Convocatoria al armisticio, no a la paz
El discurso de Parque Norte estuvo cargado de un tono discriminatorio hacia la oposición. Los dirigentes del campo tendrán que esforzarse para disciplinar a la tropa. Por Angel Anaya - Columnista.
29 Marzo 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Más que una convocatoria a la paz, el discurso presidencial de Parque Norte fue una propuesta de armisticio, como se advierte el fuerte tono discriminatorio hacia la oposición y la seducción a la clase media y baja agropecuaria. El problema del diálogo al máximo nivel pasó a ser, así, más complejo para el estado mayor del paro agrario, constituido por organizaciones muy diversas y en alianza precaria para el más solidario conflicto rural de la historia. Las dificultades mayores de las organizaciones no serán seguramente llegar a un acuerdo común, por más que condicionado, para acceder al Gobierno, sino disciplinar a los centenares de piquetes del campo que, poco a poco, han hecho su voluntad y se sienten en muchos casos autónomos. Mucho anticipa, igualmente, que el Ejecutivo pasará por alto esas rebeldías aisladas para avanzar en el diálogo. Sólo el tiempo dirá, después, si las eventuales negociaciones entrarán en el habitual laberinto que otros asuntos - como la historia del Indec- suelen tener en el modelo kirchnerista del “nuevo país”.
Pero la realidad que finalmente fuerza al diálogo tiene otra faz que, aunque no lo parezca, es ajena al conflicto que puso al país frente al desabastecimiento: el paro agrario ha sido el motivo del destape que, en los centros urbanos, protagonizaron masivos cacerolazos de una oposición política sin identificaciones partidarias y que ninguna dirigencia opositora es capaz de pilotear como amenaza en las urnas.
Remezones en la interna K
Las agresivas calificaciones en la misma convocatoria presidencial que merecieron los manifestantes urbanos de las cacerolas, identificándolos como fantasmas del golpismo más siniestro, son suficientemente reveladoras del reducido marco que el kirchnerismo ofrece al diálogo.
Pero una indagación a fondo en el entorno oficialista permite advertir que la reestructuración del peronismo que ejecuta el ex presidente puede haber sido afectada por el manejo discriminatorio de la situación.
Blanco y negro
La emigración de Carlos Reutemann es seguramente la más testimonial; casi tanto como lo fue en el gobernador Daniel Scioli tener que mostrarse frente al símbolo de la violencia subvencionada que es Luis D´Elía, ubicado en lugar preferencial en el acto de Parque Norte.
El piquetero más violento del elenco oficialista fue inmediatamente advertido por el jefe el Gabinete para que cerrara la boca, después de la condena pública del vicepresidente Julio Cobos, a cuyo criterio habría causado daño al Gobierno. Pero no es menos cierto que, cuando agredió a los cacerolistas, los efectivos policiales pusieron distancia de la escena por órdenes impartidas desde el Ministerio de Justicia.
En Parque Norte, un disciplinado y masivo concurso de gobernadores e intendentes se diferenciaron en el fervor y en la actitud estatuaria, configurando un gran retrato del kirnecherismo vocacional y del rentado por la “Caja Rosada”, y que, en no pocos casos, deberán enfrentar -tras los resultados del diálogo- las situaciones contestatarias de sus distritos. (De nuestra Sucursal)







