El malestar en el campo persiste pese al llamado al diálogo
Análisis. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.
28 Marzo 2008 Seguir en 
Bajó el tono de la voz, pero su discurso no aplacó el descontento en la Argentina profunda. "Levanten el paro para dialogar", reclamó Cristina Fernández de Kirchner en forma tajante. Entreabrió la puerta al campo, tras 15 días de paro. Sin embargo, sus explicaciones no satisficieron a los protagonistas de cortes en rutas neurálgicas del país. Al anunciar que la Casa Rosada recibiría a los ruralistas, plasmó un cambio de actitud. Pero le tendió un puente al agro no desde su despacho oficial, como hubiera sido deseable, sino desde una tribuna teñida de peronismo. Confundió, así, su función de jefa de Estado con la de líder partidario. Cristina cuestionó la espontaneidad de los cacerolazos y revalorizó la democracia, pero no hubo ningún reproche a la metodología violenta desplegada impunemente por las organizaciones piqueteras en la Plaza de Mayo. Dos de sus principales jefes, Emilio Pérsico y Luis D?Elía, compartían el estrado junto con los gobernadores; entre ellos, José Alperovich. Los radicales K lucían como partiquinos en una obra cuyos papeles principales eran encarnados por el matrimonio Kirchner. El extenso recitado político de la Presidenta no zanjó el diferendo con el campo, pero da lugar a que vuelva a hablarse del problema. Sin embargo, la imprecisión de la oferta gubernamental alimenta el descontento de los agricultores y sus familias. Los cortes se levantaron anoche en Tucumán, pero el malestar está vivo.








