. Pero no política por partido, política por modelo de país". Secuelas de los cacerolazos y de los cortes de las rutas que se han vivido en el Gobierno desde el desencanto de ir perdiendo del todo la preferencia de las clases medias, detrás de la afirmación presidencial está escondida también la sensación de que el Gobierno siente que le están disputando el modelo, no sólo los hombres de campo en las rutas, sino la oposición en las ciudades. Por eso, todo el kirchnerismo ha salido a defenderlo con uñas y dientes, aún apelando a un "ellos o nosotros" de triste recuerdo.
"El peronismo nunca planteó la guerra entre los pobres y los ricos. Al contrario, somos los creadores de la articulación entre el capital y el trabajo", también sentenció textualmente Cristina, al tiempo que los aplausos invadían el jueves pasado el ámbito partidario de Parque Norte. Detrás de ella, Luis D?Elía no acusaba recibo, al fin y al cabo él es un outsider y poco tiene de justicialista, el mismo ninguneo que muchos históricos del PJ hoy le aplican en voz baja a quienes apuestan a conducir el partido que fundó Juan Perón.
¿Por qué las explicaciones y los paños fríos de la Presidenta? Es que muchas de las cosas que sucedieron esta última semana en la Ciudad de Buenos Aires remitieron a los tiempos del peronismo más criticado por la historia, no justamente al que se le reconoce no ser clasista o abordar una tercera posición entre el capitalismo y el comunismo que mejore el ingreso de los trabajadores, sino a aquel que pretendió arrollar a la oposición por las buenas o por las malas.
Lamentablemente, aquellas imágenes de la división que hicieron eclosión en 1955, volvieron a repetirse esta vez, por suerte a escala minúscula, aunque se observaron con preocupación: actos "anti" en Callao y Santa Fe y otros "pro", sin desbordes, generados bajo la consigna de "defender a Cristina", tal el que el kirchnerismo dijo que organizaría en Parque Norte la misma noche de las primeras cacerolas.
Sin embargo, entre este segundo grupo hubo otras manifestaciones apoyadas en la barbarie de las fuerzas de choque por quedarse con la Plaza de Mayo, sospechosamente liberada por la Policía, mientras desde ambos lados comenzaron a reproducirse peligrosamente muchos términos verbales de la vieja antinomia como oligarcas o dictadura, zurdos o derechosos, blancos o negros.
El más notorio de los difusores de esta censura social ha sido precísamente D?Elía, el piquetero que se ha convertido hoy en el famoso "pelotazo en contra" del gobierno kirchnerista, un Herminio Iglesias del siglo XXI que no quema ataúdes, pero que está esmerilando a la Presidenta con cada incursión y con cada acción mediática que promueve. La golpea más que los cacerolazos.
Se sabe que el hombre que da sus coordenadas y pide que lo vayan a buscar a "Laferrere, asentamiento El Tambo, Manzana 1, Lote 3" es un todo terreno que tanto sirve para tomar una comisaría u organizar un acto a favor de Hugo Chávez, cuanto para salir a la calle para limpiarla de oligarcas. Ahora, volvió a reaparecer para convertirse en defensor a ultranza del Gobierno y para treparse a la Pirámide de Mayo, cual Mussolini "vincitore".
Amenazas aclaradas
El jueves, ante una confusión de términos que lo dejaba muy mal parado, tras un raid radial de declaraciones urticantes, D?Elía estuvo a un tris de no ser invitado al acto kirchnerista de Parque Norte. Telefonazos desde la Casa de Gobierno a las redacciones buscaron confirmar o desmentir sus dichos, ya que no veían posible subir al estrado de la Presidenta a quien hubiera hecho amenazas tan concretas, que luego fueron aclaradas, aunque el resto de lo que dijo haya excedido lo provocativo y se haya transformado en discriminatorio. Igualmente, los organizadores lo pusieron allí, a metro y medio de la espalda presidencial. Como había manifestado Cristina el martes, en aquel primer mensaje del Salón Sur que se interpretó como de discordia frente al planteo del campo, lo que desató luego la reacción a cacerola limpia en muchas ciudades, ella sustenta su legitimidad en tener la Ley, la Constitución y el 45% del "voto popular" de su lado, pero además deben computársele los gobernadores y los intendentes a su favor, las dos cámaras legislativas con mayoría propia, el apoyo de la dirigencia empresaria y sindical y, sobre todo, el manejo de la poderosa Caja que disciplina voluntades. Algo debe estar mal, muy mal, a su alrededor para que la Presidenta necesite justamente que el verborrágico D?Elía salga a la calle para defenderla.
