29 Marzo 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Por ahora el desenlace del diálogo entre el campo y el Gobierno es impredecible. Fuera de la Capital Federal, en todo el país hay mucha bronca contra los ocupantes de la Casa Rosada.
Es que el Gobierno subestimó el malhumor y el enojo que suscitaría en mucha gente el decidir unilateralmente medidas supuestamente fiscales, pero de enorme repercusión política.
Levantado el paro rural, el saldo es alborotado, deficitario y angustiante. El "resultado" de la pulseada ya poco importa. Nadie ganó, desde luego el Gobierno no "ganó", aunque la normalidad se vaya recuperando.
Las consecuencias serán graves y las lecciones enormes. El Gobierno no debería engañarse: no hubo victoria para ellos, aun cuando la Casa Rosada se auto convenza de que el país había sido copado por "la puta oligarquía", como la califico el revalidado gran piquetero oficial, Luis D`Elía, convencida como está la presidente Kirchner de que los seguidores del ex dictador Videla se adueñaron de la protesta.
Pero la bronca, que la TV se encargó de encubrir o subestimar groseramente, existió de modo contundente.
El Gobierno piensa que el poder debe ser ejercido sin remordimientos.
La arenga presidencial del martes 25 fue hiriente y peleadora, diferente del discurso pétreo pero más conciliador del jueves 27. Al Gobierno le parece que se debe rectificar solo parcialmente. Ama hacerlo a puertas cerradas.
D`Elía no es un invento de "la oligarquía" derechista. Fue invitado especial de Irán y regresó al país para defender el régimen fundamentalista.
Alberto Fernández lo ha "re-bancado" (dijo D`Elía), un jefe de Gabinete que asegura su lealtad a la lucha contra el terrorismo.
D`Elía fue explícitamente avalado por el Gobierno. Fue invitado al palco VIP de Parque Norte, cerquita de Néstor Kirchner. Allí, Cristina Kirchner dijo que no negocia con una pistola en la cabeza.
El federalismo surge agujereado, reemplazado por un esquema unitario comandada desde la Capital del país.
Hermes Binner, que al frente de una alianza socialista-radical gobierna Santa Fe, y Juan Schiaretti, ex cavallista que conduce Córdoba, pidieron que el Gobierno Nacional negocie con los productores del campo, mientras que el gobernador Daniel Scioli, que muy probablemente piense igual que sus colegas, se desmarcó de ellos estratégicamente.
La Casa Rosada tiene que haber advertido esto, acicateada por el gesto de Carlos Reutemann, calificado de traidor por el jefe de la bancada kirchnerista en Diputados, Agustín Rossi
La retención como instrumento fiscal sobre las exportaciones le sirve mucho al Gobierno, porque es plata no coparticipable que no sale de la Capital Federal.
El Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC) afirma, con justicia, que en la Argentina impera "una política tributaria regresiva".
En cambio, un eficaz impuesto a la renta como el usado por los países más modernos, y con neto corte social, derivaría el peso de la herramienta fiscal sobre el tributo a las ganancias.
Las "retenciones", en cambio, son cobradas y aplicadas por la Casa Rosada que, gracias a la emergencia ya crónica en que ha quedado cristalizada la toma de decisiones del país, usa ese dinero como se le antoja.
¿Provocación? ¿Negligencia? ¿Odio cerril y dogmático al "campo"? Es imperdonable que el Gobierno no haya querido advertir lo que el Instituto Movilizador denomina "la naturaleza diferenciada" de los destinatarios de los aumentos que provocaron la rebelión rural.
Jamás los Kirchner asumieron un error; al contrario, desafiados por la realidad, atacan como al comienzo. Hasta un alumno de primer año de Economía sabe que una chacra de 50 hectáreas no es igual a un pool de siembra de soja de 5.000 hectáreas.
El Gobierno es responsable del haber desguasado el INDEC, algo muy primitivo para pintar la realidad como le gustaría al poder que fuese.
La inflación oficial del 8 % es una manera brutal de ignorar la realidad.
Para la Casa Rosada, D`Elía es un buen tipo, un poco nervioso, y la inflación es dos terceras partes menos de lo que realmente es. Confunde deseos con realidad, mientras la sociedad se manifiesta inorgánicamente, de manera emotiva.
La evidente capacidad de las entidades rurales para movilizar al campo se hicieron evidentes durante la crisis, pero hubo espontaneísmo incontrolable.
La quincena de furor agrario deja abiertos interrogantes capitales sobre esa deuda que el país tiene consigo mismo. Si una presidente tiene derecho a reclamar que no se la amenace para luego conversar, la sociedad tiene iguales o superiores derechos a exigir que para establecer un consenso entre los diferentes no sea necesario hacer colapsar al entero cuerpo social.
