23 Marzo 2008 Seguir en 
La anécdota pretende que, hace un par de semanas, el gobernador, José Alperovich, los citó en su residencia particular. También, que los tres funcionarios sabían de antemano el motivo de la convocatoria. Y que a solas y cara a cara, el mandatario provincial les reclamó que pusieran un punto final a las rencillas internas. Finalmente, que sólo ante la advertencia del líder, Edmundo Jiménez, Osvaldo Jaldo y Sergio Mansilla sellaron una vez más la unidad y prometieron evitar las discusiones internas.
Ninguno de los involucrados confirmó en público la versión, pero tampoco la desestimó. Sabido es que ya durante la previa de la elección general de agosto, en la que Alperovich fue reelecto, Mansilla y Jiménez protagonizaron un duelo novelesco: acoplados versus integrantes de la lista oficial del Frente para la Victoria. Al tiempo, hicieron las paces y hasta hubo una época en la que se mostraron juntos.
Alfonsín y Menem
En efecto, las internas políticas dentro de un esquema de Gobierno son recurrentes a lo largo de la historia y parecen no hacer distingos de identidades partidarias.
Los politólogos recuerdan que, con Raúl Alfonsín en la presidencia, la lucha por el poder se dio entre la Coordinadora, por un lado, y los radicales tradicionales, por el otro. Luego, con Carlos Saúl Menem, apareció la pelea entre los denominados celestes, entre los que figuraban el propio Eduardo Menem y Edgardo Bauzá; y los rojo-punzó, representados por Alberto Kohan y Julio César Aráoz. En el caso de la infructuosa Alianza que accedió al poder en 1999 con Fernando de la Rúa, se identificaban bandos bien definidos entre los referentes de la UCR, por un lado, y los del Frepaso, por el otro.
El kirchnerismo no es la excepción. La pelea entre los "pingüinos", liderados por el ministro de Planificación e Infraestructura Federal, Julio De Vido, y los referentes del peronismo porteño, que lidera el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Como todo juego de poder mantiene sus variables debajo del líder, esa interna se cobró la ya legendaria renuncia de Roberto Lavagna como ministro de Economía. Si en los cuatro años anteriores la pulseada se desarrolló entre los porteños K de Fernández y los pingüinos de De Vido, en el Gobierno de Cristina Kirchner las aguas se dividen sutilmente entre los funcionarios que se identifican con el estilo de la Presidenta y aquellos que mantienen el recio perfil de su marido, Néstor Kirchner. "Los cristinistas hablan inglés; los kirchneristas apenas hablan", suelen ironizar los politólogos porteños para referirse a las rencillas de palacio "K".
La pelea por estar
En el caso del alperovichismo, las disputas puertas adentro de Casa de Gobierno parecen ser feroces. El propio gobernador suele repetir que no tolera peleas de entrecasa. "Ese fue el gran problema de Néstor", es la frase preferida del mandatario para justificar su obsesión por mantener en línea a sus funcionarios. Precisamente, la lucha subterránea entre las segundas y terceras líneas del Gobierno se da por acceder a uno de los pocos lugares de privilegio. Allí, cuentan, radican los celos que muchos hombres del riñón alperovichista tienen sienten por la injerencia que el vicegobernador, Juan Manzur, alcanzó a los oídos del gobernador.
En los pasillos del Palacio Gubernamental murmuran que Alperovich exige compromiso absoluto a quienes lo rodean. Por ello, su personalidad avasallante suele incomodar y ahuyentar. En efecto, este criterio de acompañamiento impuesto por el titular del Poder Ejecutivo hace que, por debajo suyo, los nombres de quienes lo secundan varíen según el estado de ánimo y el grado de lealtad y fidelidad mostrado. Y Alperovich patentó un estilo: quien da un paso en falso no sufre el desamparo de la estructura oficial, pero sí siente el frío de la distancia con el ejercicio real del poder. Como en una Bolsa de valores, hay quienes se cotizan en alza y quienes se desploman en caída libre.
Si algo caracterizó a los más de 100 días que ya desandó la segunda gestión de gobierno del alperovichismo fueron las peleas intestinas. Y en una advertencia que realiza el analista Rosendo Fraga puede estar la clave para entender lo que sucede en el oficialismo. El politólogo advirtió, en una entrevista concedida al diario "Perfil", luego de estudiar las rencillas palaciegas más famosas, que estos enfrentamientos se agudizan cuando los gobiernos se desgastan y se complican. "Cuando están en el máximo de poder y consenso, los conflictos internos se administran, no estallan. Sí lo hacen cuando comienza la declinación, aunque también es cierto que ellos pueden acelerarla e incluso precipitarla", alerta Fraga.