Que el dirigente apele a un marketing personal peligroso que lo distinga de otros grupos para ganar protagonismo es una cosa, pero lo más preocupante es que el hombre parece hablar por las consignas que le llegan desde lo más alto del poder, producto de la confusión en que la que entró el Gobierno, a partir del estado de rebelión de la gente del campo. En este aspecto, D?Elía se ha sacado un 10 en maniqueísmo, la doctrina de divisoria de aguas que tanto le gusta apelar a la Casa Rosada.
Esta parece ser la primera vez en casi cinco años que el kirchnerismo ha sido corrido del centro del ring, en este caso por una protesta sectorial que resiste desde hace dos semanas esta llamada redistribución de ingresos a su costa. Y resiste no sólo porque los bolsillos de los productores enflaquecen, sino porque además no observan que lo que ponen se revierte en obras que beneficien al sector.
Pese a que por todo lo dicho el Gobierno es un hueso durísimo de roer, la gran duda es si sabrá que significa negociar, acostumbrado como está en imponer su pensamiento. Lo objetivo es que hoy lo está haciendo desde una posición de mayor debilidad y no precisamente porque la Presidenta haya adoptado, tras el primer traspié, un temperamento de mayor humildad, algo que la ha favorecido notoriamente, sino porque en su seno hubo errores muy claros de apreciación del problema del agro, empastados además por la reacción ante las cacerolas.
Una de las paradojas de la situación, es que a los tropezones y sin mucha muñeca de los funcionarios (especialmente Guillermo Moreno) el Estado y la gente del campo hasta ahora habían tirado juntos, poniendo cada uno cosas de su cosecha para beneficiar al conjunto, sobre todo para que una parte de las retenciones se apliquen a moderar los precios del mercado interno en alimentos de primera necesidad.
Por otro lado, los productores -que como estigma llevan a la mesa de negociación una metodología censurable que atenta contra la circulación y posibilita el desabastecimiento- se han beneficiado con los precios internacionales, aunque mucho han hecho ellos previamente para que esto así sucediera, desde la tecnificación o la búsqueda de procedimientos que mejoran la productividad. Por supuesto, que también aprovecharon los aportes gubernamentales, como el tipo de cambio alto y las rebajas de precios del gasoil, aunque en este caso, defienden una posición unánime de que no es el Estado quien puede decidir si ganan poco o mucho.
Lo que parece haber roto los diques entre ambas partes fueron las decisiones inconsultas, el cierre de los mercados de carne y trigo y ahora la presión de las retenciones móviles, un tributo que los dirigentes agropecuarios prefieren cambiar por una liquidación diferenciada de Ganancias.
En este punto, los técnicos de Economía que elaboraron el plan, se dice que porque son jóvenes e inexpertos, mezclaron los tantos de tal modo que no hicieron distinción entre chicos y grandes. En la cúpula política tardaron en convencerse que la protesta en las rutas estaba motorizada por los hombres de campo más humildes y que muchos de ellos no parecen responder a la dirigencia. Recién este viernes, Cristina usó el término "chacareros" para caracterizarlos y habló del grito de Alcorta.
Otra mala lectura de la realidad, parece haber copado al Gobierno en su conjunto, cuando interpreta que los golpes de cacerolas porteños han tenido que ver con la política de derechos humanos, un tema que poco importa en todas las encuestas y que ha sido el fantasma que utilizó Cristina para impresionar. Un listado de demandas obtenido de un mail que circuló en cadena, efectivamente poco habla del campo, aunque plantea para cada golpe de cacerola demandas efectivamente opositoras: "Por Antonini Wilson, Miceli, 220 muertos en las rutas, las sensaciones de inseguridad (violaciones, asesinatos, robos, secuestros), el Indec, los autos importados, los cortes de luz, las tierras en El Calafate, el insoportable aumento del patrimonio/matrimonio Kirchner, los Fernández, Skanska, la inflación, Moyano, las inversiones chinas, los trenes, Enarsa, las valijas de Southern Winds, los piquetes sindicalistas, las muertes en el fútbol, el gasoducto bolivariano, el tren bala, los créditos para inquilinos, el Banco del Sur, Borocotó, los casinos, las máquinas tragamonedas, el cambio horario (crisis energética) y las usureras retenciones al campo". Todo un rosario donde no se habla de Jorge Videla ni se critica a Hugo Chávez o a Evo Morales. Otra paradoja de toda la situación es que esos mismos "oligarcas" a los que denostó D?Elía, los que golpearon su vajilla probablemente de plata, son los vecinos de CFK, habitantes de un barrio "pudiente" de señoras "paquetas", tal como lo describió ella misma. También muchas veces la Presidenta ha alabado las bondades de Puerto Madero, sector muy caro de la ciudad donde su esposo tiene sus oficinas y donde vive el jefe de Gabinete. ¿Qué tendrá que decir ahora el piquetero sobre la foto en la que se ve a la Presidenta dándole la mano a Luciano Miguens, titular de la Sociedad Rural Argentina?
