La Argentina y los equívocos del lenguaje
Los discursos de la Presidenta ratificaron que las palabras no están vacías de contenido; siempre dicen más de lo que parece. Los "piquetes" de ayer y los de hoy. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.
29 Marzo 2008 Seguir en 
El conflicto que ha estallado entre el Gobierno nacional y los productores agropecuarios puede ser leído desde diversos contextos -político, económico, sociológico o ideológico- en el sentido estrecho del término. Para los cientistas sociales de las universidades tucumanas, este período de la historia contemporánea argentina se convertirá sin duda en un rico "objeto de estudio", como lo fueron los sucesos de 2001, que todavía no han sido lo suficientemente decantados e interpretados y que ahora aparecen como una referencia de análisis, porque en ese período se legitimó la figura de los nuevos movimientos sociales como respuesta a la crisis de representación de la política tradicional.No será una responsabilidad académica más, sin embargo, ya que esa interpretación ameritará una mirada lo más despojada posible de apasionamientos, dada la contemporaneidad del conflicto.
Entre esa diversidad de miradas, el conflicto también puede ser analizado desde el plano discursivo y de la comunicación política, si se atiende a que la presidenta, Cristina Fernández, utilizó la estrategia de la palabra para confrontar con el sector al que el sistema mediático argentino ha dado en llamar monolíticamente "el campo".
La relación entre discurso y acción se transparenta cuando se compara la intensidad discursiva (y tonal) de las dos intervenciones presidenciales de esta semana, la primera más exacerbada que la segunda: el discurso traspasa la dimensión lingüística y construye una dimensión simbólica.
La reacción que generó el primer discurso muestra que las palabras provocan movimientos: hubo mucha gente en las calles bajo la consigna "Todos somos el campo". En esa línea, la estrategia discursiva presidencial remite a un clásico de Eliseo Verón y Silvia Sigal. En "Perón o muerte, los fundamentos discursivos del fenómeno peronista", los autores analizan el discurso fundacional del peronismo atravesado por el antagonismo del "nosotros versus ellos" o "pueblo / antipueblo". Pero ese antagonismo visceral no es propiedad excluyente del peronismo. Lo muestran las distintas movilizaciones que se sucedieron esta semana en distintos centros de la Argentina: allí, la tensión antikirchnerista no se manifestó tanto en la oralidad (el punto máximo fue la confesión pública de odio "a la oligarquía" del oficialista Luis D?Elía) como en los gestos crispados de los rostros de los "piqueteros de clase media", o en la virulencia en el chocar de sus cacerolas cuando la bronca llegó a las ciudades. La lógica del piquete ha atravesado las clases sociales y se ha instalado en la sociedad argentina como una herramienta de negociación frente al debilitamiento de las fuerzas políticas tradicionales (sólo la Iglesia conserva su poder de mediación).
En un análisis acerca de la protesta social y la acción colectiva en la Argentina contemporánea, el filósofo Francisco Naishtat señala, entre otras particularidades, que en la tradicional psicología de las masas las responsabilidades individuales se diluían cuando se sumaban en un episodio colectivo. Hoy, dice el filósofo, eso ha cambiado, y la protesta social está legitimada. Naishtat también marca diferencias entre la protesta social y el lobby, al que caracteriza como promotor de intereses propios, que en los Estados Unidos está reglamentado por ley. Si se pretende interpretar esta coyuntura con esas herramientas, en esta Argentina cambiante vale el desafío de analizar con la misma vara tanto a los piqueteros de ayer como a los piquetes de este marzo de 2008, que no son homogéneos en sus intereses y entre los cuales también estaban los lobbistas de ayer.







