30 Marzo 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES. - Hasta hace tres semanas, Eduardo Buzzi era un dirigente agrario progresista, aliado de la CTA y hasta de Luis D`Elía en el marco de la paritaria social. Alfredo de Angeli era sólo uno de los referentes de los ambientalistas en la lucha contra la instalación de Botnia. Y cualquier manual de historia caracterizaba a la Federación Agraria Argentina como el movimiento de chacareros que se alzó hace casi un siglo en el corazón de la Pampa Gringa contra los abusos de los latifundistas.La obstinación, el oportunismo, la desinformación o una combinación de todos esos elementos transformaron al movimiento agropecuario que encabezan, entre otros, esa entidad y esos dirigentes, en una avanzada oligárquica. Como en una lección de Formación Cívica, la respuesta a la inconsistente acusación oficial provino de un productor entrerriano a la vera de la ruta 14: "Oligarquía es el Gobierno de unos pocos en su propio provecho". En la Casa Rosada todavía están a tiempo para recapacitar sobre esta definición, para no seguir incurriend en contradicciones.
Una de ellas, tan irónica cuanto superficial, fue la de catalogar al cacerolazo como una iniciativa de los barrios porteños de Recoleta y Belgrano, días después de que la propia presidenta Cristina Kirchner se deshiciera en elogios a las ventajas de vivir en Puerto Madero. La otra, con más sustancia, se refiere a la defensa que la Presidenta hiciera de las retenciones como supuesto instrumento de redistribución del ingreso, cuando en realidad no son coparticipables. Las provincias son las convidadas de piedra de esta supuesta redistribución. A la que, dicho sea de paso, la creciente inflación torna cada vez más regresiva.
La recaudación tributaria de la Argentina se compuso en 2007 de un 31,4% de IVA, 21,4% de Ganancias, 12,7% de cargas previsionales y 10,2% de derechos de exportación o retenciones, entre los principales rubros. En el caso de Brasil, la recaudación se integró con un 35,7% por diferentes contribuciones, 27,4% del impuesto a la Renta y 26,2% de recursos previsionales.
No, no hay ninguna omisión. El rubro "retenciones" no figura en la amplísima lista de impuestos y contribuciones de la Receita Federal (la AFIP brasileña) y no porque la estructura impositiva del país vecino sea un dechado de virtudes. Para un brasileño las retenciones son las deducciones que se realizan sobre las liquidaciones en las declaraciones de impuestos. A Lula, que de socialismo y distribución del ingreso algo sabe, no se le cruza por la cabeza que las exportaciones puedan ser gravadas.
Ni tampoco que esas retenciones que se aplican en la Argentina sean una herramienta eficaz para combatir la inflación: desde su reimplantación en 2002 y hasta 2007, el índice de precios al consumidor en nuestro país fue del 107,4%, más que el doble que el 50,7% acumulado en Brasil en el mismo lapso.
La fuerza de los hechos obligó al Gobierno a reconocerlo, pero una contradicción lleva a la otra: se aseguró que eso se debe a que Brasil no tiene una política de dólar alto y que los productores de soja de ese país tienen un 15% menos de rentabilidad que los argentinos.
Los que acusan a los piqueteros del agro de oligarcas pueden tomarse el trabajo de averiguar de qué lado están esos productores. Descubrirán que muchos de ellos ni siquiera saben dónde está la Sociedad Rural. Otras muestra de la confusión quedó de manifiesto en la acusación basada en que el 80% de las tierras está en manos extranjeras. Pero las contradicciones no terminan ahí: los partidarios del dólar competitivo, al punto de sostenerlo artificialmente alto cuando baja en todo el planeta, no pueden explicar cómo Brasil, con el dólar nominalmente más bajo que hace nueve años, no para de exportar.
Desde que la Argentina recurrió a la devaluación y las retenciones en 2002, sus exportaciones aumentaron el 110,9%, menos de la mitad del incremento de la cotización del dólar. En Brasil, a pesar de que el real continúa apreciándose, las ventas al exterior crecieron el 175,9%. Por si no bastara esa comparación para demostrar que el "boom exportador argentino" es una falacia, podría agregarse que en el mismo lapso las exportaciones mundiales subieron un 125,2%.
Para el final, la principal contradicción. En su intento por desacreditar al paro, la Presidenta remarcó que los exportadores venden en dólares y pagan en pesos. Una verdad a medias, ya que muchos insumos son importados, pero que desnuda el viejo truco de los devaluadores: con una moneda local depreciada, disminuyen en la misma proporción los ingresos reales de los tenedores de esa moneda. Y quienes reciben ingresos en pesos, si hace falta recordarlo, son los trabajadores. Del campo, la industria, el comercio y los servicios. A confesión de parte... (DyN)