Son quienes tienen a su cargo la férrea defensa de los intereses del gobernador en el recinto y por sus manos pasa el manejo de la relación con los cuatro legisladores opositores. En definitiva, este triunvirato suple el rol de conductor del Parlamento que la Constitución le asigna a Manzur. Incluso, los tres integraron la comitiva que acompañó a Alperovich a Buenos Aires esta última semana, a fin de destrabar fondos para la ejecución de proyectos de infraestructura.
Pero Jiménez también es señalado por la entente de Sisto Terán, Roque Alvarez y José Cúneo Vergés. El último episodio, cuentan, sucedió cuando desde la Cámara Penal pidieron a la Legislatura que se inicie un juicio político en contra del gobernador. "Pirincho" buscó minimizar la cuestión al hablar de un trámite procesal, pero el tema fue usufructuado y hasta potenciado políticamente desde la Cámara.
Ninguno de los involucrados confirmó en público la versión, pero tampoco la desestimó. Sabido es que ya durante la previa de la elección general de agosto, en la que Alperovich fue reelecto, Mansilla y Jiménez protagonizaron un duelo novelesco: acoplados versus integrantes de la lista oficial del Frente para la Victoria. Al tiempo, hicieron las paces y hasta hubo una época en la que se mostraron juntos.
Alfonsín y Menem
En efecto, las internas políticas dentro de un esquema de Gobierno son recurrentes a lo largo de la historia y parecen no hacer distingos de identidades partidarias.
Los politólogos recuerdan que, con Raúl Alfonsín en la presidencia, la lucha por el poder se dio entre la Coordinadora, por un lado, y los radicales tradicionales, por el otro. Luego, con Carlos Saúl Menem, apareció la pelea entre los denominados celestes, entre los que figuraban el propio Eduardo Menem y Edgardo Bauzá; y los rojo-punzó, representados por Alberto Kohan y Julio César Aráoz. En el caso de la infructuosa Alianza que accedió al poder en 1999 con Fernando de la Rúa, se identificaban bandos bien definidos entre los referentes de la UCR, por un lado, y los del Frepaso, por el otro.
El kirchnerismo no es la excepción. La pelea entre los "pingüinos", liderados por el ministro de Planificación e Infraestructura Federal, Julio De Vido, y los referentes del peronismo porteño, que lidera el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Como todo juego de poder mantiene sus variables debajo del líder, esa interna se cobró la ya legendaria renuncia de Roberto Lavagna como ministro de Economía. Si en los cuatro años anteriores la pulseada se desarrolló entre los porteños K de Fernández y los pingüinos de De Vido, en el Gobierno de Cristina Kirchner las aguas se dividen sutilmente entre los funcionarios que se identifican con el estilo de la Presidenta y aquellos que mantienen el recio perfil de su marido, Néstor Kirchner. "Los cristinistas hablan inglés; los kirchneristas apenas hablan", suelen ironizar los politólogos porteños para referirse a las rencillas de palacio "K".
La pelea por estar
En el caso del alperovichismo, las disputas puertas adentro de Casa de Gobierno parecen ser feroces. El propio gobernador suele repetir que no tolera peleas de entrecasa. "Ese fue el gran problema de Néstor", es la frase preferida del mandatario para justificar su obsesión por mantener en línea a sus funcionarios. Precisamente, la lucha subterránea entre las segundas y terceras líneas del Gobierno se da por acceder a uno de los pocos lugares de privilegio. Allí, cuentan, radican los celos que muchos hombres del riñón alperovichista tienen sienten por la injerencia que el vicegobernador, Juan Manzur, alcanzó a los oídos del gobernador.
En los pasillos del Palacio Gubernamental murmuran que Alperovich exige compromiso absoluto a quienes lo rodean. Por ello, su personalidad avasallante suele incomodar y ahuyentar. En efecto, este criterio de acompañamiento impuesto por el titular del Poder Ejecutivo hace que, por debajo suyo, los nombres de quienes lo secundan varíen según el estado de ánimo y el grado de lealtad y fidelidad mostrado. Y Alperovich patentó un estilo: quien da un paso en falso no sufre el desamparo de la estructura oficial, pero sí siente el frío de la distancia con el ejercicio real del poder. Como en una Bolsa de valores, hay quienes se cotizan en alza y quienes se desploman en caída libre.