En el Gobierno no tienen casi nunca dudas de que no tienen nada que negociar con nadie.
Curiosas excepciones: en la Casa Rosada ingresan delegaciones de legisladores republicanos y demócratas de los Estados Unidos, pero es inimaginable que lo hagan diputados o senadores de partidos argentinos como PRO, Coalición Cívica, o la UCR.
Las cacerolas en las calles evocaron una época no tan remota. El ruido de cacerolas u objetos batidos para hacer ruido recordó a las jornadas lúgubres y caóticas del verano y otoño de 2002.
Volvieron a escucharse esta última semana, como un melancólico recordatorio de lo que funciona mal en la sociedad argentina. Si bien hay un irredentismo crónico que con nada se conforma, en la Argentina los caceroleos reaparecidos revelaron la anomia y el vacío que separa a la sociedad de sus estratos directivos.
No tomar en cuenta tamaña realidad resulta una invitación al desastre.
Tal vez lo más triste es verificar lo inútil que termina siendo la dilapidación de enormes energías sociales en el contexto de una sociedad que funciona espasmódicamente, con muy precaria inteligencia funcional.
Este ir y venir de errores evitables, esta exasperación crónica y nunca diluida, muestra el rostro verdadero de un país que tropieza con la misma piedra una y otra vez.
Como no son equivalentes las responsabilidades, resulta indispensable subrayar que lo más urgente y patriótico es curar desde arriba las heridas de un tejido lacerado.
La movida corresponde ahora al Gobierno de Cristina Kirchner. Con el paro agropecuario levantado, hay que elegir caminos: D`Elía y el ataque a la "puta oligarquía" (sic), o los sabios consensos democráticos que procuraba Perón hace 35 años, antes de morirse.
Este gobierno ejerce el poder de modo inflexible y la ingobernabilidad de 2001 es ya un mal recuerdo, aunque el kirchnerismo sería maduramente peronista si rescatara el sentido del gesto del anciano Perón herbívoro, que le dio la mano a Balbín cuando ambos comprendieron que esos viejos adversarios necesitaban ser amigos.
¿Quiere este gobierno tener amigos o su objetivo central es sembrar de odio al país, regocijándose en la permanente cacería del "enemigo"? (NA-www.pepeeliaschev.com)
Es que el Gobierno subestimó el malhumor y el enojo que suscitaría en mucha gente el decidir unilateralmente medidas supuestamente fiscales, pero de enorme repercusión política.
Levantado el paro rural, el saldo es alborotado, deficitario y angustiante. El "resultado" de la pulseada ya poco importa. Nadie ganó, desde luego el Gobierno no "ganó", aunque la normalidad se vaya recuperando.
Las consecuencias serán graves y las lecciones enormes. El Gobierno no debería engañarse: no hubo victoria para ellos, aun cuando la Casa Rosada se auto convenza de que el país había sido copado por "la puta oligarquía", como la califico el revalidado gran piquetero oficial, Luis D`Elía, convencida como está la presidente Kirchner de que los seguidores del ex dictador Videla se adueñaron de la protesta.
Pero la bronca, que la TV se encargó de encubrir o subestimar groseramente, existió de modo contundente.
El Gobierno piensa que el poder debe ser ejercido sin remordimientos.
La arenga presidencial del martes 25 fue hiriente y peleadora, diferente del discurso pétreo pero más conciliador del jueves 27. Al Gobierno le parece que se debe rectificar solo parcialmente. Ama hacerlo a puertas cerradas.
D`Elía no es un invento de "la oligarquía" derechista. Fue invitado especial de Irán y regresó al país para defender el régimen fundamentalista.
Alberto Fernández lo ha "re-bancado" (dijo D`Elía), un jefe de Gabinete que asegura su lealtad a la lucha contra el terrorismo.
D`Elía fue explícitamente avalado por el Gobierno. Fue invitado al palco VIP de Parque Norte, cerquita de Néstor Kirchner. Allí, Cristina Kirchner dijo que no negocia con una pistola en la cabeza.
El federalismo surge agujereado, reemplazado por un esquema unitario comandada desde la Capital del país.
Hermes Binner, que al frente de una alianza socialista-radical gobierna Santa Fe, y Juan Schiaretti, ex cavallista que conduce Córdoba, pidieron que el Gobierno Nacional negocie con los productores del campo, mientras que el gobernador Daniel Scioli, que muy probablemente piense igual que sus colegas, se desmarcó de ellos estratégicamente.