"El peronismo nunca planteó la guerra entre los pobres y los ricos. Al contrario, somos los creadores de la articulación entre el capital y el trabajo", también sentenció textualmente Cristina, al tiempo que los aplausos invadían el jueves pasado el ámbito partidario de Parque Norte. Detrás de ella, Luis D?Elía no acusaba recibo, al fin y al cabo él es un outsider y poco tiene de justicialista, el mismo ninguneo que muchos históricos del PJ hoy le aplican en voz baja a quienes apuestan a conducir el partido que fundó Juan Perón.
¿Por qué las explicaciones y los paños fríos de la Presidenta? Es que muchas de las cosas que sucedieron esta última semana en la Ciudad de Buenos Aires remitieron a los tiempos del peronismo más criticado por la historia, no justamente al que se le reconoce no ser clasista o abordar una tercera posición entre el capitalismo y el comunismo que mejore el ingreso de los trabajadores, sino a aquel que pretendió arrollar a la oposición por las buenas o por las malas.
Lamentablemente, aquellas imágenes de la división que hicieron eclosión en 1955, volvieron a repetirse esta vez, por suerte a escala minúscula, aunque se observaron con preocupación: actos "anti" en Callao y Santa Fe y otros "pro", sin desbordes, generados bajo la consigna de "defender a Cristina", tal el que el kirchnerismo dijo que organizaría en Parque Norte la misma noche de las primeras cacerolas.
Sin embargo, entre este segundo grupo hubo otras manifestaciones apoyadas en la barbarie de las fuerzas de choque por quedarse con la Plaza de Mayo, sospechosamente liberada por la Policía, mientras desde ambos lados comenzaron a reproducirse peligrosamente muchos términos verbales de la vieja antinomia como oligarcas o dictadura, zurdos o derechosos, blancos o negros.
El más notorio de los difusores de esta censura social ha sido precísamente D?Elía, el piquetero que se ha convertido hoy en el famoso "pelotazo en contra" del gobierno kirchnerista, un Herminio Iglesias del siglo XXI que no quema ataúdes, pero que está esmerilando a la Presidenta con cada incursión y con cada acción mediática que promueve. La golpea más que los cacerolazos.
Se sabe que el hombre que da sus coordenadas y pide que lo vayan a buscar a "Laferrere, asentamiento El Tambo, Manzana 1, Lote 3" es un todo terreno que tanto sirve para tomar una comisaría u organizar un acto a favor de Hugo Chávez, cuanto para salir a la calle para limpiarla de oligarcas. Ahora, volvió a reaparecer para convertirse en defensor a ultranza del Gobierno y para treparse a la Pirámide de Mayo, cual Mussolini "vincitore".
Amenazas aclaradas
El jueves, ante una confusión de términos que lo dejaba muy mal parado, tras un raid radial de declaraciones urticantes, D?Elía estuvo a un tris de no ser invitado al acto kirchnerista de Parque Norte. Telefonazos desde la Casa de Gobierno a las redacciones buscaron confirmar o desmentir sus dichos, ya que no veían posible subir al estrado de la Presidenta a quien hubiera hecho amenazas tan concretas, que luego fueron aclaradas, aunque el resto de lo que dijo haya excedido lo provocativo y se haya transformado en discriminatorio. Igualmente, los organizadores lo pusieron allí, a metro y medio de la espalda presidencial. Como había manifestado Cristina el martes, en aquel primer mensaje del Salón Sur que se interpretó como de discordia frente al planteo del campo, lo que desató luego la reacción a cacerola limpia en muchas ciudades, ella sustenta su legitimidad en tener la Ley, la Constitución y el 45% del "voto popular" de su lado, pero además deben computársele los gobernadores y los intendentes a su favor, las dos cámaras legislativas con mayoría propia, el apoyo de la dirigencia empresaria y sindical y, sobre todo, el manejo de la poderosa Caja que disciplina voluntades. Algo debe estar mal, muy mal, a su alrededor para que la Presidenta necesite justamente que el verborrágico D?Elía salga a la calle para defenderla.
Que el dirigente apele a un marketing personal peligroso que lo distinga de otros grupos para ganar protagonismo es una cosa, pero lo más preocupante es que el hombre parece hablar por las consignas que le llegan desde lo más alto del poder, producto de la confusión en que la que entró el Gobierno, a partir del estado de rebelión de la gente del campo. En este aspecto, D?Elía se ha sacado un 10 en maniqueísmo, la doctrina de divisoria de aguas que tanto le gusta apelar a la Casa Rosada.