Si algo caracterizó a los más de 100 días que ya desandó la segunda gestión de gobierno del alperovichismo fueron las peleas intestinas. Y en una advertencia que realiza el analista Rosendo Fraga puede estar la clave para entender lo que sucede en el oficialismo. El politólogo advirtió, en una entrevista concedida al diario "Perfil", luego de estudiar las rencillas palaciegas más famosas, que estos enfrentamientos se agudizan cuando los gobiernos se desgastan y se complican. "Cuando están en el máximo de poder y consenso, los conflictos internos se administran, no estallan. Sí lo hacen cuando comienza la declinación, aunque también es cierto que ellos pueden acelerarla e incluso precipitarla", alerta Fraga.
Un temido triunvirato
Cumplen un rol estratégico en la Legislatura. Como el vicegobernador Juan Manzur y el presidente Subrogante de la Cámara, Sergio Mansilla, están más preocupados por no perder espacios en la Casa de Gobierno, en avenida Sarmiento al 600 Sisto Terán, José Alberto Cúneo Vergés y Roque Alvarez conformaron una entente temida por algunos funcionarios del PE, sobre todo del área política.Son quienes tienen a su cargo la férrea defensa de los intereses del gobernador en el recinto y por sus manos pasa el manejo de la relación con los cuatro legisladores opositores. En definitiva, este triunvirato suple el rol de conductor del Parlamento que la Constitución le asigna a Manzur. Incluso, los tres integraron la comitiva que acompañó a Alperovich a Buenos Aires esta última semana, a fin de destrabar fondos para la ejecución de proyectos de infraestructura.
En la mira de la vieja guardia del justicialismo
El ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, trata de superar las diferencias con Sergio Mansilla, cuyo mayor pico de tensión tuvo lugar durante la elección de agosto. En sus oficinas se diseñó el régimen de acople, que dejó fuera de los espacios de poder a dirigentes del PJ. A la pelea se sumó el ministro Osvaldo Jaldo. Esta semana, Jiménez, Jaldo y Mansilla debieron limar sus asperezas frente al gobernador: prometieron solidaridad y un alto el fuego.Pero Jiménez también es señalado por la entente de Sisto Terán, Roque Alvarez y José Cúneo Vergés. El último episodio, cuentan, sucedió cuando desde la Cámara Penal pidieron a la Legislatura que se inicie un juicio político en contra del gobernador. "Pirincho" buscó minimizar la cuestión al hablar de un trámite procesal, pero el tema fue usufructuado y hasta potenciado políticamente desde la Cámara.
Jorge Gassenbauer
Durante la anterior gestion fue el secretario privado del gobernador, pero en esta nueva etapa Alperovich le encomendó la conducción de la Caja Popular de Ahorros. Sin embargo, sigue siendo el hombre que mayor tiempo junto al titular del PE pasa y hasta influye sobre el destino del millonario presupuesto de publicidad oficial.Osvaldo Jaldo
El ministro del interior se ganó un lugar de privilegio en el entorno de Alperovich después de un prolongado tiempo en el que primó la desconfianza del mandatario hacia su persona. Dejó la Caja y ahora, junto a Sergio Mansilla, es el responsable de la política territorial de poder del alperovichismo.Sergio Mansilla
el presidente subrogante de la legislatura hace las veces de escudero del gobernador en la Cámara. Es de los primeros alperovichistas y eso a legisladores y a funcionarios les genera recelos. Para no perder poder en el manejo territorial de intendentes y delegados rurales, acompaña a Jaldo en cuanta ocasión puede.Mauro Castagneri
del riñon alperovichista, el secretario de Prensa atraviesa hoy uno de los momentos de mayor distancia con el titular del Poder Ejecutivo. A tal punto que durante enero asediaron los rumores sobre su posible alejamiento del cargo. Su relación con Manzur es mala y perdió poder en el manejo de los fondos para publicidad.Domingo Amaya
si bien no fue nunca un hombre de consulta, el intendente de la capital supo ser una persona de absoluta confianza de Alperovich. Pero cada vez es más fría la relación entre ambos, al punto que Amaya busca hacer camino propio dentro del kirchnerismo, de la mano de los diputados Germán Alfaro y Stella Maris Córdoba. Jorge Jiménez
El ministro de economia tiene las acciones en baja desde el momento en que se trabó la discusión salarial del Gobierno con el sector docente. Si bien maneja las finanzas, por su área dejó de pasar el debate acerca del aumento de sueldos a los estatales, una misión ahora encomendada al titular de la cartera de Gobierno.







