23 Febrero 2008 Seguir en 
BELGRADO.- Estados Unidos, España y otros países de la Unión Europea condenaron los ataques del jueves contra la Embajada estadounidenses y otras legaciones diplomáticas en la capital serbia, que el gobierno de Belgrado minimizó al calificarlos de hechos aislados. El presidente serbio, Boris Tadic, elogió en cambio la participación de los jóvenes en la masiva protesta pacífica contra la declaración de independencia de la provincia serbia de Kosovo, que fue antesala de los desbordes que causaron la muerte de una persona y heridas a otras 150. De todos modos, Tadic mostró su disgusto por la oleada de violencia contra sedes diplomáticas y locales comerciales y bancarios extranjeros. “No hay justificación para este tipo de violencia”, afirmó.
Falta lo peor
Se trata del más reciente incidente de violencia en Serbia desde que Kosovo, su provincia separatista de mayoría albanesa, se declaró república independiente hace una semana, con el respaldo de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Francia e Italia. Al día siguiente, activistas nacionalistas incendiaron puestos de frontera y vehículos de la ONU, en incidentes que obligaron a las fuerzas de la OTAN enviadas a la zona a clausurar los pasos fronterizos. Según observadores de la crisis en los Balcanes, la situación está lejos de quedar zanjada y todavía no se produjo lo peor. Rusia, firme defensor de Serbia en esta coyuntura, lamentó los episodios de violencia ocurridos en Belgrado, pero responzabilizó a los países que reconocieron unilateralmente la independencia de Kosovo. El presidente ruso, Vladimir Putin, insistió en que la independencia de Kosovo terminará golpeando en la cara a los occidentales. “El precedente de Kosovo es terrible; de hecho destruirá todo el sistema de relaciones internacionales desarrollado no durante décadas, sino siglos”, dijo. Asimismo, Moscú amenazó con utilizar la fuerza militar si la OTAN o la Unión Europea presionan en la ONU para sumar nuevos apoyos en torno de Kosovo.
Temor latente
Rusia teme que se desate una oleada de reclamos de independencia en regiones autónomas de la ex Unión Soviética. Por su parte, la Argentina ha declarado que no apoya la secesión de Kosovo, en virtud de que tal situación viola el principio de integridad territorial, uno de los argumentos que esgrime en su disputa con Gran Bretaña por la soberanía de las Malvinas. (Reuter-AFP-NA)
Falta lo peor
Se trata del más reciente incidente de violencia en Serbia desde que Kosovo, su provincia separatista de mayoría albanesa, se declaró república independiente hace una semana, con el respaldo de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Francia e Italia. Al día siguiente, activistas nacionalistas incendiaron puestos de frontera y vehículos de la ONU, en incidentes que obligaron a las fuerzas de la OTAN enviadas a la zona a clausurar los pasos fronterizos. Según observadores de la crisis en los Balcanes, la situación está lejos de quedar zanjada y todavía no se produjo lo peor. Rusia, firme defensor de Serbia en esta coyuntura, lamentó los episodios de violencia ocurridos en Belgrado, pero responzabilizó a los países que reconocieron unilateralmente la independencia de Kosovo. El presidente ruso, Vladimir Putin, insistió en que la independencia de Kosovo terminará golpeando en la cara a los occidentales. “El precedente de Kosovo es terrible; de hecho destruirá todo el sistema de relaciones internacionales desarrollado no durante décadas, sino siglos”, dijo. Asimismo, Moscú amenazó con utilizar la fuerza militar si la OTAN o la Unión Europea presionan en la ONU para sumar nuevos apoyos en torno de Kosovo.
Temor latente
Rusia teme que se desate una oleada de reclamos de independencia en regiones autónomas de la ex Unión Soviética. Por su parte, la Argentina ha declarado que no apoya la secesión de Kosovo, en virtud de que tal situación viola el principio de integridad territorial, uno de los argumentos que esgrime en su disputa con Gran Bretaña por la soberanía de las Malvinas. (Reuter-AFP-NA)
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