Esta parece ser la primera vez en casi cinco años que el kirchnerismo ha sido corrido del centro del ring, en este caso por una protesta sectorial que resiste desde hace dos semanas esta llamada redistribución de ingresos a su costa. Y resiste no sólo porque los bolsillos de los productores enflaquecen, sino porque además no observan que lo que ponen se revierte en obras que beneficien al sector.
Pese a que por todo lo dicho el Gobierno es un hueso durísimo de roer, la gran duda es si sabrá que significa negociar, acostumbrado como está en imponer su pensamiento. Lo objetivo es que hoy lo está haciendo desde una posición de mayor debilidad y no precisamente porque la Presidenta haya adoptado, tras el primer traspié, un temperamento de mayor humildad, algo que la ha favorecido notoriamente, sino porque en su seno hubo errores muy claros de apreciación del problema del agro, empastados además por la reacción ante las cacerolas.
Una de las paradojas de la situación, es que a los tropezones y sin mucha muñeca de los funcionarios (especialmente Guillermo Moreno) el Estado y la gente del campo hasta ahora habían tirado juntos, poniendo cada uno cosas de su cosecha para beneficiar al conjunto, sobre todo para que una parte de las retenciones se apliquen a moderar los precios del mercado interno en alimentos de primera necesidad.
Por otro lado, los productores -que como estigma llevan a la mesa de negociación una metodología censurable que atenta contra la circulación y posibilita el desabastecimiento- se han beneficiado con los precios internacionales, aunque mucho han hecho ellos previamente para que esto así sucediera, desde la tecnificación o la búsqueda de procedimientos que mejoran la productividad. Por supuesto, que también aprovecharon los aportes gubernamentales, como el tipo de cambio alto y las rebajas de precios del gasoil, aunque en este caso, defienden una posición unánime de que no es el Estado quien puede decidir si ganan poco o mucho.
Lo que parece haber roto los diques entre ambas partes fueron las decisiones inconsultas, el cierre de los mercados de carne y trigo y ahora la presión de las retenciones móviles, un tributo que los dirigentes agropecuarios prefieren cambiar por una liquidación diferenciada de Ganancias.
En este punto, los técnicos de Economía que elaboraron el plan, se dice que porque son jóvenes e inexpertos, mezclaron los tantos de tal modo que no hicieron distinción entre chicos y grandes. En la cúpula política tardaron en convencerse que la protesta en las rutas estaba motorizada por los hombres de campo más humildes y que muchos de ellos no parecen responder a la dirigencia. Recién este viernes, Cristina usó el término "chacareros" para caracterizarlos y habló del grito de Alcorta.
Otra mala lectura de la realidad, parece haber copado al Gobierno en su conjunto, cuando interpreta que los golpes de cacerolas porteños han tenido que ver con la política de derechos humanos, un tema que poco importa en todas las encuestas y que ha sido el fantasma que utilizó Cristina para impresionar. Un listado de demandas obtenido de un mail que circuló en cadena, efectivamente poco habla del campo, aunque plantea para cada golpe de cacerola demandas efectivamente opositoras: "Por Antonini Wilson, Miceli, 220 muertos en las rutas, las sensaciones de inseguridad (violaciones, asesinatos, robos, secuestros), el Indec, los autos importados, los cortes de luz, las tierras en El Calafate, el insoportable aumento del patrimonio/matrimonio Kirchner, los Fernández, Skanska, la inflación, Moyano, las inversiones chinas, los trenes, Enarsa, las valijas de Southern Winds, los piquetes sindicalistas, las muertes en el fútbol, el gasoducto bolivariano, el tren bala, los créditos para inquilinos, el Banco del Sur, Borocotó, los casinos, las máquinas tragamonedas, el cambio horario (crisis energética) y las usureras retenciones al campo". Todo un rosario donde no se habla de Jorge Videla ni se critica a Hugo Chávez o a Evo Morales. Otra paradoja de toda la situación es que esos mismos "oligarcas" a los que denostó D?Elía, los que golpearon su vajilla probablemente de plata, son los vecinos de CFK, habitantes de un barrio "pudiente" de señoras "paquetas", tal como lo describió ella misma. También muchas veces la Presidenta ha alabado las bondades de Puerto Madero, sector muy caro de la ciudad donde su esposo tiene sus oficinas y donde vive el jefe de Gabinete. ¿Qué tendrá que decir ahora el piquetero sobre la foto en la que se ve a la Presidenta dándole la mano a Luciano Miguens, titular de la Sociedad Rural Argentina?