La Casa Rosada tiene que haber advertido esto, acicateada por el gesto de Carlos Reutemann, calificado de traidor por el jefe de la bancada kirchnerista en Diputados, Agustín Rossi
La retención como instrumento fiscal sobre las exportaciones le sirve mucho al Gobierno, porque es plata no coparticipable que no sale de la Capital Federal.
El Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC) afirma, con justicia, que en la Argentina impera "una política tributaria regresiva".
En cambio, un eficaz impuesto a la renta como el usado por los países más modernos, y con neto corte social, derivaría el peso de la herramienta fiscal sobre el tributo a las ganancias.
Las "retenciones", en cambio, son cobradas y aplicadas por la Casa Rosada que, gracias a la emergencia ya crónica en que ha quedado cristalizada la toma de decisiones del país, usa ese dinero como se le antoja.
¿Provocación? ¿Negligencia? ¿Odio cerril y dogmático al "campo"? Es imperdonable que el Gobierno no haya querido advertir lo que el Instituto Movilizador denomina "la naturaleza diferenciada" de los destinatarios de los aumentos que provocaron la rebelión rural.
Jamás los Kirchner asumieron un error; al contrario, desafiados por la realidad, atacan como al comienzo. Hasta un alumno de primer año de Economía sabe que una chacra de 50 hectáreas no es igual a un pool de siembra de soja de 5.000 hectáreas.
El Gobierno es responsable del haber desguasado el INDEC, algo muy primitivo para pintar la realidad como le gustaría al poder que fuese.
La inflación oficial del 8 % es una manera brutal de ignorar la realidad.
Para la Casa Rosada, D`Elía es un buen tipo, un poco nervioso, y la inflación es dos terceras partes menos de lo que realmente es. Confunde deseos con realidad, mientras la sociedad se manifiesta inorgánicamente, de manera emotiva.
La evidente capacidad de las entidades rurales para movilizar al campo se hicieron evidentes durante la crisis, pero hubo espontaneísmo incontrolable.
La quincena de furor agrario deja abiertos interrogantes capitales sobre esa deuda que el país tiene consigo mismo. Si una presidente tiene derecho a reclamar que no se la amenace para luego conversar, la sociedad tiene iguales o superiores derechos a exigir que para establecer un consenso entre los diferentes no sea necesario hacer colapsar al entero cuerpo social.
En el Gobierno no tienen casi nunca dudas de que no tienen nada que negociar con nadie.
Curiosas excepciones: en la Casa Rosada ingresan delegaciones de legisladores republicanos y demócratas de los Estados Unidos, pero es inimaginable que lo hagan diputados o senadores de partidos argentinos como PRO, Coalición Cívica, o la UCR.
Las cacerolas en las calles evocaron una época no tan remota. El ruido de cacerolas u objetos batidos para hacer ruido recordó a las jornadas lúgubres y caóticas del verano y otoño de 2002.
Volvieron a escucharse esta última semana, como un melancólico recordatorio de lo que funciona mal en la sociedad argentina. Si bien hay un irredentismo crónico que con nada se conforma, en la Argentina los caceroleos reaparecidos revelaron la anomia y el vacío que separa a la sociedad de sus estratos directivos.
No tomar en cuenta tamaña realidad resulta una invitación al desastre.
Tal vez lo más triste es verificar lo inútil que termina siendo la dilapidación de enormes energías sociales en el contexto de una sociedad que funciona espasmódicamente, con muy precaria inteligencia funcional.
Este ir y venir de errores evitables, esta exasperación crónica y nunca diluida, muestra el rostro verdadero de un país que tropieza con la misma piedra una y otra vez.
Como no son equivalentes las responsabilidades, resulta indispensable subrayar que lo más urgente y patriótico es curar desde arriba las heridas de un tejido lacerado.
La movida corresponde ahora al Gobierno de Cristina Kirchner. Con el paro agropecuario levantado, hay que elegir caminos: D`Elía y el ataque a la "puta oligarquía" (sic), o los sabios consensos democráticos que procuraba Perón hace 35 años, antes de morirse.
Este gobierno ejerce el poder de modo inflexible y la ingobernabilidad de 2001 es ya un mal recuerdo, aunque el kirchnerismo sería maduramente peronista si rescatara el sentido del gesto del anciano Perón herbívoro, que le dio la mano a Balbín cuando ambos comprendieron que esos viejos adversarios necesitaban ser amigos.
¿Quiere este gobierno tener amigos o su objetivo central es sembrar de odio al país, regocijándose en la permanente cacería del "enemigo"? (NA-www.pepeeliaschev.com)









