28 Marzo 2008 Seguir en 
Los orígenes de la bicicleta pueden rastrearse en las antiguas civilizaciones de Egipto, China y la India. En un apartado de la obra “Codex Atlanticus”, de Leonardo da Vinci, ya aparecía un dibujo de una bicicleta: el genio del Renacimiento había pensado hacia 1490 en una transmisión de cadena como las que se utilizan en la actualidad. (Estos dibujos quedaron recopilados sin orden ni concierto en la biblioteca Ambrosiana de Milán). Las crónicas señalan que vehículos de dos ruedas propulsados por los pies eran corrientes en los primeros años de la segunda mitad del siglo XVII. En 1690, un francés, el conde Mede de Sivrac, inventó el celífero, que consistía en un bastidor de madera al que se añadían las ruedas. El vehículo no tenía manillar; su usaba asiento era una almohadilla que se colocaba sobre el bastidor, y se propulsaba y dirigía impulsando los pies contra el suelo. En 1816, un noble alemán diseñó el primer vehículo de dos ruedas con dispositivo de dirección. Esta máquina, denominada draisiana en honor a su inventor, tenía un manillar que pivotaba sobre el cuadro, permitiendo el giro de la rueda delantera. Después, inventores franceses, alemanes y británicos introdujeron mejoras. No obstante, la sabiduría criolla les atribuye a los santiagueños el invento de la bicicleta con la intención de “correr sentados”.
Como respuesta al incremento del cospel y de la tarifa de taxis, el grupo cultural “Anku” comenzó a juntar firmas para que la Municipalidad disponga la construcción de bicisendas y de estacionamientos especiales. Los integrantes del grupo le dijeron a nuestro diario que la bicicleta es el transporte más saludable y más ecológico para unir distancias de hasta 7 kilómetros.
Por cierto, esta loable iniciativa no es nueva. Hace diez años, un edil del radicalismo impulsó una iniciativa que quedó en proyecto. Se proponía entonces construir ciclovías en la avenida Roca (usando la platabanda central, desde avenida Alem hasta la salida a la Ruta 38); Adolfo de la Vega (por platabanda, desde Mate de Luna hasta avenida Roca); Jujuy, por calzadas laterales, desde avenida Independencia hasta la autopista; Bernabé Aráoz, desde Roca hasta 24 de Septiembre; en la circunvalación del parque 9 de Julio y en las avenidas Gobernador del Campo, Soldati y Benjamín Aráoz. Lamentablemente, la saludable iniciativa no se concretó.
Los integrantes de Anku destacaron que las bicicletas ocupan menos espacio que los vehículos a motor, y que, por otra parte, el ciclismo no produce contaminación atmosférica; es el medio de transporte más rápido y más barato y fundamentalmente, es una actividad física importante en tiempos en que organismos nacionales e internacionales de salud recomiendan combatir el sedentarismo y la obesidad, entre otros males.
Coincidimos con los miembros de Anku en las bondades de implementar el uso de la bicicleta en Tucumán como medio de transporte, así como también en que uno de los principales obstáculos para lograr el objetivo es la falta de educación vial de una buena parte de los ciudadanos y, en particular, de los ciclistas, que, en general, son los que menos respetan las normas del tránsito.
En otras ciudades del mundo, como Amsterdam, Frankfurt, Lyon, Toronto, Viena o Londres, este transporte es empleado masivamente porque se sustenta en una cuestión cultural. La iniciativa es desde todo punto vista positiva, pero para que cumpla con su cometido será necesario profundizar la educación vial en todos los niveles educativos y sociales, de modo que los tucumanos aprendamos en forma definitiva que el respeto por el prójimo es una de las principales herramientas para vivir en armonía.
Como respuesta al incremento del cospel y de la tarifa de taxis, el grupo cultural “Anku” comenzó a juntar firmas para que la Municipalidad disponga la construcción de bicisendas y de estacionamientos especiales. Los integrantes del grupo le dijeron a nuestro diario que la bicicleta es el transporte más saludable y más ecológico para unir distancias de hasta 7 kilómetros.
Por cierto, esta loable iniciativa no es nueva. Hace diez años, un edil del radicalismo impulsó una iniciativa que quedó en proyecto. Se proponía entonces construir ciclovías en la avenida Roca (usando la platabanda central, desde avenida Alem hasta la salida a la Ruta 38); Adolfo de la Vega (por platabanda, desde Mate de Luna hasta avenida Roca); Jujuy, por calzadas laterales, desde avenida Independencia hasta la autopista; Bernabé Aráoz, desde Roca hasta 24 de Septiembre; en la circunvalación del parque 9 de Julio y en las avenidas Gobernador del Campo, Soldati y Benjamín Aráoz. Lamentablemente, la saludable iniciativa no se concretó.
Los integrantes de Anku destacaron que las bicicletas ocupan menos espacio que los vehículos a motor, y que, por otra parte, el ciclismo no produce contaminación atmosférica; es el medio de transporte más rápido y más barato y fundamentalmente, es una actividad física importante en tiempos en que organismos nacionales e internacionales de salud recomiendan combatir el sedentarismo y la obesidad, entre otros males.
Coincidimos con los miembros de Anku en las bondades de implementar el uso de la bicicleta en Tucumán como medio de transporte, así como también en que uno de los principales obstáculos para lograr el objetivo es la falta de educación vial de una buena parte de los ciudadanos y, en particular, de los ciclistas, que, en general, son los que menos respetan las normas del tránsito.
En otras ciudades del mundo, como Amsterdam, Frankfurt, Lyon, Toronto, Viena o Londres, este transporte es empleado masivamente porque se sustenta en una cuestión cultural. La iniciativa es desde todo punto vista positiva, pero para que cumpla con su cometido será necesario profundizar la educación vial en todos los niveles educativos y sociales, de modo que los tucumanos aprendamos en forma definitiva que el respeto por el prójimo es una de las principales herramientas para vivir en armonía.







